INTERNACIONAL
09/01/2018 10:12 AM CST | Actualizado 09/01/2018 11:38 AM CST

El estado sobre la salud mental de Trump sigue más abierto que nunca

El libro del periodista Michael Wolff podría provocar que los estadounidenses dejen de negar la realidad.

Kevin Lamarque/Reuters

El presidente estadounidense, Donald Trump, hoy está igual de desnudo (metafóricamente hablando) como lo estaba cuando bajó de su escalera mecánica hace dos años.

Sin embargo, le llevó tiempo demostrar al periodista Michael Wolff, autor del libro "Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump", lo que muchos miembros del equipo de campaña de Trump, asistentes de la Casa Blanca, legisladores, periodistas y otros que han tratado con el expresentador de televisión han reconocido en privado desde el primer día: Hay algo mal con este hombre.

Así como todos los adultos en el reino ficticio del escritor Hans Christian Andersen, autor del cuento "El traje nuevo del emperador", solo admitieron lo obvio una vez que un niño pequeño señaló que el emperador no tenía ropa, ahora la conversación nacional se ha basado en la idea de que el presidente puede no ser mentalmente apto para servir en el trabajo

"¿En serio? Lo hemos estado relatando durante dos años. No es sorprendente. Nada de eso es sorprendente ", dijo Rick Tyler, quien trabajó en la campaña presidencial republicana del Senador de Texas, Ted Cruz, en 2016. "El libro (de Michael Wolff) confirma lo que todos han estado pensando".

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El libro de Wolff retrata un jefe del Ejecutivo delirante, ignorante e impulsivo, que quizá ha estado sufriendo de una pérdida de sus habilidades cognitivas, una descripción que ha llevado al discurso público lo que anteriormente estaba fuera de los límites. El mismo Trump pareció legitimar la pregunta sobre su estado mental al declararse "un genio estable" el fin de semana.

El presentador de MSNBC, Joe Scarborough, dijo que una fuente de la Casa Blanca le había dicho que Trump exhibe las primeras etapas de la demencia. Noticias desde la cadena británica BBC hasta el medio USA Today han discutido la estabilidad mental de Trump. La semana pasada, en las horas que siguieron a las primeras revelaciones del libro de Wolff, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, fue cuestionada sobre la salud mental de Trump, después de que el presidente declarara que su botón nuclear era más grande que el del dictador de Corea del Norte, Kim Jong Un. Curiosamente, Sanders no defendió a Trump, sino que dijo que la gente debiera estar preocupada por la salud mental de Kim.

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"Porque el combustible acumulándose en el bosque no es un incendio", dijo Jay Rosen, profesor de periodismo de la Universidad de Nueva York, quien ha criticado a los reporteros que parecen negociar el acceso a la Casa Blanca a cambio de una cobertura menos crítica.

De hecho, los tipos de comportamiento que se citan para cuestionar la salud mental de Trump no son nada nuevos y fueron evidentes desde el comienzo de su carrera presidencial. El anuncio de la campaña de Trump el 16 de junio de 2015 fue una mezcolanza, apenas coherente, de mentiras y alardes. El único pronunciamiento real de política fue su llamado a construir un muro a lo largo de la frontera sur de los Estados Unidos, que México de alguna manera estaría obligado a pagar.

"Lo estábamos viendo en las tres redes y nos estábamos muriendo de risa", dijo Tyler.

Días después, en su primera parada en New Hampshire durante la campaña, Trump pasó la mayor parte del tiempo leyendo en voz alta su posición en varias encuestas e insultando a sus oponentes y a algunos periodistas.

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Los ataques beligerantes, con frases confusas y una clara ignorancia de la política, continuaron en los debates, quizá lo más notable cuando el límite de su conocimiento sobre las armas nucleares fue ilustrada por sus comentarios acerca de que el "poder" y la "devastación" eran "muy importantes para mí", o cuando no pudo detallar su plan de cobertura de salud más allá de decir que eliminaría "las líneas divisorias de los estados".

Aunque el comportamiento de Trump y las posibles patologías detrás, escaparon del escrutinio generalizado en gran parte de la campaña y durante casi todo el primer año en la presidencia, por una variedad de razones.

En los meses anteriores a que los votos fueran depositados, los otros candidatos del Partido Republicano (GOP, por sus siglas en inglés) y la mayoría de los analistas asumieron que el apoyo de Trump colapsaría mientras más votantes prestaran mayor atención. Con la excepción del exgobernador de Florida, Jeb Bush, quien constantemente llamó a Trump mal preparado para el puesto, los otros candidatos vieron sólo desventajas en atacar a Donald Trump y en hacer enojar a los fans de su reality show.

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Sólo hasta que Trump pareció tener serias posibilidades de ganar la candidatura republicana, los otros candidatos de su partido comenzaron a cuestionar su estabilidad mental, que para ese tiempo parecían tácticas desesperadas. Después de que Donald Trump aseguró su nominación, la mayoría de los republicanos se alinearon para apoyarlo, esperando de alguna manera que serían mantenidos en el Senado en lo que ellos creían que sería una derrota arrolladora en la elección de noviembre de 2016. Mientras ellos cuestionaban en privado el comportamiento de Trump, ellos se rehusaron a especular en público su salud mental para servir.

Sólo un grupo de republicanos y algunos demócratas de la corriente "Nunca Trump" cuestionaron abiertamente la lucidez de Trump, mientras que el entonces presidente Barack Obama y la nominada demócrata Hillary Clinton se conformaron con eufemismos como "temperamentalmente no apto".

El tabú social de llamar a la gente loca funcionó para Trump incluso más después de que consiguió la victoria. De hecho, la victoria en la elección pareció validar la teoría de que el éxito de Trump probó que él sólo estaba pretendiendo estar transtornado, cuando en realidad tenía una gran estrategia. Bajo esta teoría, los aparentes locos tuits iban en una línea de distracción, diseñada para quitar la guardia a sus oponentes.

"Tengo amigos y conocidos que dicen que él está jugando ajedrez en cinco dimensiones", dijo Tyler. "Y yo yo digo: él no está jugando ajedrez. "Él ni siquiera está jugando Damas".

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Ahora que la pregunta sobre el estado de la salud de Trump está abierta, queda por verse si hay algo que cambiará. A pesar de que en 2016 prometió que sería "aburrido" y "presidencial", Trump no ha mostrado ninguna inclinación de alterar su comportamiento. De hecho, su agenda de trabajo cada vez más relajada le da incluso más tiempo para ver programas de noticias de televisión por cable que lo irritan y generan sus descargas en cadenas de tuits.

El único mecanismo para removerlo de la oficina sobre su estabilidad mental es la Enmienda 25, que requiere que el vicepresidente Mike Pence y una mayoría del Congreso estén de acuerdo en que el presidente es incapaz de realizar las tareas de su trabajo.

En un nuevo artículo académico sobre la firma retórica de Trump, la coautora Kathleen Hall Jamieson, directora del Centro de Política Pública de Annenberg de la Universidad de Pensilvania, tiene muchas dudas sobre que la remoción de Trump sea posible. "

"La probabilidad de que los que fueron seleccionados personalmente por el presidente invoquen esta enmienda es, por supuesto, muy pequeña y la carga probatoria para justificar tal acción es desalentadora ", escribió Hall Jamieson.

Este artículo se publicó originalmente en la edición estadounidense, HuffPost US.