MÉXICO

"Los vidrios estallaron, corrí y en 3 minutos el edificio ya no existía"

Un edificio en las calles de Medellín y San Luis Potosí se derrumbó.

24/09/2017 5:00 AM CDT | Actualizado 24/09/2017 11:45 PM CDT
AFP/Getty Images
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La diseñadora Daniela de la Rosa caminó rápido por el pasillo que daba a la calle. Antes de salir del edificio, la compañera de trabajo que iba delante de ella se detuvo. La sujetó de los hombros y le dijo "muévete, por favor". Las dos sincronizaron sus pasos. Cerca de la puerta cayó una nube de polvo que le hizo cubrirse la cabeza con las manos hasta que finalmente salió.

"En lo que pensaba era en salir, salir, salir", recuerda. Le tomó 30 segundos caminar de su escritorio a la calle de Medellín. Lo primero que se le vino a la mente fue su hija de 2 años. "Quería llamar, asegurarme de que estuviera bien". Pero su celular se quedó adentro del edificio.

En la calle, decenas de personas esperaban a que pasara el temblor. Luego, vino el caos. Una mujer gritaba "Noooo, noooo". Otra sollozaba sentada en la banqueta. A Daniela le brotaban lágrimas. Cuando su esposo le respondió el Whatsapp que mandó de un celular prestado, se tranquilizó un poco.

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Ella y varios de sus compañeros dialogaban en la acera de enfrente sobre qué hacer con las pertenencias dentro del edificio de Medellín 176. "Estaba chueco. Vimos que los vidrios de la calle estaban trozados, estrellados y en pico. Se veía raro. No se vía como lo teníamos en la mente, en el recuerdo. Estaba inclinado", dijo.

Daniela quería regresar por su celular para saber de su hija. Al final decidió no entrar, pero otros de sus compañeros sí lo hicieron y sacaron varias pertenencias, entre ellas su bolsa sin teléfono. "Está muy feo allá adentro, mejor ya vámonos", le dijeron. Otros volvieron a subir por una segunda ronda de pertenencias. Habían pasado 40 minutos desde el temblor.

De pronto, una explosión. El edificio se vino abajo. La gente gritaba y corría por todos lados.

"Los vidrios estallaron al mismo tiempo. Se hizo una polvadera. Tierra, escombros, todo brincó. No se veía nada, solo polvo, nubes de polvo, y luego empecé a distinguir rostros. Le dí a la chica que estaba conmigo un chaleco para que se cubriera la boca, yo empecé a toser y me cubrí con el brazo", relata.

Ellas y otras personas se echaron a correr hacia Insurgentes. En el camino la gente les gritaba "¿están bien?, ¿están heridos?" Estaban llenas de polvo, de pies a cabeza. Pasaron 3 minutos cuando Daniela volteó. "Ya no existía el edificio". Una compañera les gritó "Avancen y no volteen, por favor, no volteen".

Tras el derrumbe del edificio, los brigadistas rescataron de los escombros a tres personas vivas y cuatro muertas, según el último dato de Protección Civil citado por El País.

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Un edificio se colapsó entre las calles de Medellí­n y San Luis Potosí.

Un camino de pánico

En Insurgentes, Daniela se despidió de sus compañeros. Se percató que no había servicio de Metrobús y decidió caminar por el carril confinado a este transporte. A su lado, decenas de personas asustadas, tratando de llegar a casa.

"Fue muy duro tener que caminar entre estación y estación de Metrobús y ver los edificios sobre Insurgentes", relata. "No quería caminar por las banquetas, tenía mucho miedo. Sentía que en cualquier momento, cualquier edificio podía colapsar", dijo.

El sol ardiente la agotaba a cada paso. "Quiero ver a mi familia, quiero a ver a mi familia", pensaba Daniela. "Cada vez falta menos, me tengo que mantener a salvo. Voy a llegar a abrazar a mi hija, a ver a mi esposo y a mis papás".

Antes de llegar al metro Revolución tuvo que parar. "Me empezaron a dar palpitaciones, sentí las manos hormigueandome, me empecé a sentir muy mal. Me sentía completamente sola y estaba rodeada de gente. Sentía que me podía pasar algo y que nadie más iba a saber nada de mí", relata.

Daniela se acercó a una mujer desconocida para preguntarle si podía caminar junto a ella. "Ya no me quería sentir sola. Estaba cansada de la caminata y de estar sola con mis pensamientos, porque me estaban haciendo que me dieran esos ataques".

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Poco a poco fue sorteando obstáculos. Logró entrar al metro sin tarjeta, trató de estar calmada al ver a aquella mujer llorar dentro del vagón y de ser paciente con el paso lento del Metro. Hasta que al fin estuvo en la puerta de su casa.

Del otro lado estaba su mamá. Daniela por fin se permitió llorar. Abrazó a su mamá, a su hija y a su padre. Luego a su esposo. "Sentí que me regresó el alma", relata.

"En ese momento me di cuenta de lo increíblemente afortunada que soy". La emoción que le provoca contar lo que vivió la hace detenerse y soltar algunas lágrimas. Es una sobreviviente de la tragedia.

"Soy afortunada por tener una familia, por no haber estado en el momento incorrecto, por no regresar por mis cosas y prácticamente por seguir viva. A pesar de que tengo mucho miedo todavía, de que no puedo dormir tranquila, de que no me puedo concentrar, de que la comida de repente no me sabe a nada, de que siento que en cualquier momento nos puede pasar algo. A pesar de todo eso, me siento y me considero completamente afortunada por haber vivido algo así y estar contándolo".