INTERNACIONAL
18/12/2017 12:08 PM CST | Actualizado 18/12/2017 8:43 PM CST

Así fue cómo la extrema derecha cobró fuerza en Europa en 2017

Los partidos de extrema derecha lograron resultados históricos este año, aunque no lograron ninguna victoria nacional. 

Agencja Gazeta / Reuters

La extrema derecha gana terreno en Europa desde los años 2000. Pero en 2017 varias elecciones clave confirmaron la tendencia en Francia, Alemania, Austria y Holanda. El éxito de los partidos populistas, euroescépticos y antiinmigración acelera la recomposición del panorama político, pero genera también fricciones dentro de esas formaciones.

Los partidos de extrema derecha lograron resultados históricos este año, aunque no lograron ninguna victoria nacional.

Tal es el caso del Partido de la Libertad (PVV) de Geert Wilders, que se convirtió en marzo en la segunda fuerza del Parlamento holandés por detrás de los liberales, con 20 escaños de un total de 150.

En Francia, la presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen, alcanzó la segunda vuelta de las presidenciales de mayo.

Y en Alemania, Alternativa para Alemania (AfD) logró un éxito sin precedentes al entrar en la Cámara Baja con el 12.6% de los votos, cuando apenas había obtenido el 4.7% de los sufragios cuatro años antes.

El FPÖ austriaco, decano de los partidos de extrema derecha de la posguerra, obtuvo un resultado cercano a su récord en las legislativas de octubre, con el 26% de los votos, y gobernará en coalición con los conservadores.

En Italia y en Suecia, que celebrarán comicios legislativos en 2018, la extrema derecha también podría lograr buenos resultados.

El papel de la inmigración

La AfD y el Partido de la Libertad (FPÖ) de Austria lograron sus buenos resultados en dos de los países europeos que más migrantes acogieron desde 2015, alimentando el debate sobre el precio de las ayudas y la capacidad de integración de los refugiados.

La presencia de inmigrantes no es lo único que determina los resultados de la extrema derecha, que también saca provecho del descontento respecto a los partidos tradicionales y las élites políticas, económicas y culturales.

Los demás partidos, especialmente los conservadores, se ven obligados a adaptar su estrategia y no saben si rechazar, copiar o cooperar con las formaciones ultraderechistas.

La decisión del joven conservador austriaco Sebastian Kurz, de 31 años, de competir contra el FPÖ en temas como la inmigración, el lugar del islam en la sociedad y la seguridad llevó lógicamente a ambos partidos a sellar un acuerdo de coalición.

"Kurz ha ido muy lejos en su acercamiento ideológico con el FPÖ, una estrategia que puede funcionar a condición de que no liquide totalmente la identidad de su partido", advirtió el politólogo austriaco Thomas Hofer.

En Bulgaria, el partido de centroderecha del primer ministro Boiko Borisov gobierna desde marzo con una coalición de partidos nacionalistas.

En Hungría, la postura cada vez más xenófoba del conservador Viktor Orban permite al partido extremista Jobbik, que moderó su discurso, presentarse ahora como la principal alternativa al dirigente.

En Francia, los partidos tradicionales descartan alianzas con la extrema derecha, al igual que en Alemania y Holanda. Pero la derecha francesa acaba de elegir a un líder cuadragenario, Laurent Wauquiez, acusado de centrarse en los mismos temas que el Frente Nacional.

Para Cas Mudde, los partidos tradicionales que intenten imitar a la extrema derechasólo lograrán "éxitos a corto plazo" porque subestiman el sentimiento antisistema de ese electorado.

Con información de AFP.