MÉXICO

En las entrañas del Colegio Rébsamen tras el #S19: así trabajaron los voluntarios/2

El dolor pegó en donde más duele: los niños de una escuela que no debió derrumbarse y que dejará muchas preguntas y justicias pendientes.

30/09/2017 5:00 AM CDT
ERIKA FLORES
Peritos de la Procuraduría General de Justicia de Ciudad de México investigan las ruinas del Colegio Enrique Rébsamen, para saber si hubo negligencia en su construcción. FOTO: ARMANDO MONROY /CUARTOSCURO.COM

Segunda parte de nuestro serial de crónicas sobre el trabajo voluntario durante los trabajos de rescate y limpieza en algunas de las zonas derruidas por el #SismoMX.

Las flores blancas que fueron colocadas en la Monumento a la Familia, en la Calzada Acoxpa del barrio sureño de Villa Coapa, en Ciudad de México, señalan que el colegio Enrique Rébsamen está cerca. Ha pasado una semana exacta del sismo del 19 de septiembre de 2017 y en el lugar hay también veladoras, globos, una alcancía infantil y dos muñecos de peluche, colocados para honrar a los 19 niños que murieron en el derrumbe causado por el sismo del día 19. Claro, sin contar que esta tragedia parece ser también consecuencia de una construcción de suelo mixto (departamento y escuela) con permisos irregulares en la delegación Tlalpan de la Ciudad de México.

ERIKA FLORES
Para recordar la muerte de 19 niños del Colegio Enrique Rébsamen, vecinos de Villa Coapa colocaron una ofrenda con veladoras, objetos infantiles y flores en el Monumento a la Familia.

El monumento queda atrás cuando camino sobre avenida División del Norte; allí hay varios edificios departamentales visiblemente dañados. "Dan ganas de llorar" dice la mujer que está a mi lado. "Un familiar vivía en ese departamento", dice señalando la esquina de Hacienda de la Escalera. "Ese que está a punto de caerse, donde el aire mueve las cortinas ¿lo ve? En esta zona conocí a mi marido, son muchos recuerdos y miré lo que quedó". Me abraza (siendo yo una completa desconocida) para luego decir adiós.

Sobre Calzada de las Brujas encuentro un primer filtro de seguridad; equivale a una pequeña valla de marinos, soldados y policías federales que me permiten el acceso al saber que me dirijo al área de cocina. Me pongo a las órdenes de la mujer a cargo del área, una veracruzana amable que cuenta estar agradecida con la Marina porque años antes, en alguna inundación ocurrida en el estado, recibió su ayuda. Ella coordina al personal de la secretaria de Desarrollo Social capitalina que allí se encuentra. "Reparte el agua por favor", me pide.

Soy la encargada de mitigar la sed de un grupo multidisciplinario (200 uniformados promedio). Así que pongo manos a la obra, me acerco a la improvisada cocina colocada sobre una banqueta y tomo uno de los carritos de super que se encuentra repleto de botellas de agua de todo tamaño, resultado de donaciones civiles. Inevitablemente me topo con dos mensajes en la pared, escritos con gis escolar y letras grandes sobre una pared café. Datan del día 19 y seguramente fueron la única manera de comunicarse en el lugar ante la falta de líneas telefónicas, celulares y muy probablemente transmisión de datos vía WhatsApp. "Violeta, me fui a la casa con Argenis y Alan", dice uno. "Lázaro te espero en casa", refiere el otro. Imposible no conmoverse.

Una pequeña valla de marinos, soldados y policías federales que me permiten el acceso al saber que me dirijo al área de cocina.

ERIKA FLORES
Evidencias de que el 19 de septiembre, en medio del caos y confusión, cualquier pared fue buena para comunicarse con familiares.

De construir el nuevo aeropuerto, a sacar escombros del colegio

Empiezo mi labor. Primero con personal de la Marina que, machete en mano, retira la mala hierba en la orilla de la calzada que se ha transformado también en almacén de más de cien polines de madera y decenas de barras metálicas que no fueron necesarias para apuntalar el edificio escolar durante las primeras 72 horas de búsqueda y rescate de sobrevivientes y/o cadáveres. Al lado hay enormes tubos de un metro de diámetro, similares a los que se utilizan para reparar las fugas de agua. Pregunto qué son; alguien me explica que, por ser metálicos, iban a ser utilizados como polines de mayor tamaño.

Casi nadie quiere agua pese al calor de mediodía. Así que continúo con la ruta asignada por División del Norte y me topo con el operador de una retroexcavadora que está de guardia, en espera de que se requieran sus servicios. Antes del sismo, él y una cuadrilla de 14 personas más trabajaban en la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de Ciudad de México; pero después de la emergencia recibieron la orden de salir del lago de Texcoco para trasladarse con sus respectivas máquinas a los diferentes puntos de colapso y derrumbe de edificios.

Ángeles y José, un matrimonio de edad, salen del número 4357 de avenida División del Norte. Sus rostros denotan alivio. Me cuentan que esa mañana acompañaron a Protección Civil a revisar el inmueble que ocupaban como casa y oficina y que al encontrarlo en condiciones relativamente seguras, se les permitió ingresar por espacio de algunos minutos y rescatar algunas pertenencias básicas. Las colocaron en cajas con sillas y otros documentos que montaron en un carro de súper. La escena era peculiar: parecían haber salido de un almacén con sus compras. Llevaban también un librero que recuperaron.

"¡Ese día alcanzamos a salir pero el departamento se movía como gelatina! Vi caer el horno de microondas y mi refrigerador se movía de aquí para allá" relata ella. "Afortunadamente nos permitieron sacar papeles importantes; eso ya es algo", concluye él con una sonrisa. La labor los dejó exhaustos así que aceptaron tomar una botella de agua.

