VOCES
09/01/2018 6:00 AM CST | Actualizado 09/01/2018 9:25 AM CST

De veras, de veras: ¿qué tan tonto es Trump?

AFP PHOTO / NICHOLAS KAMM

A lo largo de casi un año he venido escuchando que para personas de los círculos internos del oficialismo en Washington —desde cabilderos del Partido Republicano, expertos en el partido y hasta legisladores republicanos—, Donald Trump es extremadamente estúpido.

Yo pensaba que estaban equivocados puesto que la gente muy estúpida no llega a ser presidente de los Estados Unidos. Hasta George W. Bush fue lo suficientemente listo para contratar a gente inteligente para manejar su campaña y luego la Casa Blanca.

Hace unos meses, cuando el secretario de Estado Rex Tillerson llamó a Trump un "estúpido de m...da", mejor ni hice caso. Sé de primera mano lo frustrante que es servir en el gabinete de un presidente y he escuchado a miembros de gabinete de otros mandatarios describir a sus jefes en los mismos términos.

Y justo ahora se publica Fuego y furia, el libro del periodista Michael Wolff, quien entrevistó a más de 200 personas que trataron a Trump como candidato y como presidente, incluyendo a varios miembros de alto nivel de la Casa Blanca.

Yo pensaba que estaban equivocados puesto que la gente muy estúpida no llega a ser presidente de los Estados Unidos.

En el libro, el consejero de Seguridad Nacional H.R. McMaster llama a Trump un "asno". El secretario del Tesoro Steve Mnuchin y el ex jefe de Gabinete Reince Priebus se refieren a Trump como un "idiota". Por su parte, Rupert Murdoch llama al presidente "idiota de m...da".

El jefe de asesores económicos Gary Cohn llamó a Trump "pendejo de m...da", y afirmó "Trump no lee nada, ni memos de una página ni los resúmenes de políticas públicas, nada. Se levanta a media reunión con líderes mundiales porque todo le aburre".

Cuando uno de los asesores de su campaña intentó ilustrarlo sobre la Constitución, Trump no podía mantener su concentración. "Apenas llegué a la Cuarta Enmienda", dijo el asesor, "entonces comenzó a juguetear con su dedo en su labio y sus ojos se ponían en blanco".

Es obvio que Trump no se considera un estúpido. Como él mismo recordó (texto en inglés): "Fui a una universidad de élite (de las Ivy League), y me fue muy bien. Soy una persona muy inteligente".

Pero Trump no fue exactamente un genio académico. Uno de sus profesores en la Escuela de Negocios y Finanzas de Wharton, en Pensilvania, dijo al respecto que Trump había sido "con mucho el maldito estudiante más burro que jamás tuve".

Gwenda Bair, una biógrafa de Trump, escribió en 2001 (texto en inglés) que cuando a él lo admitieron en Wharton como un favor especial por parte de un ejecutivo del área de admisiones "amigable" quien había conocido al hermano mayor de Trump.

Con todo... cuidado... Sería un peligro subestimar a este hombre.

Uno de sus profesores en la Escuela de Negocios y Finanzas de Wharton, en Pensilvania, dijo al respecto que Trump había sido "con mucho el maldito estudiante más burro que jamás tuve".

Inclusive si Trump no lee, o no puede poner atención a un argumento lógico y tiene la capacidad de enfoque de una mosca de la fruta, no quiere decir que sea un estúpido.

Ahora, cabe destacar que hay otra forma de inteligencia conocida como "inteligencia emocional".

Se trata de un término que acuñaron dos psicólogos: John Mayer, de la Universidad de New Hampshire, y Peter Salovey, de Yale, y que fue popularizado por Dan Goleman en su libro del mismo nombre publicado en 1996.

Mayer y Salovey definen la inteligencia emocional como la habilidad de hacer dos cosas: "comprender y manejar nuestras propias emociones" y "reconocer y tener influencia sobre las emociones de los demás".

Es evidente que Trump no ha demostrado mucha capacidad para el primer tipo. Su piel es muy delgada, es narcisista y vengativo.

Como muchos expertos en la política exterior del Partido Republicano refieren, "Trump es incapaz o no está dispuesto a separar lo cierto de lo falso. No fomenta las posturas que le lleven la contra. Carece de autocontrol y actúa de manera impetuosa. No es capaz de tolerar la crítica".

De acuerdo. Pero, ¿qué hay sobre el segundo aspecto de la inteligencia emocional de Mayer y Salovey, ese de influenciar las emociones de los demás?

Es ahí cuando Trump brilla. Él sabe cómo manipular a los demás. Tiene una asombrosa capacidad de descubrir sus debilidades emocionales, sus temores, ansiedades, prejuicios y más oscuros deseos y utilizarlos para su propia conveniencia.

Poniéndolo de otro modo, Trump tiene un talento extraordinario para entrampar.

Él siempre ha sido un estafador. Estafó a cientos de jóvenes y a sus padres para pagar por asistir a su depreciada Trump University. Estafó a bancos que le prestaron dinero incluso después de que no pudo pagarles otros créditos. Estafó a contratistas que trabajaron para él y luego los dejó plantados con el pago.

Y, en conclusión, en realidad él no ha sido siempre un gran estafador. De haberlo sido, sus estafas pudieron haberle funcionado.

Según sus propias cuentas, en 1976, al inicio de su carrera, él ya tenía unos 200 millones de dólares, la mayor parte heredados de su padre. Ahora, afirma que su fortuna es de casi 8 mil mdd. Si él simplemente hubiera puesto sus 200 millones de dólares originales en un fondo de inversión y reinvertido los intereses, ahora tendría 12 mil mdd.

Sin embargo, sí ha sido un gran estafador político. Él engañó a 62,979,879 millones de estadounidenses para que votaran por él en noviembre de 2016, llevándolos a creer sus mentiras sobre los mexicanos, los musulmanes, los afroamericanos, Barack Obama, Hillary Clinton y todas las "maravillosas", "hermosas", cosas que haría por todos los que lo apoyaron.

Y, a la fecha, sigue engañando a la mayoría de ellos.

La estafa política es la genialidad de Trump. Es este ingenio, combinado con alguna estupidez interna en cualquier otra dimensión de su persona, la que presenta el mayor peligro para EU y el mundo.

* Este texto se publicó originalente en inglés en RobertReich.org, luego fue retomado por HuffPost Estados Unidos y posteriormente se tradujo.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.