MÉXICO

Solalinde: "Pueden decir lo que quieran de Morena y AMLO... pero es lo que hay"

En entrevista con HuffPost, el sacerdote y activista Alejandro Solalinde platica cómo fue que pasó de vivir como "un burguesito" a convertirse en un defensor de los derechos humanos y apoyar el proyecto de Andrés Manuel López Obrador en 2018.

27/11/2017 5:00 AM CST | Actualizado 30/11/2017 10:17 AM CST

Cuenta que cuando dejó atrás los privilegios materiales, su vida comenzó a cobrar otro sentido al lado de la gente más desprotegida. Tras denunciar las injusticias, violaciones y abusos que sufren los migrantes centroamericanos en su camino a Estados Unidos, el trabajo del padre José Alejandro Solalinde empezó a cobrar notoriedad a nivel nacional. Hoy es un referente de los derechos humanos en México.

Reconoce que hasta hace poco, ha sufrido amenazas de muerte y atentados tras evidenciar la complicidad entre el crimen organizado y gobiernos corruptos que han convertido al país en una enorme camposanto, donde el número de muertos han hecho de 2017 en el año más violento del que se tenga registro.

Pero la parte más polémica de Solalinde, aquella que lo mismo desata entusiasmo o algunas críticas entre la opinión pública, es su activismo político a favor de los sectores más vulnerables. Por eso no duda en reprochar a la Iglesia católica su pasividad ante la ola de asesinatos contra las mujeres mexicanas o hacer un llamado a no dejar que el PRI se mantenga en el poder.

Invitado para participar junto a Morena y Andrés Manuel López Obrador rumbo a 2018, el padre Solalinde no se anda con medias tintas: "Podrán decir lo que quieran de Andrés Manuel y Morena... pero es lo que hay". Sabe que no hay tiempo qué perder y que el próximo año electoral será crucial para el futuro del país.

Por eso te presentamos la conversación que sostuvo el HuffPost, minutos después de recibir la medalla Iberoamericana conferida por la Fundación Honoris Causa en el Museo Memoria y Tolerancia, debido a su incansable labor en defensa de los derechos humanos.

En su reciente gira por España, cuando sonaba su nombre para el Premio Nobel de la Paz, algunas crónicas recogieron declaraciones suyas acerca de que en algún momento de su vida se asumió con un "padre burgués" pero pasó algo que dio un giro a su vida. ¿Cuál fue este acontecimiento que lo cambió?

Fueron varios, pero el primero, pero en agosto de 1976 yo fui a Oaxaca junto a otros sacerdotes, a una jornada de evangelización y catequesis. En un tiempo que nos dieron libre, como tres horas para comer, comprar souvenirs o ir a algún lugar, yo fui a comprar muchas cosas para mi casita. Yo vivía muy bien, vivía como un burgesito, tenía los máximos adelantos, un carro del año, una casita que si bien es cierto no era mía, la tenía equipada con todo lo último. Entonces iba yo con toda mi compra. Eran 6 mil pesos lo que yo me había gastado en ese ratito. Una letra de un carro del año costaba 2 mil pesos. Yo tenía un carro del año. Me había echado el pago de tres letras del pago mensual de un carro del año. Ya no podía con ellas. Entonces vi a unas mujeres indígenas de San Antonino, un lugar pegadito a Xoxocotlán, y vi a su niño sobre un rebozo a las tres de la tarde, todo sudado, en la banqueta. Y aquellas mujeres, sudadas también, por haber pasado el día así. Entonces ya no pude caminar. Me acerqué. Me pasé la calle y empecé a platicar con ellas. Me dijeron que venían de San Antonino y que estaban ahí desde la mañana. Una de ellas me dijo que había ganado 13 pesos. 13 pesos, toda la mañana para ganar eso. Le pregunté: Oiga ¿y su marido? Y dice: ¡ay ese pinche borracho! Cuando yo le volví a hacer otra pregunta me barrieron con la mirada sin decirme nada. Yo iba como un catrincito, de traje, bien elegante y bien perfumadito. Y entonces ya no me contestaron, pero me vieron como diciendo: y este pinche catrín qué tanto está preguntando. Me dio tanta vergüenza que en ese momento yo quise botar las bolsas aquellas y me empecé a preguntar si para eso yo me había ordenado como sacerdote y si la vida que estaba llevando era la correcta. Desde ese momento ya no pude estar en paz y ahí empezó a cambiar mi vida.

El otro momento muy importante fue cuando yo me encuentro con los migrantes entre 2005-2006, y ahí ya no pude yo seguir una vida, a lo mejor ya no burguesa, pero sí un tanto burocrática. Ya no puedo. Y entonces decidí dejar la vida residencial de una parroquia para buscar la vía misionera itinerante y caminar con los migrantes.

¿Cuál fue la experiencia más fuerte que vivió en todo ese proceso de transformación espiritual? Porque en el camino se encontró con un país lastimado.

