MÉXICO

Chilapa, el municipio secuestrado: “Aquí todo mundo busca muertos, no gente viva”

11/10/2017 4:00 AM CDT | Actualizado 12/10/2017 3:47 PM CDT
Paola Morales.

Benita, María Guadalupe y Rosario caminan por las calles de Chilapa, cabecera del municipio del mismo nombre en el convulso estado de Guerrero.

Lo hacen como lo haría un grupo de amigas, caminan de manera natural mientras conversan animadamente. Cada una lleva en las manos mantas dobladas, se dirigen a sus casas tras volver a contar las historias repetidas incontables veces, esperando que ahora sí sean escuchadas.

"Aquí todo mundo busca muertos, busca tumbas, pero de los vivos no nos preocupamos, cuando hay gente viva secuestrada, gente que está al servicio de la delincuencia", es la voz de María Guadalupe Rodríguez Narciso, madre de un joven desaparecido en ese municipio.

Paola Morales.

Junto a ella, más de una veintena de madres y padres víctimas de la violencia narran, con voz encendida por la furia o apagada de pronto por el nudo en la garganta que provoca la ausencia de uno de los suyos, la manera en que sus hijos fueron desapareciendo.

Lo hacen ante las organizaciones Brigadas Internacionales de Paz (PBI), Amnistía Internacional, Serapaz México y la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos (Red TDT), como parte de una Misión Civil de Observación realizada en Chilapa de Álvarez el pasado 19 de septiembre, a fin de visibilizar la escalada de violencia en la región.

Paola Morales.

Chilapa está entre los 50 municipios más violentos de México.
En Chilapa existe una macro criminalidad que deja al descubierto la complicidad del Estado y sus instituciones con los diferentes grupos o cárteles de la delincuencia organizada, garantizándoles una total impunidad para actuar". Reporte del Centro Regional de Defensa de Derechos Humanos José Ma. Morelos y Pavón.

Todas las historias tienen en común que las víctimas son hombres, en edad productiva, y que, en la mayoría de los casos, son indígenas y de escasos recursos económicos.

Todos, además, no han sido investigados adecuadamente por las autoridades competentes y han sido las propias familias quienes han jalado los hilos de las averiguaciones de los hechos que "uno nunca cree que le van a pasar a uno".

Paola Morales.
Vista de la avenida principal de Chilapa.

UNO BUSCA CON 'LA MAÑA'

Jesús Pineda Mejía, de profesión optometrista, desapareció el 19 de julio de 2016. Salió de su casa para irse a trabajar en una de las campañas de visión que realizaba por distintos sitios del estado. Ese día acudiría a Chilpancingo, pero a las 9:42 de aquel día le envió a su novia Annie un inusual mensaje de whatsapp en el que le escribía que lo habían secuestrado y que lo buscara rumbo a Chichihualco, una población de Guerrero.

"Yo lo vi bañado, cambiado y todo, lo vi listo para irse a trabajar. Yo regreso como a las 10 am y mi trabajador me dice 'doña Rosa, están avisando que a Jesús su hijo lo levantaron' -- cuenta su madre Rosario Mejía y en un punto en que se le quiebra la voz--, le digo eso no es cierto, y seguí haciendo mis cosas, es algo que da miedo, nervios y son las cosas que uno no cree que le van a pasar a uno.

"Es una sensación de impotencia, qué hago, qué hago, dónde lo busco."

Paola Morales.

Tras sobrepasar la incredulidad, Rosario empezó su indagatoria con personas que los mismos pobladores saben que tienen vínculos con "la maña", como se refieren al crimen organizado, "porque sabemos que nos puede conectar y son a los primeros que recurrimos, por qué no sabemos con quién buscar".

Fue hasta el tercer día que Rosario acudió a denunciar a la Fiscalía Especializada en Materia de Desaparición Forzada y Búsqueda de Personas Desaparecidas y lo que obtuvo por respuesta fue lo que casi todos los familiares de desaparecidos escuchan: que su hijo "seguro andaba de borracho con sus amigos".

LA DESAPARICIÓN FORZADA SE HACE EVIDENTE

Paola Morales.

El Centro Regional de Defensa de Derechos Humanos José Ma. Morelos y Pavón AC, el cual se ha dedicado a documentar el contexto violento de Chilapa y Zitlala Guerrero, señala que la desaparición forzada se hizo evidente tras la incursión de presuntos policías comunitarios que entre el 9 y 14 de mayo de 2015 detuvieron, y desaparecieron, a al menos 16 hombres pese a la presencia de la Gendarmería, el Ejército, la Policía Federal y municipal.

Fue tras estos hechos que las familias se unieron para comenzar la búsqueda de sus desaparecidos y se incentivó la visibilización y denuncia de otros casos ocurridos desde 2007.

Por su parte, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) ha dificultado la atención a las víctimas. En Chilapa, por ejemplo, desde principios de enero comenzaron a conformar un padrón de víctimas y, hasta ahora, los familiares de desaparecidos siguen sin recibir apoyo económico, denuncia el Centro Morelos.

NO SABEMOS NADA DE NINGUNO DE LOS DOS

Esmeralda Huaxtitlán Sixtos estudiaba la carrera de enfermería en el Conalep y tenía 35 años cuando desapareció al ir a buscar a su hijo Erick, del que tampoco se sabía su paradero. Erick Geovanni García Huaxtitlán tenía 18 años aquel 20 de octubre de un año atrás cuando ya no se supo más de ninguno de ellos.

