MÉXICO

#Los4milOlvidados: Desde las entrañas de un albergue de CDMX

HuffPost México accedió al albergue Coruña Hombres. A continuación presentamos algunos de los testimonios que recogió entre usuarios y empleados.

31/08/2017 4:25 AM CDT | Actualizado 31/08/2017 4:25 AM CDT
NELLY SALAS/ CUARTOSCURO.COM

Inmediatamente que cruzas la puerta de un albergue, te cuestionas cómo es posible que alguien pueda vivir así. Decenas de hombres caminan a lo largo del patio, de un lado a otro, como si fueran zombis. Algunos descalzos, otros con zapatos de diferente modelo y número. Los que no caminan, están tirados en el piso o abrazándose las rodillas, porque sus desórdenes mentales son severos. Muy pocos interactúan entre ellos.

Voltear de lado a lado no cambia el panorama, la escena se repite, salvo algunos adultos mayores, hombres maduros y jóvenes que se encuentran postrados en sillas de ruedas apenas funcionales.

HuffPost México consiguió infiltrarse en el albergue Coruña Hombres, ubicado en la colonia Bellavista, cerca del metro Periférico Oriente, de la Línea 12, en la delegación Iztapalapa.

El Centro de Asistencia de Integración Social (CAIS) pintado con los colores del gobierno de CDMX (rosa y blanco) contrasta con el impecable aspecto del vecino de al lado: el edificio del Centro de Rehabilitación e Inclusión Infantil de Ciudad de México, conocidos popularmente como centros Teletón, que desde el inicio de su construcción colocó una cerca de al menos seis metro de altura para delimitar la frontera que lo separa del refugio donde habitan más de 100 hombres, muchos de ellos con discapacidad intelectual.

"Seguro para que no se fuera a saltar uno de los loquitos", ironiza uno de los trabajadores del CAIS.

Jimena García Lira

En el enorme inmueble que también es vecino de una unidad habitacional, hay desde jóvenes de 17 años hasta ancianos octagenarios. En un día, solo dos de ellos recibieron visitas.

Los afortunados son dos abuelos. Al primero, una pareja de buen vestir le da una palmada en la espalda cuando se retira diciendo: "ya te dije que te portes bien". Al otro lo visita una mujer de más de 60 años con un piercing en la nariz y con chaqueta plateada que cuenta que no es su familiar, sino su amiga.

"Este albergue está mejor que Plaza del Estudiante. Allá ni cabían, luego", comenta sonriendo la amiga. Agrega que tiene a otra conocida en Villa Mujeres y que las veces que la ha visto, le ha dicho que "preferiría estar muerta". Vuelve a mostrar los dientes.

En el patio, donde hay unas canastas de básquetbol, se escucha una bocina zumbar con canciones de banda o merengue y una que otra electrónica de Martin Garrix. Uno de los habitantes trata de bailar con otro, mientras que un tercero que tiene las cuerdas vocales quemadas, intenta cantar y lanza una carcajada que deja ver los últimos dientes que le quedan. Sostiene una botella vacía de refresco a manera de micrófono.

Dentro de los baños a los que pueden acceder las visitas, no hay ningún tipo de papel, el agua corre a cuentagotas y el jabón que hay es en polvo. Hay varias hileras de casilleros golpeados y con la pintura desgastada. A los sanitarios y regaderas de los usuarios no se tuvo acceso.

A unos pasos de la entrada al comedor, una mierda intacta yace en el piso, superada hábilmente por la concurrencia que se encamina a saciar el hambre.

Unos ventanales permiten ver que, en lo alto y al centro del comedor se encuentra una figura de la Virgen de Guadalupe enmarcada por una serie de luces de colores. En las demás ventanas se alcanzan a distinguir las camas, compuestas por una base individual de fierro, una colchoneta azul y una cobija.

Hay zonas donde el olor a orines causa picor en la nariz, principalmente en los pabellones donde duermen los usuarios. En la parte trasera hay un huerto, el cual separa a Coruña del centro Teletón.

Daniel Perales | http://www.24-horas.mx/vigente-el-litigio-por-predio-donado-al-crit/

Algunos de los residentes se acercan curiosos porque quieren contar "los secretos" que guarda este albergue dependiente de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) CDMX y que es considerado por ellos mismos, el 'menos peor' de todos.

"El de Plaza del Estudiante es de los peores, junto con Villa Mujeres y Cuemanco", coinciden los que aún conservan la poca cordura que les queda tras el abandono de sus familiares, enfermedades mal tratadas o accidentes que derivaron en la amputación de extremidades.

A continuación presentamos algunos de los testimonios que recogió este medio entre usuarios y empleados.

Las voces de Coruña

HuffPost México decidió guardar la identidad de algunos trabajadores para evitar cualquier tipo de represalia.

Mario está en silla de ruedas. Cuenta que hace tiempo fue atropellado y que, ante la falta de recursos y de una atención médica adecuada y oportuna, a la cual tampoco puede acceder en un albergue, sus piernas quedaron destrozadas.

Pese a que sus huesos no "soldaron" y sus piernas cicatrizadas se doblan con la facilidad en que se emplea una plastilina, se levanta y presume que gracias a su voluntad, ya puede caminar.

"Mira, ya camino. Ellos se burlaban de mí porque me decían que yo ya no iba a volver a caminar y mira, ya puedo", cuenta orgulloso.

