MÉXICO

Rius, el monero que pactó con el diablo para cambiar los hábitos del mexicano

Los discípulos de Eduardo del Río platicaron con el HuffPost sobre el legado del célebre historietista, distinguido ateo y mordaz crítico del régimen autoritario que estuvo a punto de asesinarlo.

09/08/2017 5:00 AM CDT | Actualizado 09/08/2017 8:26 AM CDT
Cuartoscuro

Nadie sabe con exactitud cuándo ocurrió aquello, pero el monero Eduardo del Río, mejor conocido como Rius, un buen día pactó con el diablo. Todo con el fin de convertir a dóciles creyentes en fieros críticos, a través de sus dibujos y su agudo sentido del humor. En ese entonces, el gran maestro de los moneros mexicanos no imaginaba que andar de rojillo y burlarse de los políticos corruptos desencadenaría una serie de acontecimientos que lo fueron convirtiendo en leyenda: desde la vez que estuvo a punto de ser asesinado por el viejo régimen del PRI hasta la manera en que cambió los hábitos de vida de muchos mexicanos.

Yo hice un pacto con el diablo. Como no hay una musa de la caricatura, del humor, yo recurrí al diablo que tiene fama de ser un perfecto cabrón. En nuestra profesión necesitamos comportarnos a veces como perfectos cabrones. Así que firmé un contrato con el diablo para me ayudara a hacer buenos chistes."Rius

En 2014, durante la presentación de su libro autobiográfico titulado Mis confusiones: memorias desmemoriadas, Rius contaba que Dios se enteró de aquel pacto y se le apareció un día, barbudo como el expresidente Venustiano Carranza. Y fue así que en un no tan común estado de sobriedad, el maestro Rius selló su pacto con las "inexistentes" fuerzas del bien y del mal.

"Dios me hizo un encargo. Yo quiero que tú, con todas las dotes que te dio el diablo, te encargues de volver ateos a todos los que puedas, me dijo. Me gusta la idea de volver ateos a todos los que pueda, le dije, pero quisiera que me hiciera el encargo también de volver vegetarianos a los que pueda, rojillos a los que pueda, homeópatas a los que pueda, etcétera. Y ese ha sido mi trabajo en los últimos 50 años por lo menos, hacer que la gente piense un poquito, se ría un poquito y deje de creer en esas paparruchas que nos ha deparado la santa madre de la Iglesia católica, que se liberen de eso", agregaría Rius.

Aunque nació en Zamora, Michoacán, se consideraba chilango, tras haberse mudado a Ciudad de México junto a su familia a los 3 años de edad. Cursó sus estudios en escuelas jesuitas y salesianas, e incluso consideró la posibilidad de convertirse en cura, razón por la cual ingresó al seminario religioso, donde pasó 7 años. Nada mal para alguien que dedicó buena parte de su vida a propagar el ateísmo y hacer de la herejía su religión.

"Fuimos muy felices en el internado de Huipulco, por la sencilla razón que no teníamos responsabilidades qué sufrir ni preocupaciones", relató Rius en sus memorias. "Y por eso cuando a ambos, Eduardito y Gustavito (su hermano) nos preguntaron si queríamos ser curas salesianos, corriendo dijimos que sí", relató.

Pero su irreverencia nunca se adecuó al mundo de los clérigos y terminó expulsado del seminario, al mismo tiempo que el joven Eduardo iba descubriendo el lado oscuro de la Iglesia católica, lo cual incluyó "rechazar las insinuaciones y tentaleadas de entrepierna que hacían ocasionalmente los curas y los hermanos salesianos".

Vino el desencanto, al descubrir que sus estudios de bachiller en colegio religioso no tenían validez del gobierno, por lo que oficialmente sólo terminó la primaria. Luego vinieron sus habituales recorridos por las cantinas, al tiempo que consiguió un trabajo contestando teléfonos en la "universidad Gayosso", funeraria que reconoció siempre como su alma mater, por todo lo que aprendió y leyó en aquella época. Y fue precisamente ahí donde comenzó su carrera como humorista gráfico.