ERIKA FLORES
Una semana después del sismo, doña Ángeles obtuvo autorización de Protección Civil para entrar a su casa a recuperar documentos y objetos.

Un edificio cercano —junto a la cafetería El Tulipán— también es revisado en su estructura; una mujer de edad y su perro aprovechan para entrar con el personal delegacional al departamento que renta en el primer piso; el momento es propicio para buscar algunos documentos personales. Si no aprovecha esa oportunidad ¿entonces cuándo?

La avenida está solitaria y fantasmagórica pero no abandonada. Hay vecinos que continúan en sus casas que aparentemente no sufrieron daños mayores. Por instantes hay quien asoma a la ventana, otro sale a buscar al personal de Telmex que está rehabilitando las líneas telefónicas; alguien más revisa detalladamente techos o tinacos. Y no falta un vecino que al pasar por allí acepta una botella de agua porque en la tienda de conveniencia más cercana hay desabasto del vital líquido y el Walmart que se localiza a tres semáforos del lugar está cerrado por daños.

Tras la tragedia, responder por qué el derrumbe y la tragedia

Son las 13:14 de la tarde (hora del sismo) y el único sonido que se escucha dentro de la escuela Enrique Rébsamen es el zumbido del dron que sobrevuela en el techo del edificio colapsado y el patio del colegio. "Bzzzzz... Bzzzzz.... Bzzzzz". Pertenece al equipo de la policía de investigación y policía ministerial de la procuraduría capitalina que están allí. Al parecer han realizado labores al rayo de sol, tomando medidas de las estructuras colapsadas, fotos y video con el que sustentarán el dictamen pericial que evidenciará la realidad sobre las condiciones en que se encontraba el inmueble hasta antes del 19 de septiembre.

ERIKA FLORES

Mi presencia parece ser gratificante para compensar su evidente sed. Un soldado me acompaña; no me es permitido entrar sola al patio del colegio y menos recorrerlo como yo quisiera (periodísticamente hablando). Así que —acorde a sus instrucciones— sólo ingreso diez metros y espero a que me encuentren los deshidratados: hombres de traje (agentes del Ministerio Público), policías uniformados del GERI (Grupo de Reacción Inmediata), peritos enfundados en overol blanco que realizan labores propias de su oficio y algunos uniformados de la policía capitalina.

Al fondo se ve una carpa blanca opera como centro de mando; es una especie de oficina portátil, provista de mesas, sillas y computadoras. Allí trabaja un equipo de la Policía Federal, Marina y alguien más de la Defensa. Ellos no quieren agua; así que me retiro y recorro la entrada de la escuela sobre la calle Rancho Tamboreo, justo donde varios niños fueron rescatados vivos por vecinos del lugar. Hoy la escena es otra; los soldados montan guardia junto a un auto que quedó semiaplastado por el derrumbe de la fachada.

Llama la atención que en el lugar no hay voluntarios ni sociedad civil; los hubo los primeros días de la emergencia, pero al parecer se fueron cuando se dio a conocer oficialmente que aquí ya no había sobrevivientes y que "Frida Sofía" nunca existió.

Falta poco para la hora de comer. Los alimentos preparados han llegado así que en la cocina se alistan ya las ollas con sopa, chicharrón en salsa verde y frijoles. Pronto mi presencia estará de sobra porque nadie quiere comer con agua y buscarán preferentemente jugos o bebidas azucaradas para acompañar sus alimentos.

Por eso hago mi última parada en los camiones del Ejército estacionados sobre División del Norte, donde se encuentran cinco hermosos perros rescatistas, todos pastores belgas. Están con sus adiestradores y montan guardia en espera de ser requeridos, aunque oficialmente el domingo 23 se informó que el último cuerpo ya había sido recuperado del lugar.

ERIKA FLORES
Perros de rescate aguardan entrar en acción... desafortunadamente, para el 23 de septiembre sus servicios ya no eran requeridos en el Colegio Enrique Rébsamen.

Una de policías contra soldados peleando por el control del Rébsamen

Los vecinos que encuentro me cuentan una historia peculiar que ningún soldado, marino ni policía federal contará. Dicen que la tarde del 19, cuando iniciaron las labores de rescate en el Rébsamen, presenciaron algunas disputas porque la Marina entró en pugna con la Policía Federal para ver quién asumía el control de mando en el lugar. A pesar de que la PF fue la primera en arribar, la Marina argumentó tener mayor rango y jerarquía. De ahí que los trabajos iniciales y la coordinación de los esfuerzos de rescate fueran un tanto atropellados pues mientras los marinos apuntalaban una parte del edificio, los policías trabajaban en otro punto buscando rescatar más niños.

La confrontación alcanzó a los perros de rescate. La Marina priorizó el uso de sus canes y viralizó en redes el trabajo de la hoy famosa perrita Frida, pero ignoró a los binomios caninos de la PF que entraron al lugar por su cuenta. Lo mismo sucedió con los binomios que la Federación Canófila llevó como apoyo: la Marina no los dejó ingresar al colegio.

Si éstos pudieron trabajar en la zona —por breves espacios de 10 a 15 minutos— fue con autorización de la PF que se apoyó en ellos como relevo para sus canes, cansados de trabajar después de ocho horas continúas buscando vida o muerte entre los escombros, en medio del caos y decenas de personas trabajando en el mismo lugar.

Quizás esa fue la razón por la que una televisora (el viernes 22 por la mañana) dio cuenta del agotamiento de Titán, otro de los perros rescatistas de la Marina que tras 48 horas de labor ininterrumpida, tuvo que ser enviado a descansar y atendido con terapia intravenosa.