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De las axilas velludas al avión invisible: una guerra superficial

05/04/2017 7:32 AM CDT | Actualizado 05/04/2017 10:53 AM CDT
Andrew Kelly / Reuters
"La Mujer Maravilla es una reivindicación de la figura de la mujer en un mundo tan machista como el de cómic".

Hace unos días, alguien me preguntó si no tenía nada que decir sobre el hecho que la Mujer Maravilla cinematográfica  — interpretada por la actriz Gal Gadot —  tuviera las axilas depiladas. Que cuál era mi opinión sobre la insistencia de vender la imagen de la mujer ideal a través de una heroína lampiña y de cuerpo perfecto que saltaba los aires espada en mano. Si el feminismo no debía protestar por todas las veces que la superhéroe levanta los brazos para mostrar que en el universo de los íconos ficticios, sus desnudas axilas tienen un simbolismo complejo y preocupante. No supe qué responder. La verdad, nunca sé que responder a debates semejantes.

 — Se trata del hecho que toda mujer tenga opciones  — expliqué —  que si deseas llevar las axilas velludas o no, lo hagas sin temer alguien pueda juzgarte por ese motivo. No hay nada "bueno o malo" sino brindarle a cualquiera la posibilidad lo que desea.

 — ¿No te parece que es otra forma de insistir en la imagen de la mujer perfecta? ¿Otra forma de opresión — insistió —  ¿algo que te debería disgustar?

Toda obra de ficción es una idealización de la realidad.

(VIDEO: Así viajaba la Mujer Maravilla)

Me lo pregunté en voz baja y con toda seriedad. ¿Por qué me molestaba tan poco que un personaje icónico del mundo del cómic  — quizás el único que representaba el tipo de mujer poderosa y fuerte con el que me identificaba —  llegara a las pantallas de cine mundiales con un aspecto idealizado y prolijo? ¿No debería sentirme ofendida por el hecho que se desconociera su origen como amazona y que la bella figura de la actriz Gal Gadot no representara del todo lo que la Mujer Maravilla podía ser? ¿Se trataba de simple hipocresía que reclamara la manera como la cultura exige un tipo de belleza pulcra y a la vez, ignorar un hecho tan claro como la forma como se muestra una figura femenina simbólica?

La verdad, la crítica hacia la presión estética que toda mujer sufre no se resume en algo tan simple como levantar el puño por el aspecto físico de un personaje pop. Se trata de un análisis mucho más complejo, que toca la raíz misma de nuestros prejuicios y sobre todo, la manera como analizamos la figura de la mujer en nuestra época. Porque más allá del debate sobre la liberación de la figura femenina  — y lo necesario que resulta visibilizar sus puntos más duros —  lo verdaderamente importante en todo esto es algo simple: la libertad de la mujer para escoger.

La diatriba pública sobre lo que una mujer puede hacer  — o lo que no —  debe ser algo más que una forma de juicio que señale o limite su comportamiento. O lo que es lo mismo, una celebración a su derecho de escoger una opción legítima por razones particulares.

Toda obra de ficción es una idealización de la realidad. Ningún personaje  — cual sea el ámbito artístico al que pertenezca —  es otra cosa que una especulación sobre lo que intenta representar. Por ese motivo, los personajes de Games Of Thrones tienen dientes perfectos  — aunque deberían exhibir horrendas dentaduras de acuerdo a su época —  o Brad Pitt fue un Aquiles de cuidada cabellera en la película Troya ( Wolfgang Petersen — 2004) por nombrar algunos ejemplos banales.

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La autenticidad de un personaje tiene una estrecha relación con su contexto y también la intención de su autor. Y Wonder Woman, con toda su carga simbólica, también lo es. No solo se trata de la encarnación de todo tipo de ideales femeninos, sino también una reivindicación de la figura de la mujer en un mundo tan machista como el de cómic. Aún así, nunca parece ser suficiente para la mirada quisquillosa del público.

Claro está y por extraño que parezca, el personaje creado por William Moulton Marston y H. G. Peter se ha enfrentado durante los últimos meses a una rarísima batalla por la validez de su existencia y el mensaje que transmite. El 15 de diciembre del 2016 el personaje dejó de ser embajadora honorífica de la ONU por los derechos de la mujer, luego de durar apenas un par de meses como símbolo de la lucha por los derechos femeninos alrededor del mundo. ¿El motivo? Las 55 mil firmas que insistían en que la imagen de Wonder Woman era "excesivamente sexualizada" para llevar a cabo un objetivo tan "serio". De nuevo, La Mujer Maravilla se encontraba en medio de una serie de prejuicios mucho más complejos de lo que su mera existencia puede sostener.

Porque de hecho, ese es el verdadero problema en todo este asunto: resulta desconcertante que de pronto un personaje de cómic simbolice una ambigua batalla por la identidad femenina. La respuesta es obvia, no se trata de otra cosa que una lamentable simplificación de un debate complejo. Insistir que un personaje ficticio  — creado bajo ciertos parámetros y que responde a expectativas específicas —  puede encarnar un tipo de discusión intelectual como la que se la achaca a la Mujer Maravilla es cuando menos, un contrasentido. No solo resulta un campo de batalla incompleto sino que simplifica el verdadero argumento de la desigualdad que la mayoría de las mujeres de la cultura occidental deben sufrir. Una mirada superficial hacia un tema mucho más profundo que por supuesto, el aspecto impecable  — y lampiño —  de la superheroína de Themyscira pueda tener.

Mujeres Maravilla por el mundo

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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