POLÍTICA

El día en que Meade se dio su baño de PRI

La campaña empezó, ya es "el amigo Pepe Meade".

03/12/2017 8:34 PM CST | Actualizado 04/12/2017 10:32 AM CST
Erika Flores

Ya no se llama José Antonio. Ahora es Pepe Meade, el hombre de la sonrisa postiza para cuanta selfie se le ponga enfrente; pero quien deja salir la sonrisa sincera y profunda cuando la multitudinaria cargada priista le grita en su cara "¡Pepe Presidente! ¡Pepe Presidente!".

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El exfuncionario público registró su pre candidatura tricolor en la sede nacional priista. Lo hizo confiado, a sabiendas de tener el camino libre por ser el único aspirante de un partido al que no pertenece; pero al que tampoco necesita pertenecer porque a una semana de su debut como político priista ya se comporta como si fuera parte de él. Sí, aunque Meade inició hace una semana -a contrarreloj-, su transformación de funcionario público a político en campaña, el domingo demostró que puede fundirse sin complicaciones dentro del largo abrazo que le obsequió la cargada priista.

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No todos pudieron estar con él. Las puertas del PRI Nacional fueron cerradas para miles de militantes que viajaron en camión desde diversos estados. Y aunque los afortunados fueron quienes llegaron desde muy temprana hora, a partir de las nueve de la mañana la frase que recibieron fue una: "Ya no hay lugar... Está lleno... Nadie puede entrar". Por eso la batucada que se trasladó desde Aguascalientes, los tres camiones con adeptos que llegaron desde Guerrero, así como un grupo de vecinas del municipio Chalco Solidaridad (entre otros muchos), debieron resignarse a permanecer afuera, de pie, igual que los priistas de la CTM oriundos de Xochimilco (bastión morenista en CDMX) que posaron para la foto con el logotipo de la fábrica donde laboran allá: una popular empresa panificadora conocida a nivel mundial.

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El equipo de logística de éste evento cuidó todo hasta el más mínimo detalle. Por eso no tuvo inconveniente en desmontar con un grupo de ocho trabajadores, un bolardo de la ciclopista que se ubica sobre la calle de Jesús García. Su objetivo era mantener liberada una puerta de estacionamiento por donde entraría la camioneta de priistas destacados. "Es para despejar la salida que funcionará como vía de emergencia" dijeron.

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Este hombre en indigencia tomó una de las tres camisetas que dejaron simpatizantes del PRI en una caseta telefónica. El hombre, al ver las camisetas, las tomó y se las puso.

Ni los veo, ni los oigo

De nada sirvieron las amenazas de los militantes exiliados para tumbar algunas rejas de la fortaleza priista. Ni siquiera sacudirlas desesperadamente durante algunos minutos para conseguir entrar al registro del ungido. El personal de seguridad ni siquiera los miraba; por ende, tampoco los escuchaba pues adentro el estacionamiento priista (convertido en auditorio gracias a los techos de carpas) estaba a tope. Por eso el ambiente se calentó entre animadores, porras, videos y batucadas que acortaron la espera de varias horas. Y cuando por fin Pepe Meade llegó, los acarreados debieron esperar otros 90 minutos que el pre candidato dedicó a las selfies con la militancia partidista.

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El equipo de video de Meade dejó constancia en las video pantallas colocadas donde, por ratos, Meade no tuvo inconveniente de ser él mismo quien tomara la selfie del recuerdo. Iba acompañado de su esposa, Juana Cuevas, quien se encargó de irlo llevando, guiando, entre la multitud del partido que aunque no era suyo, lo hizo suyo en cada beso y abrazo que él recibió con su sonrisa postiza.

Erika FLores
De izquierda a derecha: Dionisio Meade, papá de José Antonio, y Lorenzo Meade, hermano.