Paola Morales.

"Él (Erick) iba a dejar normalmente a su mamá en la moto, pero de él ya no supimos en toda la tarde. Mi hermana regresa entre las 8 o 9 de la noche y pregunta a su otro hijo por su hermano, éste le dice que no lo había visto en todo el día. Le empezó a marcar a su teléfono y ya no le contestaba. Cerca de las 11 de la noche, salió a buscar a su hijo mayor, a esas horas ella salió y ya no regresó. Y hasta ahora, no sabemos nada de ninguno de los dos", cuenta sin evitar el llanto la hermana de Esmeralda.

Fue hasta un mes después de la desaparición que la familia acudió a denunciar.

Andábamos dedicados a investigar con vecinos y familiares y no tuvimos respuesta y pues entre miedo y preocupación se nos pasaron los días; cuando denunciamos, nos daban largas y siguió transcurriendo el tiempo, hicimos la denuncia pero hasta después de un mes, por miedo, coraje, y la inseguridad, porque estando en una situación así, a veces la misma familia te dice que es tu problema y te las arregles como puedas."

MÁS SEGURIDAD, MÁS VÍCTIMAS

El 27 de enero de 2016 en la región se implementó un megaoperativo con más de 3 mil elementos del Ejército, la Marina, la Policía Federal y la estatal, a fin de disminuir la cifra de secuestros y homicidios.

Si embargo, ese mismo año se contabilizaron sólo en Chilapa y Zitlala 205 asesinatos, 41 desaparecidos, 26 heridos en hechos violentos, ocho secuestros y se hallaron 56 cuerpos en fosas clandestinas.

De la cifra de muertos destaca que 23 fueron decapitados, 68 asesinados con arma de fuego, seis calcinados, 16 desmembrados y 33 perdieron la vida durante enfrentamientos.

TENÍA UNA SEMANA EN EL NUEVO TRABAJO Y LO MATARON CON OCHO TIROS

Kevin Castro Domínguez acabada de cumplir 18 años, era estudiante del Colegio de Bachilleres, hacía danza folclórica y recién había integrado un grupo de apoyo a personas con adicciones.

Tras dejar un empleo en una tienda Oxxo, entró a trabajar a un centro botanero. Llevaba tres días atendiendo el lugar cuando, por la noche, llegó una camioneta con hombres armados, se estacionó delante del negocio y dos hombres balearon el lugar.

"A dos clientes les dieron un balazo a cada uno, tomaron a mi hijo, lo agarraron de los cabellos –se deduce por la forma en que quedó el cuerpo— le dieron ocho balazos y no se moría, se murió en el hospital, yo creo esperaba a que yo llegara", cuenta su padre Lamberto Castro.

INVESTIGACIÓN DE PROPIA MANO

Paola Morales.

La desaparición de su hijo Josúe Molina Rodríguez, de 30 años, llevó a María Guadalupe Rodríguez Narciso a convertirse en una obsesiva investigadora del caso de su hijo ante la omisión de las autoridades y en la aguerrida cabeza de una organización dedicada a la búsqueda de personas.

Hay una complicidad inmensa, grande, desde las altas autoridades hasta el último policía y la verdad sí estamos en una situación crítica y delicadísima." María Guadalupe Rodríguez Narciso.

El colectivo que también comanda está investigando los casos de la gente viva, "porque aquí todo mundo busca muertos, busca tumbas, pero de los vivos no nos preocupamos, cuando hay gente viva secuestrada, gente que está al servicio de la delincuencia."

María cuenta que un joven que buscaba a su hermano en la sierra, encontró en una barranca de Chichihualco, muchos cadáveres, pero también gente viva en varios puntos de la sierra que presumiblemente es obligada a trabajar para grupos de la delincuencia organizada procesando la droga.

"Empiezo a rastrear esa información y la llevo a la PGR para investigar a esa gente, para bajar a esa gente viva, porque ahí podría estar mi hijo, los hijos de los compañeros. Me cerraron las puertas, recurro a mi Ministerio Público de PGR, para que también protegieran al muchacho, pero incluso ya nos estaban criminalizando diciendo que pertenecíamos al grupo de Los Rojos para que no nos hicieran caso.

"Él contó lo que sabía, habló sobre un autobús que no aparecía donde supuestamente irían los estudiantes normalistas de Ayotzinapa y que bajó de la sierra; por eso turnaron el caso a la Fiscalía de los 43, le tomaron su declaración, su denuncia, sin darle medidas de seguridad. La Fiscalía de los 43 declinó la competencia a SEIDO y ésta la regresó a la delegación PGR de Chilpancingo, donde están coludidos", narra la activista.

El joven, que había declarado en mayo de este año, desapareció en julio. No se sabe nada de él.

De ahí lo que pasó es que el testigo desapareció, y estaba muy dispuesto a entrar a la sierra, a ir de guía y a señalar los puntos donde tenían a la gente." María Guadalupe Rodríguez Narciso.

Así, continúan las narraciones de los familiares de los desaparecidos de Chilapa, con leves variantes y con el común denominador de investigaciones mal llevadas y la colusión de las autoridades. Y tras ellos, el sismo del 19 de septiembre de 2017 y, con él, otra vez el silencio sobre estas víctimas.