VOCES

Por qué (o por quién) decidí tomar y regalar vino mexicano

Ninguna publicidad ni marketing como un gran conocedor

17/08/2017 6:40 PM CDT | Actualizado 18/08/2017 11:26 AM CDT
Monte Xanic

Hace un par de semanas, en las fiestas de la vendimia, durante una de las comidas de celebración de los 30 años de Monte Xanic, recordé que me gusta contar esta historia...

Monte Xanic
Hans Paul Backhoff y Hans Joseph Backhoff. Padre e hijo, talentazos para el mundo vinícola mexicano.

Era 2011 cuando llegó a visitarme a la oficina Hans Joseph Backhoff. El director de la casa vinícola desde 2008, me dijo que antes había trabajado en Chateau Lafite Rothschild y Calon Segur en Burdeos, y también en Chalone Wine Group, en California. Luego ahondó en lo que estaba haciendo con la empresa que había fundado su padre, en 1987: Monte Xanic. Hans, un convencido de que el vino mexicano tenía futuro, estaba implementando lo que su experiencia y el MBA le habían enseñado.

—¿Conoces el Valle? —me preguntó-

—No. Conozco Parras, Casa Madero, nada más.

—Tienes que venir al Valle, Laura — me dijo.

Y sin esperar a que fueran las fiestas de la vendimia celebradas comúnmente en agosto, organizó algo muy particular. Tres días completos con personajes como Enrique Olvera, Alejandro Ruiz y Pablo Ferrer, además Hans padre y Hans hijo en un viaje para conocer a fondo el Valle de Guadalupe. Ni tarda ni perezosa. Invité a mi hermano Alfredo, mi sommelier de cabecera, y volamos a Tijuana.

Bloomberg via Getty Images
Foto: Guillermo Arias/Bloomberg via Getty Images

Monte Xanic

Visitamos los viñedos y la bodega, que aun no estaba remodelada. Recuerdo que lo que más me gustó fue la cava subterránea con muros naturales de roca. Luego, bajamos al lago, y mientras Enrique Olvera nos preparaba un pescado con diversos vegetales del huerto de la vinícola (incluyendo salicornia, que probé por primera vez), brindamos con Calixa rosado. La comida la maridamos con un Sauvignon Blanc Viña Kristel. La plática del Doctor Backhoff (el fundador, Hans papá) era francamente excepcional. Además del paisaje de ese lugar, en cada palabra de Hans se notaba la pasión con la que decidió sembrar vid cuando había 5 o 6 bodegas en los valles aledaños a Ensenada, cuando la historia de la industria del vino en nuestro país ha tenido que enfrentar tantos retos y obstáculos.

Por la noche, cenamos en casa de Eileen y Phil Gregory. Una pareja de ingleses que después de navegar durante algún tiempo, compró 70 acres de tierra en el Valle para ejercer sus principios orgánicos. La Villa del Valle se llama su lugar. Probamos el Gran Ricardo, la joya de la corona. Una mezcla de 63% Cabernet Sauvignon, 27% Merlot y 10% Petit Verdot. Este vino ha ganado más de 30 premios internacionales desde su primera edición. La plática se alargó hasta entrada la madrugada.

Monte Xanic
La Villa del Valle

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La pareja inglesa, propietaria de La Villa del Valle

Regis Duvignau / Reuters
REUTERS/Regis Duvignau

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Al día siguiente, nos levantamos antes de las 6:00 am para ir a navegar. Hans invitó a los chefs Alejandro Ruiz y Daniel Ovadía a ir con nosotros en la embarcación. Llegamos hasta las granjas de ostiones y atún. Particularmente, las de atún son una joya, ya que crían a enormes y finos animales que venderán en Japón, un mercado de lujo. Mientras Pablo Ferrer (socio fundador y director general de la comercializadora El Sargazo) nos explicaba el asunto de la pesca, comimos ostiones frescos. Hans y Pablo juzgaron severamente a quien osaba ponerles más de dos gotas de limón, ya no se diga de la Valentina. Bebimos vino. "Al doctor Hans se le estima pronto", pensé. A pocas horas de haberlo conocido, reíamos a carcajadas. Y yo tengo claro que no era particularmente por mí. Hans es de un carisma brutal y de una sensibilidad profunda, imprescindible en un gran hacedor de vinos.

Regresamos a tierra varias horas después y pasamos al puesto de La Guerrerense. Hans me recomendó probar la tostada de almeja pismo y erizo. "Imperdible", insistió y él mismo me la pidió por si no me atrevía yo. Ese primer bocado de erizo se queda para siempre en la memoria.

De hecho, mi primer post en Instagram es precisamente este:

Enrique Olvera en la guerrerense, Ensenada #Mexico #mexicancuisine

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Visitamos también el mercado negro de Ensenada, luego pasamos a una granja de ganado Wagyu y más tarde una fábrica de quesos. En Mogor Badan, Natalia Badan (hermana del fundador) nos dio un pequeño tour por su huerto y luego nos llevó a conocer la bodega donde producen vino de forma orgánica. Así, seguimos bebiendo.

Pasaban las horas y yo mareada del barco, desvelada, con exceso de vino y de comida, y al parecer muy poco aguante. Mientras, Hans papá, de una sola pieza. Entero, bromeando, brindando y contando sus innumerables anécdotas. Yo no entendía la manera de llegar a su nivel de energía, aunque la estaba pasando increíble. Hans, insisto, entero. Con 65 años en ese entonces, entero. "Este hombre no solo es de pronta estima y admiración, es también un roble", pensé.

Fuimos a cenar a Laja, del chef Jair Téllez, y uno de los primeros en sofisticar la gastronomía de la región, además de cocinar con los productos de su propio huerto. "Laja abrió en 2001, antes de que todo esto fuera un destino de moda", me contó Hans, cuando sirvieron el primer plato: sopa de betabel.

Yo le había dicho al buen hombre que era súper gourmet, que me encantaba comer y beber buen vino, y es cierto, pero sorpresa que se llevó cuando tuve algunos problemas en el momento en que me ofreció ostiones por la mañana en la embarcación, luego con la cara que hice al probar el erizo, y durante la cena con un par de platillos con betabel. Me sentí una farsa ante el señor enólogo. Pero fui sensata y valiente, lo prometo. Comí ostiones y ahora como ostiones. Comí erizo y ahora como erizo. Comí betabel, aunque no como tanto betabel ahora.

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Al terminar la cena, Hans hijo dio unas palabras.

Entonces entendí la grandeza del lugar y el amor que por México tiene no solo la casa Monte Xanic sino todos los que habitan el Valle y sus alrededores. "De hoy en adelante consumiré mucho más vino mexicano y sólo regalaré vino mexicano", le comenté en corto al Doctor Backhoff.

—Tienes que volver al Valle, Laura —dijo.

Todavía la sobremesa duró buen un rato más... Hans, entero hasta el final.

Volví al Valle un par de veces antes de encontrarlo de nuevo hace dos semanas que estuve en el festejo de los 30 años de la vinícola.

—Laura, ¿cómo estás? —me preguntó. "¡Qué gusto verte...!"

Platicamos antes de pasar a la cata en la que presentarían dos nuevos vinos... "Gran tipo "pensé de nuevo".

Buen viaje, Hans. Gracias por esta historia y gracias por lo que aportaste al vino mexicano, que es mucho.

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