"Un día estaba haciendo mis letritas garigoleadas cuando llegó un cliente a pedirme el teléfono. Al acabar su llamada, mientras veía lo que yo estaba dibujando, me dio las gracias, sacó de su bolsillo una tarjeta y me la entregó diciendo las palabras mágicas: si alguna vez hace algunos chistes, yo se los publico", contaba. El cliente era Francisco Patiño, director de la revista Ja-ja. Una semana después, el caricaturista en ciernes le llevó una serie de dibujos que, para su sorpresa, serían publicados de manera casi inmediata. Y ahí empezó la carrera del monero Rius, seudónimo que adoptó para eludir los reproches de su familia.

"Cuando yo planteé a mi familia que me iba a dedicar al periodismo en su modalidad de caricaturista, la familia, toda, puso el grito en el cielo, aduciendo que en esa bocabajeada profesión no tenía futuro, que todos eran borrachines y malvivientes, etcétera. De modo que me inventé un seudónimo latinizando el apellido Del Río", relató el monero en sus memorias.

Así comenzó una carrera como humorista gráfico en diversos periódicos como Novedades y El Universal. Luego desarrollaría su prolífica faceta de autor, inventando el género del ensayo gráfico y escribiendo-dibujando más de 100 libros en los que abordó cualquier cantidad de temas: de la Revolución cubana y el marxismo al vegetarianismo, del mito guadalupano al sistema educativo, de la sexualidad a la tauromaquia, de la mariguana al dominó.

En México existen tres instituciones educativas: Televisa, la SEP y Rius".Carlos Monsivais

La postura crítica de Rius le valió varios enemigos. Por presión del gobierno, la editorial Colmenares que publicaba su popular historieta Supermachos, lo despojó de los derechos del título para intentar censurarlo. Un acto de represión que eludió gracias a que la Editorial Posadas le abrió sus puertas para publicar sus habituales monos bajo un nuevo título: Los Agachados. Y fue por aquel tiempo que, meterse con el gobierno, estuvo a punto de costarle la vida, de no ser por la intervención de su tío, el expresidente Lázaro Cárdenas.

"A mí me secuestró el Ejército y me hubieran desaparecido si no interviene el general Cárdenas. Mis hermanos fueron a hablar con él, habló con Díaz Ordaz y me salvé la vida. A las 10 de la noche yo estaba frente a dos fosas abiertas, en el Nevado de Toluca esperando que me dieran mi balacera ahí. No sabían que ya había intervenido el general Cárdenas. Ese fue el susto más fuerte que tuve", relató en una entrevista.

"Cuando lo traían de regreso a la Ciudad de México, ya sin ataduras ni vendas en los ojos, lo que sucedió puede ser calificado como kafkiano: los agentes de la Dirección Federal de Seguridad que lo habían secuestrado se hicieron sus amigos, le decían que a ver cuándo los sacaba en uno de sus libros. Uno de ellos le dijo que había escrito un libro sobre la Policía, que si lo podía ayudar a publicarlo", relató el periodista Alfonso Diez tras escuchar de viva voz la anécdota de Rius. Fue así como Rius se enteró que su secuestro había sido ordenado desde las altas esferas del viejo PRI.

Pero aquel episodio, lejos de frenarlo, lo hizo redoblar sus esfuerzos para contribuir a cambiar la situación política del país. Una anhelada transformación que no llegaría a ver, una vez que la irremediable muerte se le atravesó en su camino a los 83 años de edad, tras librar una larga batalla contra el cáncer.

"Nada más la muerte lo jubila a uno", afirmó Rius hace algunos años. Y así fue como el maestro colgó la pluma, dejando tras de sí una vasta obra que lo convirtió en obligado referente de la cultura popular mexicana del siglo XX.

Al maestro con cariño: la triste y chistosa despedida de Rius

Rius dejó también, un enorme cariño entre sus discípulos y colegas, con quienes fundó la revista El Chamuco.

