NEGOCIOS

El abuso que vivió este zacatecano lo llevó hasta Washington

Incluir los derechos laborales en el TLCAN ayudaría a los mexicanos.

15/08/2017 4:50 PM CDT | Actualizado 15/08/2017 5:16 PM CDT
Centro de los Derechos del Migrante
Leonardo Cortez, trabajador y líder migrante, tras su participación en las audiencias de la USTR en Washington.

Un zacatecano de 53 años se plantó frente a un grupo de funcionarios de Trump. Los burócratas abrían los ojos cada vez que Leonardo Cortez les contaba una parte de su historia desmontando juegos mecánicos en Virginia. Después pasaron al silencio cuando el mexicano les contó que sus empleadores estadounidenses le quitaron la visa para obligarlo a trabajar por un salario mucho menor al prometido.

Leonardo es un mexicano que trabajaba en EU legalmente jugando bajo sus reglas. Pero que pese a cumplir, fue maltratado y mal pagado por un trabajo que, de por sí, ningún ciudadano estadounidense quería hacer.

Fue en junio cuando viajó a Washington. Participó en las audiencias que organizó la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) sobre la renegociación del TLCAN, un tratado que dejó fuera hace más de 20 años los derechos de los trabajadores migrantes.

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Leonardo es miembro del Centro de los Derechos del Migrante, una organización que asiste y ayuda legalmente a inmigrantes mexicanos y que ahora lucha porque sus derechos laborales se incluyan en la modernización del tratado.

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Leonardo enviudó en 2001 con dos hijos pequeños -un niño de 4 años y una bebé de 7 meses-. Su salario como albañil en Plateros, una comunidad a 6 kilómetros de Fresnillo, en Zacatecas, no le alcanzaba para mantener a su familia y alguien le había contado que el gobierno municipal estaba ofreciendo trabajos en Estados Unidos, con paga en dólares.

"Siempre he sido obrero, en la construcción. Cuando salió esa posibilidad dejé de trabajar aquí para poder irme a Estados Unidos", cuenta en entrevista con el Huffpost México. Tramitó su visa laboral -la H-2B que el Gobierno de Estados Unidos da a trabajadores no agrícolas- y se fue rumbo a Texas.

"Aquí estamos en la gloria, en comparación con nuestra tierra", recuerda sobre lo que pensó cuando le pagaron su primer cheque en dólares."Era mucho dinero a comparación del salario que tenemos acá en México", dijo.

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Haciendo las cuentas, Leonardo tenía razón. Su empleo colgando vacas muertas en ganchos en una empacadora de carne en Corpus Christi era mucho mejor pagado que cualquier trabajo en Zacatecas en esos años.

Entonces el zacatecano ganaba entre 700 y 800 pesos a la semana como asistente de albañil. Un trabajo de todo el día -que aprendió de su padre- y que él describe como "muy matado". En Estados Unidos ganaba 6.75 dólares la hora (62 pesos entonces) por 40 horas a la semana, lo que le dejaba un sueldo de 270 dólares o 2 mil 484 pesos semanales.

"Con el dolor de mi corazón salí a trabajar abandonando a mis hijos, aunque no por completo porque los encargaba con sus abuelos maternos", dijo. "Era la oportunidad de hacer un poquito de dinero para ofrecerle a mi familia una mejor vida, eso era lo que me motivaba".

Leonardo no se quedaba en Estados Unidos. Llegaba en marzo, durante la primavera, y regresaba en invierno a Zacatecas, en noviembre. Durante 5 años así trabajó. Le ofrecían un empleo, ganaba dólares y se regresaba 9 meses después.

Pero en 2006 todo cambió. Eran menos los zacatecanos que salían en autobuses a la frontera y más los mexicanos norteños los que aceptaban los empleos y las ofertas laborales en Estados Unidos escaseaban.

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"Los reclutadores estuvieron haciendo negocios con nosotros y a las compañías ya no les agradó eso porque estaban cobrando mucho", recuerda Leonardo. "Ellos nos los dijeron (los empresarios) que ya estábamos saliendo muy caros. Pero les interesaba mucho nuestro trabajo, porque era barato y éramos, nos dijeron, muy responsables".

En ese año, le ofrecieron un empleo que sonaba bien, pero terminó muy mal.

Secuestro, abusos y maltrato en Virginia

Como desmontador de juegos mecánicos le ofrecieron una paga de 150 dólares al día, mucho más de lo que ganaba en la empacadora texana. Por eso se subió al camión con otros zacatecanos rumbo a Monterrey, Nuevo León, en la frontera con EU.