Esta palabra que tu dijiste, como una experiencia espiritual, es demasiado grande como para decírtela en unos momentos, pero sí te puedo decir que dos cosas he descubierto en este seguimiento a los migrantes. Primero, la fuerza que se siente cuando gobierno y el crimen organizado se vuelcan contra ti cuando tú te metes con su mercancía. Eso es fuertísimo. Sientes la fuerza y todo lo que tienen que hacer: golpearte, encarcelarte, querer quemar el albergue o lincharte. Es fuertísimo lo que se siente. Pero lo otro es la gran fuerza espiritual que Dios te da. Tú sientes que Jesús está contigo, sientes que el espíritu está contigo. Y luego una cosa que voy a decir en mi libro el año que entra, no que yo estoy escribiendo yo, sino una periodista, Karla María, que he tenido experiencias místicas muy fuertes. Ha sido una fuerza espiritual muy grande que es lo que me sostiene, lo que me hace perder el miedo, relativizar las amenazas, pero eso no significa que no lo quieran hacer, de hecho ya lo han hecho, pero ultimarme va a ser lo último que decidan, pero sé que cuando no tengan otro remedio lo van a hacer.

¿Cómo fue esa experiencia cuando lo encañonaron y lo agredieron físicamente?

Yo primero descubrí el secuestro masivo de migrantes, en Ciudad Ixtepec. Empiezo yo a preguntarme, qué hago. Ahí empieza la disyuntiva. O me cuido y sucumbo al miedo o visibilizo eso y me lanzo por el valor. Apoyado en Dios, me lancé por la denuncia, empecé a visibilizar todo y a caminar sin miedo, a pesar de todo lo que me ha pasado. He vivido muchos atentados, hasta no hace mucho, pero de todos esos Dios me ha librado, porque él es grande y quiere que viva. Yo creo que todavía puedo hacer algo de bien, yo quiero hacer algo de bien. Yo no quiero ser mártir, amo mucho la vida, pero tampoco me voy a detener. Lo que tengo que hacer, por cobardía o por algo que alguien me quiera imponer, no... nadie me lo puede impedir. Un día yo le dije a alguien del gobierno: lo único que a mi me puede parar es un tiro aquí (señala su frente). Mientras no lo hagan voy a seguir.

Su acercamiento con Morena le ha suscitado críticas de varios grupos de activistas...

Muchas críticas, muchas. Yo entiendo a la gente, a mis hermanas y hermanos mexicanos. Han sufrido todas las decepciones, los han engañado. El PRD los engañó, los traicionó. El PAN, ese partido que era de una base espiritual, la mejor de inspiración cristiana, traicionó también en 1988. De 1989 para acá el PAN se acabó. Y luego el PRI, que en su historia aportó algo también, es cierto, hasta 1981. Pero de 1982 con De la Madrid para acá se echó a perder. Ese nuevo PRI salió más corrupto todavía, más ladrón, más voraz que lo que habíamos visto. Agoté todo. Porque me acerqué a los del PRD, hasta la cocina me metí. También a los del PAN y los del PRI también, a los niveles más altos. No me hicieron caso. No a mí, sino lo que yo les pedía para México. No aprovecharon el cambio y han regateado a México el cambio.

Lo que queda ahora es probar a Morena. Pueden decir lo que quieran de Andrés Manuel, pueden decir lo que quieran de Morena, que sin duda tiene remanentes peligrosos que han venido del PRI también, pero es lo que hay. No hay otra cosa. No hay para escoger".Alejandro Solalinde, sacerdote y activista

Si tú me dices que del Frente, de los tres partidos... bueno, no me refiero al MC, ese es aparte, pero por ejemplo el PAN y PRD son uno. Movimientos que ya han sido gobierno y no han cumplido. Del PRI, ya ni hablar. El PRI y el PVEM, qué decir, si son corruptísimos.

Además me queda claro que aunque vayan en coaliciones diferentes, en frentes diferentes, el PRI y el PAN son el PRIAN, son concubinos, son inseparables". Alejandro Solalinde, sacerdote y activista

¿Y cómo ve la situación de los derechos humanos en un país en que oficialmente ya vivimos en el año más violento desde la Revolución Mexicana?

Muy grave. Algo está haciendo la Comisión Nacional de Derechos Humanos, con Luis Raúl González Pérez, yo digo que es loable, pero no es todo lo que se necesita para la gravedad que tenemos aquí. No se necesita nada más dar declaraciones. Por ejemplo con los homicidios de mujeres. Se necesita hacer algo más. También para los migrantes, no es suficiente lo que se está haciendo. Y luego las iglesias. No puede ser que ayer (23 de noviembre) hayamos tenido 11 asesinatos de mujeres en un día, superando los siete de cada día, y que la Iglesia católica no haga nada y se quede con los brazos cruzados. Era para que estuvieran saliendo a la calle, exigiendo justicia, investigación, porque la mayor parte de los feligreses son mujeres, las que más apoyan las parroquias y en todos lados, son mujeres. Las que sirven al bajo y alto clero son mujeres. No se vale que en esto de los derechos humanos estemos viendo: ah, ahora son 11, bueno, pues a lo mejor mañana son 12, y no pasa nada. No puede ser, no podemos permitir un solo asesinato más de mujeres.

¿Cómo ve el 2018?

Veo muy claro una fragmentación política de opciones. Por un lado, los independientes que mal que bien, sí están haciendo el juego al PRI. Veo el peligro de la fragmentación pero también el peligro de los escépticos, las personas que están hastiadas de la política y la corrupción, de las personas que dicen que todos los partidos son lo mismo yq ue mejor no van a votar. Esas personas que se van a abstener, que no quieren ya a los políticos, si se abstienen y no votan, van a dar el pase directo al PRI. Y vamos a dejar en Los Pinos al partido más corrupto que tenemos hoy.

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