MÉXICO

Las tramas siniestras mexicanas dentro de los archivos de JFK

La CIA y el FBI no solo vigilaron al asesino Harvey Lee Oswald en México, también intentaron reclutar a agentes soviéticos.

03/11/2017 6:06 AM CST
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La caravana siguió adelante después de que John F. Kennedy recibió disparos mortales el 22 de noviembre de 1963, en Dallas, Texas.

Para los fanáticos de las conspiraciones estadounidenses, el pasado 26 de octubre fue un día de fiesta. Gracias a una legislación llamada JFK Assassination Records Collection Act, ese día el National Archives de Estados Unidos liberó un lote de 2 mil 891 documentos relacionados con las investigaciones del asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy, ocurrido el 22 de noviembre de 1963.

La publicación de los documentos resguardados por el John F. Kennedy Assassination Records Collection ocurrió según lo anunciado y aunque la versión sin censura de documentos como el llamado Lopez Report —que describe las actividades y el seguimiento de las autoridades mexicanas y estadounidenses a Lee Harvey Oswald durante su estancia en Ciudad de México entre 26 de septiembre y el 2 de octubre de 1963— no se realizó, los documentos liberados narran interesantes anécdotas sobre las técnicas de espionaje y la forma en que el gobierno mexicano procesaba las demandas de los órganos de inteligencia vecinos.

El cheque inexistente

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Una transmisión televisiva en la que se observó a guardias y agentes del servicio secreto que escoltaron a Lee Harvey Oswald a la sede de la policía de Dallas, dos días después de su arresto por el asesinato del presidente Kennedy. Oswald recibió un disparo del propietario de un club nocturno local, Jack Ruby, poco después de que se tomara esta fotografía.

En el documento 179-40003-10282, firmado el 9 de marzo de 1964, el Federal Bureau of Investigation (FBI) relató que a inicios de enero de ese año una fuente confidencial les informó que un giro telegráfico (una especie de cheque) se había enviado a Lee Harvey Oswald durante su estancia en México.

El 13 de enero el FBI se puso en contacto con Alfonso Frías, un miembro del área de seguridad del Banco de México —nombrada como Bank of Mexico Police— para preguntar si algún documento había sido girado en territorio nacional a nombre de Harvey o de los alias O.H. Lee y Alex James Hidell entre septiembre y octubre de 1963. Cuatro días más tarde, el funcionario informó que en Ciudad de México no se había girado documento semejante y para el 6 de marzo les informó que tras una revisión en los registros de media docena de bancos y Telégrafos Nacionales no había evidencias de giro, cheque u otro documento girado a nombre del asesino de John. F. Kennedy.

Todo esto sucedió sin pedimento judicial, ni comunicación formal con el gobierno mexicano y la búsqueda ocurrió en una época cuando los registros se hacían de forma documental.

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Carta para Rigoberto

Un despacho de la estación de la CIA en Ciudad de México, fechado el 18 de noviembre de 1963, reporta el envío de información relacionada con una persona identificada en clave como KIVA/1, "la siguiente información fue provista por los mexicanos y se envía para su registro", dice el documento.

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'Hombre sin identificar' fue considerado una posible pista dentro de una teoría conspiracionista. Estuvo de visita en la embajada soviética en Ciudad de México, al mismo tiempo en que Lee Harvey Oswald estuvo en México. Las autoridades diplomáticas estadounidenses pensaron que se trataba del mismo Lee Harvey Oswald.

¿A quién se refiere?

El documento habla de una carta escrita por un sujeto denominado KIVA/1, probablemente un ciudadano mexicano, quien habría recibido algún tipo de entrenamiento ideológico en la Unión Soviética. La carta habría sido interceptada por alguna autoridad mexicana y que habría sido recibida por un tal Rigoberto Cálix, con domicilio en el rumbo de Vertiz - Narvarte en la capital. Esta carta hacía referencia a tres personas: Ernesto Delgado, Carlos Pineda y un tal J. Román. Este último personaje habría recibido una carta diferente, proveniente de una dirección en Guadalajara, Jalisco.

El funcionario quien firmó el documento señaló que si las personas nombradas eran identificadas como personas que habían viajado hacia la Unión Soviética, se informase a la sede central de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) para un análisis más detallado de estos sujetos.

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Declaración manuscrita de Lee Harvey Oswald escrita en la papelería soviética anunciando su intención de revocar su ciudadanía.

Se entiende que la intercepción de la correspondencia la realizaron autoridades como el entonces Servicio Postal Mexicano, ¿por orden de quién?, ¿bajo qué autoridad? En aquel entonces los servicios de inteligencia de Estados Unidos tenían por lo menos dos programas de intercepción de correo postal, llamados LIMUD y LIBIGHT.

El bar de Bakulin

Desde 1959, Valentín Bakulin se desempeñaba como agregado militar de la embajada soviética en México. Un cargo de peso dentro de la estructura burocrática. Para los organismos estadounidenses de inteligencia era muy importante acceder a su entorno cercano. Por tal motivo, en el documento número 104-10215-10019 se narró una suerte de discusión entre dos agencias: la CIA bajo el código KUBARK, y el FBI bajo el código ODENVY.

En el documento, ambas instancias señalaron el haber reclutado a un trabajador de American Airlines de nombre Carlos Vejar (sic), quien vivió en el mismo edificio que Bakulin y al que trataría de convertir en agente encubierto para poder extraerle información. En ese mismo documento, el representante del FBI indicó que proporcionará la lista de los bares frecuentados por Bakulin y extraerle información.

¿Por qué eran tan importantes los bares?

Un perfil realizado por la CIA reportó que este funcionario era proclive a la bebida, al punto que había recibido una reprimenda por parte de su superior en alguna ocasión, probablemente después de algún pleito de bar. Un agregado militar soviético ebrio en cantinas mexicanas podría ser una valiosa fuente de información para los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

En la era de la Guerra Fría, literalmente, todo era válido.