Pero ahí, sus contactos de Zacatecas los dejaron con otras personas desconocidas, reclutadores, que les cambiaron todo el panorama: ya no serían 150 dólares al día, sino 500 a la quincena (un tercio de lo que les prometieron).

Cuando Leonardo protestó, le contestaron: "Ahorita que estamos todavía en México es muy buen tiempo para que te regreses". Pero ya había pedido prestados 7 mil pesos para llegar hasta Monterrey: mil 500 pesos del camión, 2 mil 200 pesos de la visa y 3 mil 300 del pasaporte.

Regresar a Zacatecas no era una opción.

"Ahí en Monterrey nos dijeron esas personas: miren muchachos, los camiones salen a las 5 de la tarde, no van a ir todos al mismo lugar, pero va a ir un representante con ustedes que se va a llevar sus pasaportes", relató.

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Los reclutadores fueron repartiendo a los migrantes en diferentes estados, como Carolina del Norte y del Sur- donde estaban ubicados los carnavales en los que desmontarían los juegos. A los últimos siete migrantes, donde estaba Cortez, los llevaron a Virginia. Les retuvieron los pasaportes y las visas.

"Haga de cuenta que andábamos de indocumentados porque ellos tenían nuestros pasaportes. No nos movíamos muy confiados a las tiendas a buscar víveres, por el temor de que nos fuera a agarrar migración, ni con qué comprobar y eso que andábamos legales allá", recuerda.

Después de 15 días de trabajo, el cheque que llegó a las manos de Leonardo era mucho más bajo de lo prometido en Monterrey: solo 220 dólares (2 mil 400 pesos), que no le alcanzaban ni para pagar los préstamos ni para regresar a Zacatecas.

Aún así Leonardo intentó recuperar sus papeles y buscar la forma de regresar. No pudo.

"Los empresarios no nos querían entregar los documentos porque decían que habían pagado por ellos (...) querían forzarnos a trabajar para ellos".

Una colombiana, esposa del dueño de una tienda en las cercanías del carnaval, fue la que les ayudó. Amagó a los empleadores con traer al abogado del cura de esa comunidad para denunciarlos penalmente por maltrato. Los estadounidenses accedieron dar a los trabajadores 80 dólares por desmontar los juegos de ese día para que pudieran regresar a México.

Quieren derechos laborales en TLCAN

El Centro de los Derechos del Migrante (CDM) ayudó a Leonardo Cortez a denunciar a los empleadores que lo maltrataron en Virginia. La organización fue la que le ofreció la oportunidad de representar a la comunidad de trabajadores migrantes en Washington y contar su historia.

En esas reuniones con los funcionarios de la USTR en Washington también habló Elizabeth Mauldin, directora de incidencia política del CDM, quien asegura que dejar fuera del TLCAN los derechos de los migrantes ha provocado más abusos y un complicado camino para que puedan defenderse ante la ley estadounidense.

"Si el trabajador se queja, lo que pasa es que los empleadores los reportan como si hubieran abandonado el trabajo. Entonces, como las visas están atadas a ellos, los trabajadores temen represalias y no reportan los abusos", dijo en entrevista con el Huffpost México.

Actualmente un trabajador mexicano solo puede recurrir al Acuerdo de Cooperación Laboral de América del Norte (ATLCAN) para pedir al gobierno de Estados Unidos que revise estos abusos y que respeten sus derechos.

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"Pero el proceso es muy complicado y, como el acuerdo es alterno y no parte del TLCAN, (los trabajadores mexicanos) no tienen siempre los mismo derechos como si se quejaran por otros medios. Lo que queremos con la renegociación es que incluyan estos derechos dentro del tratado", dijo Maulin.

Explicó que incluirlo en el TLCAN daría más fuerza a las herramientas para defender a los trabajadores mexicanos, pero advirtió que debe vigilarse que en la renegociación no se quiten los ganados durante los 23 años que lleva el acuerdo comercial.

Además, Mauldin dice que incluir los derechos de los trabajadores mexicanos es vital en la actual administración de Donald Trump, porque los migrantes se sienten más vulnerables y temerosos de ser deportados.

"Los que no tienen documentos temen por su estatus migratorios y los que sí tienen visa tienen miedo de denunciar abusos laborales por temor a represalias, a que le quiten sus visas", dijo.

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