Y cuando por fin "Pepe Presidente" logró llegar al templete preparado para su acto político, fue necesario que -en segundos- se peinara con los dedos de la mano, ya que la euforia priista que lo arropó hora y media antes (incluidos algunos ex empleados de la secretaria de Desarrollo Social, Hacienda y ex funcionarios del área de comunicación social de la Suprema Corte de Justicia que ahora integran su equipo de pre campaña) le hicieron llegar desaliñado.

Vestido de blanco y negro, sin ningún accesorio rojo (como suelen hacer los priistas) Pepe Meade se colocó en el pódium y emitió un discurso de treinta minutos. Ese discurso que un día antes fue revisado y trabajado con su esposa y el presidente del partido, Enrique Ochoa.

Durante su lectura el ex secretario de Hacienda mostró cuán rápido aprendió la típica entonación del político que busca cautivar. "Aspiro a servir desde la más alta responsabilidad, vengo con humildad a pedir su apoyo para trabajar y que logremos juntos que cada familia viva con felicidad y justicia... Me siento emocionado, honrado, agradecido y entusiasmado de ser su precandidato a la Presidencia de la República". Los gritos de "¡Pepe, Pepe, Pepe!" no se hicieron esperar.

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A los titulares de organizaciones priistas los llamó amigos y repitiendo el modelo Peña Nietista de 2012 dijo a las mujeres: "Le pido que me acompañen ¡Hoy y siempre quiero ser el candidato de las mujeres!". Pero esa no fue la única señal aprendida del actual presidente. Meade también retomó de éste un ademán: el del político que toca su corazón antes de extender su mano al público en señal de agradecimiento.

El ex secretario de Hacienda, quien se autodefinió en una entrevista con Carlos Loret como un hombre de números, dirigió a los millenials una frase contundente, basado en las estadísticas que señalan que serás las nuevas generaciones quienes definirán esta elección presidencial. "¡Jóvenes del PRI, este triunfo depende de su energía!".

Para los priistas también hubo adjetivos. Al presidente del partido lo llamó "líder sensible" mientras que al Presidente de la República lo definió como un "mexicano sensible y talentoso", "con temple y valentía", "arquitecto del cambio" al que incluso vitoreó para encender más los ánimos del público. "¡Peña! ¡Peña!".

Sabiendo que esta precampaña (por ser candidato único) se convierte de manera informal en el principio de la verdadera campaña que para el Instituto Nacional Electoral inicia oficialmente el 30 de marzo, Meade adelantó en su discurso algunas promesas tales como seguridad a las mujeres, candidaturas para jóvenes, un país justo, sin corrupción y con mejores salarios a los empleados productivos. "Me inscribo como precandidato porque tengo la experiencia, los resultados y el conocimiento para ser un buen candidato y presidente de México".

Sin mencionar por nombre a su rival natural, Andrés Manuel López Obrador, el ex funcionario público le dedicó 30 segundos de su discurso. "Apostamos por la experiencia y no por la ocurrencia, por el conocimiento y no por el enfrentamiento, por la preparación y no por la improvisación; en los programas y no en los caprichos, en las instituciones y la ley, y no en las profecías. Creemos en el hambre de servicio, no en el hambre de poder".

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Fiel a la tradición, el acto de Pepe Meade terminó entre festivos papeles tricolores lanzados al aire por cañones. De la mano de Juana Cuevas, el pre candidato bajó del templete y abandonó el lugar mientras su familia esperaba el turno de salida. "Mi hijo tiene la capacidad, él está preparado para esto", dijo a HuffPost México su padre, el priista Dionisio Meade.

"Veo a mi hermano muy contento ¡Al cien por ciento! Él es gente de mucho talento", señaló su hermano Lorenzo, ex titular del IPAB (Instituto para la Protección al Ahorro Bancario). "Mi hermano nos ha pedido que lo acompañemos y aquí estamos apoyándolo, además la gente es muy linda con él", afirmó otro de sus hermanos, Juan Pedro, quien es parte del grupo financiero Banorte. "Yo estoy con mi hermano, lo estimo mucho y lo apoyaré en lo que él me pida", concluyó otro de los hermanos del pre candidato, Pablo Meade.