Dice que desde 2013 llegó a los albergues. Asegura que ha sido testigo de golpizas a ancianos residentes tanto en el de Coruña Hombres como en el de Plaza del Estudiante. Incluso ha denunciado al propio personal del Instituto de Asistencia e Integración Social (IASIS) ante las autoridades capitalinas, pero nadie se digna a hacerle caso, comenta.

Lo acusan de "loco". Él defiende que no todos lo están. Y él no lo parece. Cada una de las palabras que pronuncia tiene sentido en tiempo y espacio.

Mario relata que en varias ocasiones ha grabado "las injusticias" ocurridas en los CAIS, por lo cual se le ha intentado echar a la calle en repetidas veces a causa de su "rebeldía", pero dice que él no les tiene miedo.

"Yo les he dicho sus cosas. Maltratan a los abuelos. Les pegan en las costillas, les avientan la caca. La levantan del piso y se las avientan. El peor es Plaza del Estudiante, a mí me echaron hace poco y me mandaron acá (Coruña), porque les iban a caer los de derechos humanos y no quieren que yo hable", denuncia.

Comparte que en internet pueden encontrarse algunos de sus videos de denuncia, los cuales fueron hallados y están fechados el 26 de febrero de este año.

Trabajadores de Coruña denunciaron a este medio que la desatención y corrupción de los directivos es tal y tan descarada, que mucho del personal, incluyendo médicos, acuden a sus labores en estado alcohólico o peor.

"Muchos de ellos utilizan las instalaciones para emborracharse, por eso no hay atención médica y luego se mueren (los usuarios). Por ejemplo, luego llega una de las compañeras bien borracha y se duerme en consultorio para bajarse la peda. Y eso no es todo, hay otro que hasta se mete sus toques por donde está el huerto", describe uno de ellos.

Cuestionados sobre el maltrato a los ancianos, admiten que es una realidad.

"Sí, claro. Les pegan, los azotan cuando los acuestan, los pellizcan. A otros, a los que están en sillas de ruedas, pasa uno bien grandote y les da de zapes en la cabeza. No hacen nada (los directivos ni los propios trabajadores). Nadie quiere hacer nada", sentencia uno de los empleados.

Inmediatamente interviene otro trabajador y cuenta que en Cascada ni siquiera tienen en dónde dormir.

"Si en Cascada también tratan muy mal a las abuelas. No tienen ni camas, nos acaban de decir que ya no tienen ni colchonetas y que están durmiendo en los alambres. Las puras bases de las camas y todavía van y las avientan".

Revelan que es "bien sabido" que en los albergues ocurren abusos sexuales entre residentes, y hasta cometidos por el propio personal.

"Luego van y nada más dicen: 'ay, ya se penetraron', en lugar de hacer algo para impedirlo. Hemos pedido que se manden especialistas, gente que realmente quiera ayudar como muchos de los que estamos aquí, pero no pasa nada.

"Ah, porque también están las que se han involucrado con los mismos compañeros o con los que habitan en los albergues. Hasta se los han llevado a vivir a sus casas. Es una realidad terrible. Si dicen que estar aquí es igual que estar en la cárcel", cuenta otro trabajador.

Consideran que muchas de las carencias dentro de los CAIS se deben, entre otros aspectos, a la falta de humanidad y a la designación de personal incompetente, del cual se sabe, son asignados arbitrariamente por el propio IASIS y los sindicatos del gobierno de Ciudad de México.

"Si hay un bonche de carpetas con recomendaciones para los albergues, pero nunca se ha hecho caso, y cada vez estamos peor. La corrupción es tal que no les importa nada", sentencia otro testimonio.

Los residentes también quieren confesar su pesar. Uno de los ancianos, con los dedos de manos y pies con deformaciones (que pareciera tuviera artritis reumatoide), señala resentido que él ofreció su ayuda a los directivos para mejorar la calidad de las sillas de ruedas.

"Yo les dije que les ayudaba a arreglarlas, porque yo sé hacer eso y me lo negaron. Yo iba a poner mi herramienta y todo, y solo me dijeron que no", comenta decepcionado desde su silla de ruedas.

Y también hay quienes dicen estar "bien", como un joven de 27 años a quien le dicen el Pestañas.

"Sí, aquí estoy bien. Estoy aquí desde hace unos años porque mis papás no me quieren", confiesa.

Otro residente en silla de ruedas se acerca y cuenta que es de Coyoacán, que desde muy joven le gustaban los conciertos y la marihuana, la cual asegura lo salvó de la muerte.

"Yo me quedé sin piernas por el tren. A mí me gustaban los conciertos y la mota. Un día me intenté ir a un concierto en Cuernavaca (Morelos). Me caí del tren y se me cortaron las piernas.

"Ya nada más me amarré parte del pantalón en lo que me quedaban de piernas y en mi bolsa de la camisa traía mota, me puse a fumar y ya hasta que me llevaron al hospital. Me preguntaron que si iba drogado y les dije que sí, me dijeron que gracias a la marihuana y lo que me puse, no me desangré", relata.

A un residente con síndrome de Down y con discapacidad intelectual, su familia lo dejó en el hospital desde su nacimiento.

A un anciano su propia familia lo abandonó. Se trató de un engaño: todos se subieron al coche. De pronto, un 'desperfecto' les obligó a parar. Lo bajaron en lo que ellos 'echaban a andar el carro'. Momentos después el auto arrancó y aceleró, mientras el hombre lo miraba alejarse desde una banca, en compañía de una caja con sus pertenencias.

Si algo quieren todos ellos es tener a alguien que los escuche.

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