MÉXICO

La historia de la madre que pretendía llevar a sepultar a su hijo al Edomex

Ella solo quería que alguien atendiera a Miguel Ángel.

05/12/2017 11:18 AM CST | Actualizado 05/12/2017 3:38 PM CST
Twitter.com/c4jimenez

Dos fotos de una señora con un bebé muerto en brazos fueron tuiteadas el pasado domingo 3 de diciembre por el periodista Carlos Jiménez. La señora pretendía llevar a su hijo de 3 años (según el comunicado de la PGJ CDMX) al Edomex para sepultarlo, de acuerdo con la publicación. Aquí puedes ver el tuit.

Las fotos son desgarradoras y nos recuerdan, una vez más, la desigualdad que hay en el país: Mientras a unos les sobra el dinero, otros ni siquiera tienen acceso a lo que, en teoría, es un derecho universal, la salud.

Sobre este caso, la Procuraduría General de Justicia de Ciudad de México emitió un comunicado en el que explica lo que sucedió:

"El agente del Ministerio Público de la coordinación territorial en Venustiano Carranza 1, tomó conocimiento del deceso de un menor de tres años de edad, toda vez que lo tenían sus padres en la terminal de autobuses de esta Ciudad.

En el lugar, paramédicos confirmaron que ya no presentaba signos vitales y el médico refirió al Representante Social que la causa de la muerte había sido por infarto agudo al miocardio y ataque epiléptico, presentando en ese momento el Certificado de Defunción.

La madre del menor refirió que desde que nació había presentado problemas cardíacos, por lo que ayer decidió trasladarlo a la capital del país para su atención médica. Sin embargo al arribar a la Terminal de Autobuses de Oriente (TAPO), se percató de su fallecimiento.

Por lo anterior el menor fue trasladado a su lugar de residencia en el Estado de Puebla, previos a los trámites funerarios y administrativos respectivos".

Este martes, Javier Risco contó la historia de Miguel Ángel, de tres años, y su madre, en su columna publicada en El Financiero.

La mujer de 25 años y Miguel Ángel, viajaron de Puebla a CDMX en busca de atención médica, pues el pequeño nació con un mal cardiaco que, según la madre, no le permitía jugar como los otros niños, de acuerdo con el escrito del columnista.

El domingo el pequeño se convulsionó y murió en la madrugada, antes de tener acceso a servicios médicos.

La mamá tomó a su bebé, lo envolvió en una bolsa de plástico y cobijas. Pretendía viajar con él a Acambay, Estado de México, donde lo sepultaría. Eso no sucedió.

Mientras aguardaban en la terminal de camiones TAPO, un policía se dio cuenta que la señora cargaba un bebé muerto. Acto siguiente, la Procuraduría realizó los estudios correspondientes para saber de qué murió el menor. El médico determinó que fue por causas naturales y trasladaron el cuerpo en un coche de una funeraria a Acambay.

La pobreza

De acuerdo con el sitio del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) de Puebla, una persona que vive en pobreza extrema es aquella que presenta tres o más carencias sociales y no tiene un ingreso suficiente para adquirir una canasta alimentaria.​

Según el Inegi, las personas en pobreza extrema tienen un ingreso ​​​​​​tan bajo que no pueden adquirir los alimentos básicos, con los nutrientes mínimos para tener una alimentación sana. También carecen de al menos tres de los seis indicadores de carencias sociales con los que se mide la pobreza: educación, servicios de salud, seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a los servicios básicos de la vivienda y alimentación.

Las cifras de esta tabla señalan que en el estado de Puebla (en 2016) hubo poco más de 5 millones de personas en situación de pobreza extrema.

CONEVAL

Basándonos en los datos anteriores, es posible que la madre y el hijo pertenecieran a este grupo de 5 millones de mexicanos que no cuentan con acceso a un servicio de salud, alimentación y educación, una ecuación en la que viven más de 53 millones de mexicanos, de acuerdo con Forbes.

La historia de la mujer invita a la reflexión.

Contrario a lo que ocurrió este año en el metro de CDMX, cuando un grupo de personas ingresó un ataúd para manifestarse a la Asamblea Legislativa para protestar contra una ley impulsada por el diputado Mauricio Toledo sobre la administración de cementerios, en esta ocasión sí hubo una persona muerta de por medio (aquella vez muchos creyeron que el féretro llevaba un cuerpo, pero no).

Su pobreza, la desesperación, el hecho de estar sola, la falta de recursos, de oportunidades, de acceso a la educación, alimentos y ni se diga de una vida mejor, llevaron a la joven de 25 años a esta situación: Un reflejo, una reacción lógica para ella.

Pese a lo concurrido de la central de autobuses, que no nadie se haya dado cuenta del cadáver, también es una llamada de atención para la sociedad. Nuestra forma de actuar e interactuar con el que está al lado -lo conozcamos o no-; el ajetreo de esta caótica ciudad, el no detenernos a ayudar o ver cómo está la otra persona.

Ejemplo de lo anterior fue el hombre que murió en el metro el 30 de noviembre, sin que se diera cuenta sino hasta que los policías se acercaron para avisarle que el servicio había terminado. El hombre fue encontrado sentado en el asiento reservado de la línea 1, estación Pantitlán, en posición de "dormido" (recargado en el barandal y en su brazo). Cuando los policías se acercaron, se percataron de que en realidad estaba muerto.

El señor de aproximadamente 70 años se convirtió en noticia: el usuario del metro había tenido un infarto fulminante. Nadie se percató hasta el cierre de la estación.

Ambos casos pueden convertirse en noticias fugaces, en anécdotas, si nos detuviéramos a reflexionar sobre nuestro entorno podrían ser más que eso y ayudarnos a poner más atención a lo que sucede a nuestro alrededor.