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No sólo Estados Unidos: así hacen estos países para conmemorar sus atrocidades pasadas

El debate estadounidense sobre las estatuas confederadas también se vive en otras naciones, como México

24/08/2017 10:50 AM CDT | Actualizado 24/08/2017 11:32 AM CDT
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Una vez más, Estados Unidos se debate con el tema de los monumentos públicos confederados (en honor al bando confederado de la guerra civil), que se convierten en puntos de reunión para los supremacistas blancos.

El tema se intensificó este mes después de que una mujer muriera y docenas resultaran heridas en Charlottesville, Virginia, durante una manifestación de la supremacía blanca contra la remoción de una estatua del general confederado Robert E. Lee. Los ayuntamientos y las universidades se han movido desde entonces para derribar varios monumentos polémicos, mientras que los manifestantes han derribado a otros.

Aunque el debate sobre las estatuas confederadas es únicamente americano, la cuestión de cómo una nación debe conmemorar partes dolorosas o divisivas de su pasado es un tema que muchos países todavía luchan por abordar. Algunos han optado por eliminar completamente monumentos o edificios notorios, mientras que otros los han recontextualizado o han construido otros nuevos en su lugar. Cualquiera que sea el resultado, el proceso es a menudo motivo de disputa.

La mayoría de los países han sido muy reacios o simplemente no saben cómo conmemorar períodos de vergüenza o crímenes nacionales perpetrados en el nombre de su nación. Ningún país es muy bueno en ello y tampoco hemos sido muy buenos nosotros", dijo James E. Young, profesor emérito de la Universidad de Massachusetts Amherst, quien ha consultado a los gobiernos sobre cómo conmemorar sus pasados.

  • En México

En México, los sitios que honran a figuras polémicas del pasado del país también se han convertido en objetos de remoción o de ira pública. En 1981, el presidente José López Portillo instaló una estatua del conquistador español Hernán Cortés, que conlleva un brutal legado colonial, en la ciudad de México. Duró un año antes de que la subsecuente administración presidencial la quitara.

Una estatua del ex dictador mexicano Porfirio Díaz, develada en 2015, también provocó protestas, con manifestantes en la ceremonia clamando que se quitara. Todavía está en pie.

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México también ha construido monumentos para sus tragedias nacionales. Uno de ellos es uno en la ciudad de México por los cientos de estudiantes manifestantes asesinados por las fuerzas gubernamentales durante la masacre de Tlatelolco en 1968, cuando la policía y las fuerzas armadas abrieron fuego contra la multitud.

Otro monumento no oficial se encuentra en el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, para homenajear a los 43 estudiantes desaparecidos que se presumen muertos después de que desaparecieron tras un ataque de la policía en 2014.

  • Europa

En Europa, muchos estados post-soviéticos han optado por derribar las estatuas de Josef Stalin y Vladimir Lenin que salpican sus ciudades bajo el régimen comunista. Ucrania, por ejemplo, ha eliminado más de 1,000 estatuas de Lenin después de la expulsión de su presidente pro-Rusia en 2014.

Pero algunos antiguos estados comunistas han decidido mover sus monumentos de la era soviética a algún otro lugar o alterarlos para darles un nuevo significado. Por ejemplo, Hungría mantiene muchas de sus estatuas de la era comunista en un parque conmemorativo, un movimiento similar ha realizado Taiwán con las estatuas de su ex líder Chiang Kai-shek.

En otros casos, los ciudadanos son los que han respondido. En 1991, un joven artista checo en Praga pintó totalmente de rosa, un monumento de un tanque soviético de la Segunda Guerra Mundial.

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En países como Italia y España, donde aún existen restos del 'ladrillo y mortero' del dominio fascista, las obras arquitectónicas, e incluso los restos humanos, han sido motivo de debate. El Parlamento español aprobó en mayo un voto no vinculante instando a la eliminación del cuerpo del ex dictador Francisco Franco de una tumba pública (algo que todavía no ha ocurrido).

Francia, mientras tanto, prohíbe cualquier monumento al gobierno nazi-colaborador de Vichy, y a partir de 2013, cambió el nombre de las calles que lleven el del líder de Vichy Philippe Pétain.

  • El caso alemán

Sin embargo, en ninguna parte de Europa se han tenido que confrontar los crímenes del pasado ​​en la misma escala que en Alemania. La memoria del país para la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto ha llevado a la preservación de algunos sitios, como Auschwitz, mientras que la mayoría de otros símbolos del gobierno nazi fueron sistemáticamente destruidos o prohibidos. En la actualidad es ilegal para los alemanes mostrar cualquier símbolo asociado con el nazismo o de Adolfo Hitler (con algunas excepciones para fines artísticos). La negación del Holocausto también es un delito procesable.

Junto con la eliminación de los monumentos al Tercer Reich, Alemania también ha construido monumentos conmemorativos y museos que conmemoran a las víctimas del nazismo. Buscando contrarrestar los grandiosos monumentos construidos por los nazis, algunos de los cuales, han tomado formas experimentales.

