EL BLOG

Quiero que traten a las personas indígenas como tratan a cualquiera

04/12/2017 7:00 AM CST | Actualizado 04/12/2017 10:22 AM CST

Abigail Castellanos

Soy originaria de la comunidad de San Juan Tabaá, Villa Alta, en la región de la sierra norte de Oaxaca. Viví ahí toda mi niñez y parte de mi adolescencia. Soy hablante de la lengua zapoteca y ahora soy defensora de los derechos de los pueblos indígenas.

A los 14 años emigré a la ciudad de Oaxaca para estudiar el nivel básico y el bachillerato, ahí viví con unos familiares. Luego me vine a estudiar un año a la Ciudad de México, donde trabajé como empleada del hogar.

Regresé a la ciudad de Oaxaca e ingresé al Centro Profesional Indígena de Asesoría, Defensa y Traducción A.C, donde trabajo actualmente. Yo me enfoco en Desarrollo Comunitario, pero la organización trabaja el tema de intérpretes y traductores indígenas para el acceso a la justicia.

Con el tiempo me di cuenta que las mayores violaciones a derechos humanos que vivía mi comunidad sucedían fuera de ella, por ejemplo la discriminación por hablar una lengua indígena o por tu apariencia. Ahora soy politóloga y desde mi ámbito he logrado defender y apoyar a personas de comunidades indígenas, especialmente de la mía. Yo acompaño a la gente que solicita servicios para que sea atendida igual que las personas no indígenas.

Al vivir con mis tíos, la mayoría maestros, aprendí a cuestionar al Estado, la corrupción, por qué se violan derechos humanos, por qué desaparecen personas.

Una vez acompañé a la familia de una mujer de mi comunidad. La llevaron a un hospital de alta especialidad en Oaxaca pero no la atendieron, no dieron información exacta, y dilataron la documentación. La familia no hablaba bien español, yo serví de intérprete para hablar con el personal. Esto ayuda a que las instituciones sepan que las personas no están solas y que hay quienes pueden apoyarles. La señora falleció. Los familiares no sabían cómo; el personal médico no les dijo nada y les cobraron mucho. Yo apoyé a acelerar el proceso del seguro de la señora, a reducir los gastos, buscar un féretro y hacer el traslado a la comunidad.

Así es como ayudo a las comunidades: utilizo los instrumentos que tengo, mi formación -poco o mucho de lo que sé- y los pongo en sus manos. También hablo con el personal para sensibilizarlo. Quiero que traten a las personas indígenas como tratan a cualquiera.

Esta labor trae satisfacciones para mí y mi familia. En este caso, la familia de la señora fue a mi casa y llevó cosas. También llevaron sus toros para arar nuestra tierra. Mis padres están orgullosos porque ven que con la formación que me han dado estoy apoyando a otras personas.

Ahí me doy cuenta que realmente no se tiene que estar en un gran trabajo donde ganes mucho dinero, sino que lo importante es que hagas algo por tu comunidad.

Mi familia y yo estamos conscientes de que esta labor implica riesgos, pero al vivir con mis tíos, la mayoría maestros, aprendí a cuestionar al Estado, la corrupción, por qué se violan derechos humanos, por qué desaparecen personas. Con el tiempo me sumé a las protestas sociales, incluso participé en el movimiento magisterial del 19 de junio en Nochixtlán, Oaxaca.

Fui con un grupo de médicos para apoyar a las personas que habían sido atacadas. Como mujer fue más difícil porque cuando entró la policía a desalojar yo sabía que podía pasar cualquier cosa en ese momento, que me podían llevar. Los riesgos más grandes a los que me enfrento son los de vivir en una ciudad donde hay altos niveles de feminicidio.

La defensa de los derechos humanos no es una tarea individual, sino colectiva porque esta es una lucha que reúne los esfuerzos de todos para hacer algo más por el país, por nuestros estados y por nosotros mismos.

A veces con tan solo salir tarde de la oficina y tomar un taxi o colectivo expones tu vida. Mi mamá me dice: 'nos preocupa, te van a identificar, y nosotros sabemos, hemos visto cómo desaparecen a las personas'. Mi familia tiene razón, pero son más fuertes las ganas que tengo de apoyar a otros.

En la radio y la televisión dicen que somos un grupo de choque, que nunca hacemos las cosas bien, que siempre estamos en contra del gobierno. La pregunta que yo les hago es ¿cómo no voy a defender si estoy viendo que están violando derechos, si las personas a las que atacan también defienden otros derechos? Así es como crece en mí la necesidad de seguir buscando la justicia aunque parezca tan difícil y lejana.

En este momento en Oaxaca está muy fuerte la explotación de la tierra, el territorio y los bienes naturales para los parques eólicos o la minería. Por ejemplo, mi comunidad es hermosa por todos los recursos que tiene, principalmente el agua, pero las empresas ya están a la mira de todo.

Tuve que preguntarme ¿cómo sigo aprendiendo para defender mi territorio y denunciar todas las violaciones a derechos humanos que ahora se viven? Por eso entré a la Escuela de Justicia Transnacional de ProDESC (un proyecto que inició en 2017 con el apoyo de la Fundación Bertha para contribuir a la formación de defensoras y defensores comunitarios en México)

En la Escuela de Justicia no solo he aprendido de la parte metodológica y teórica, sino principalmente de las experiencias de las y los otros compañeros. Es una escuela a la que vienen personas de varios lugares, del norte al sur y del centro del país, y cada uno ha generado estrategias para defender diferentes derechos.

Ahí aprendí la importancia de retomar estrategias de otros, reformularlas, reforzarlas desde la experiencia de cada uno y enfocar ese aprendizaje en seguir apoyando a mi región, a los pueblos, y a la organización a la que pertenezco.

Creo que la Escuela de Justicia es una oportunidad para aprender lo que se vive en otros contextos del país, y entender –seas abogada o no- que la defensa de los derechos humanos no es una tarea individual, sino colectiva porque esta es una lucha que reúne los esfuerzos de todos para hacer algo más por el país, por nuestros estados y por nosotros mismos.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.