ENTRETENIMIENTO

Cuando creas que no puedes con el rechazo, lee esto...

Y cuando estés seguro de tu talento, sigue intentándolo hasta lograrlo.

06/12/2017 2:47 PM CST | Actualizado 06/12/2017 2:50 PM CST
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Ah, la poesía.

La poesía ha sido la cómplice de muchos amantes. Ha acompañado penas. Ha iluminado a algunos poetas, y a otros los ha mandado directamente a comer polvo.

Eso fue lo que le pasó, en principio, al "estimado señor" F. C. Meyers a quien iba dirigida una bestial carta, fechada el 10 de abril de 1928.

Corría la segunda década del siglo XX cuando Meyers decidió que era hora de hacer públicos sus versos, su arte. Envió su poesía a unos editores de Sidney (Australia), llamados Angus y Robertson Ltd, quienes, con toda la sinceridad que hay en la frase "simplemente horroroso" le reclamaron que les hubiera hecho leer aquel material.

Fue tanto el desprecio ante la obra de Meyers que le aclararon que tampoco lo ayudarían a buscar otras editoriales.

Estimado señor
No, no ha de mandarnos sus versos, y no le daremos los nombres de otros editores. No odiamos lo suficiente a nuestros rivales como para que ellos los sufran. Ese espécimen de poema es simplemente horroroso. De hecho, nunca vimos nada peor.
Suyos, atentamente
Angus & Robertoson Ltd.

La carta fue publicada por la cuenta de Twitter Letters of Note, que tiene más de 530 mil seguidores. La cuenta tiene el objetivo de dar a conocer cartas manuscritas.

"Todas las demás cartas de rechazo pueden dar un paso atrás. Tenemos un ganador", afirmaron en el tuit en que la dieron a conocer. La publicación ha logrado más de 12 mil retuits y cerca de 40 mil Me gusta.

Sin embargo, aquellas palabras que pudieron haber hecho llorar a cualquiera, no detuvieron a Meyers. El hombre logró publicar un libro, Joyas de las montañas y las cumbres nevadas de Nueva Zelanda.

Bien dicen que "caerse está permitido, levantarse es obligatorio!".

Cabe mencionar que Angus & Robertson, quienes han vendido libros desde 1836, aún sobreviven.

De la obra de Meyers, hay una copia en la Biblioteca Nacional Australiana.

Este artículo se publicó originalmente en The HuffPost España.