La ciudad de Hamburgo erigió el monumento contra el fascismo en 1986, el cual consiste en un pilar de 39 pies sobre el cual los ciudadanos fueron invitados a grabar sus nombres en solidaridad. Cuando una parte del pilar se llenó de firmas, esa sección fue bajada al suelo, trayendo una sección sin firmar hacia abajo e iniciando el proceso de nuevo hasta que finalmente todo el pilar se hubiera llenado de firmas. El trabajo duró siete años y terminó con la erección de una placa conmemorativa del monumento que decía: "Al final sólo nosotros mismos podemos resistir la injusticia".

Alemania también ha creado proyectos financiados por el gobierno federal para reparar su pasado. A mediados de la década de 1990, el país organizó concursos para diseñar un monumento para los 6 millones de judíos asesinados por los nazis. Esto provocó un intenso debate mientras artistas y políticos discutieron sobre cómo era posible conmemorar adecuadamente el Holocausto.

Una de las presentaciones de artistas para el Memorial de los judíos asesinados de Europa, propuso que Alemania destruyera la famosa Puerta de Brandenburgo de Berlín y rociara el polvo sobre el sitio del monumento, para después, cubrir el área con placas de granito. El concepto pretendía conmemorar el vacío que dejó el Holocausto con otra ausencia.

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El diseño elegido, creado por el arquitecto Peter Eisenman, abrió sus puertas en 2005 y está erigido con miles de piezas de cemento, que simulan formas de tumbas que se levantan desde el suelo, en un plano irregular.

  • En Canadá

Mientras tanto, a lo largo de Canadá, hay pequeños monumentos que se centran en la curación y comprensión del "Holocausto de Canadá", que arrancó a 150,000 niños indígenas de sus familias y los colocó en escuelas residenciales bajo el disfraz de educación.

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La norma -que Estados Unidos también persiguió- comenzó en el siglo XIX y continuó de alguna forma hasta que la última escuela fue finalmente cerrada en 1996. Los niños murieron de desnutrición y otras condiciones horribles y por generaciones fueron traumatizados por el legado de las instituciones de abuso sexual y físico.

Las iniciativas recientes de Canadá se han centrado menos en la construcción de monumentos conmemorativos y más en la eliminación de monumentos o tributos a figuras históricas notorias o polarizadoras. En junio, el primer ministro Justin Trudeau renombró el bloque de Langevin, en donde se encuentra su oficina. El homónimo del edificio era sir Hector-Louis Langevin, uno de los arquitectos del sistema residencial. La ciudad de Calgary también renombró el puente de Langevin este año.

  • Sudáfrica

Otro de los casos más cercanos y recientes del empuje de los Estados Unidos para eliminar las estatuas confederadas tuvo lugar en Sudáfrica, donde un movimiento estudiantil se levantó contra monumentos conmemorativos a figuras históricas que promovieron la segregación racial forzada.

En el año 2015, un estudiante de la Universidad de Cape Town arrojó un cubo de excremento sobre una estatua de Cecil John Rhodes, un imperialista del siglo XIX que allanó el camino para la construcción del país Apartheid.

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El movimiento estudiantil de Sudáfrica contra Rodas y otras figuras coloniales creció en tamaño y se extendió a otros campus. Las demostraciones eventualmente llevaron a la universidad a remover la estatua de Rodas y obligaron al gobierno a proponer un plan para crear "parques comunes" que situaban las estatuas en un contexto que hablaba de la historia del país.

El Departamento de Arte y Cultura de Sudáfrica dijo a HuffPost Sudáfrica que comentaría a principios de septiembre sobre el progreso de ese proyecto.

Los diferentes enfoques para conmemorar las atrocidades y dolorosas historias nacionales muestran que Estados Unidos sí podría abordar el tema de sus monumentos confederados de varias maneras. Pero es posible que el país siga estancado en este debate durante algún tiempo.

Hasta ahora, las acciones sobre estatuas confederadas y otros monumentos polémicos han sido pocas y realizadas principalmente a nivel local, dados los enormes obstáculos para un proceso nacional coherente para tratar con el tema. El presidente Donald Trump se ha opuesto repetidamente a su remoción y ha utilizado el tema para irritar a muchos.

La historia y la cultura de nuestro gran país está siendo destrozada", ha dicho Trump, a medida que las estatuas confederadas bajan.

Reiteró su oposición a su remoción durante una manifestación al estilo de la campaña en Phoenix, del martes pasado. Las encuestas muestran que el público también está dividido sobre qué hacer con las estatuas; una mayoría quiere que permanezcan en su lugar.

Pero el continuo ascenso y caída de monumentos en todo el mundo también muestra que, independientemente de su historia, los monumentos no son tan permanentes como parezca.

Los monumentos nunca son perpetuos o construidos para perpetuidad, están construidos para durar tanto como la generación que los construyó. Vienen a ser como una producción cultural, son recibidos, sus significados cambian y cuando el tiempo se acaba, se van. Al igual que cualquier otra producción humana", agregó.

Andree Lau contribuyó a este informe de HuffPost Canadá, Marc Davies contribuyó de HuffPost Sudáfrica, Alexandre Boudet contribuyó de Le Huffington Post, Sebastian Cristo contribuyó de HuffPost Alemania, Alejandro Angeles contribuyó de HuffPost México.

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