No tengo duda de que Rius es el caricaturista más importante en la historia de México", dice el caricaturista José Hernández en entrevista con el HuffPost.

"Porque a diferencia de otros grandes caricaturistas como Posadas, Abel Quezada, Naranjo u otros grandes del siglo 19, Rius no sólo tiene una importancia dentro de la caricatura, sino que es el único caricaturista cuyo trabajo ha influido en la vida cotidiana de varias generaciones de mexicanos", agregaría Hernández, con una tristeza contagiosa y la voz quebradiza, fácilmente perceptible al otro lado del teléfono.

El caricaturista de La Jornada, deja escapar un suspiro. Cuenta que conoció a Rius hace más de 20 años, cuando comenzó a hacer caricatura en 1994, año en que tuvo "la suerte y el privilegio" de comenzar su carrera en otra de las tantas publicaciones fundada por el maestro: El Chahuistle.

"Si me pides recordar algún momento recuerdo dos. Uno es cuando tuve la oportunidad de acompañarlo a un viaje de varios días para presentar un libro suyo. Fuimos al norte del país, a Tijuana, a Sonora, y en las presentaciones siempre había largas filas de gente para que les firmara sus libros y la gente era de lo más variado, había señoras, viejitos, niños, jóvenes, y todos se le acercaban con mucho cariño. Le decían 'por usted me volví vegetariano, dejé de fumar, dejé de tomar Coca Cola'", cuenta Hernández.

"Otra cosa que recuerdo es la última plática que tuve con él hace algunos días, hace una semana más o menos. Él ya estaba enfermo. Lo fui a visitar varias veces y no eran las visitas tristes a un enfermo terminal. Afortunadamente tuve la oportunidad de despedirme de él y agradecerle todo lo que hizo por muchas generaciones no sólo de caricaturistas sino de mexicanos", agrega.

Una opinión que comparte Rafael Pineda Rapé, otro de los discípulos más cercanos de Rius, junto con autores como Antonio Helguera, Rafael Barajas El fisgón y Trino Camacho.

"Rius estaba muy cansado, muy harto de ver que estas cosas no cambian, o que se echan a perder unos a otros. No te puedo decir más de lo que nos comentaba: que ya estaba hasta la madre. Él seguía leyendo, escribiendo, pero de que ya estaba fastidiado de la política, era un hecho, desde hace muchos años", cuenta Rapé.

"Lo fuimos a ver hace unas 3 semanas, para despedirnos de él. Estaba muy malito. La metástasis había alcanzado gran parte de su cuerpo y varios moneros y yo fuimos a despedirnos de él a su casa en Tepoztlán. Fue muy emotiva, pero también muy chistosa. Me acuerdo que le dije: muchas gracias caballero. Y me dijo: eso lo serás tú", cuenta entre risas.

Pero cómo valorar el legado del célebre y dicharachero caricaturista, recordado también como un viejo coqueto y ojo alegre.

"Rius ha sido un parteaguas, fue quien le cambió la imagen, descubrió una nueva forma de hacer historieta y utilizó la responsabilidad social de la historieta. Llevó la caricatura a otro punto. Su legado son al menos tres generaciones de autores o caricaturistas que aprendieron y crecieron con él", señala el historiador del cómic mexicano, Luis Gantus, quien inició en el mundo de la historieta tras la enorme curiosidad que despertó en él uno de los tantos libros del humorista.

"Era más maestro que muchos de maestros, sobre todo para alumnos de secundaria y prepa", agrega el experto.

Todo lo que escuchabas en la escuela, él te decía lo contrario. Te hacía dudar".Luis Gantus, historiador del cómic mexicano

Pero quizá no hay mejor ejemplo de medir el impacto que causó la muerte de Rius, que la manera en que muchos de los políticos, que tanto criticó, terminaron por rendirle pleitesía tras su fallecimiento, incluyendo a personajes como el presidente Enrique Peña Nieto, a pesar de que sus discípulos califican dicho gesto como una mera hipocresía de la clase política.

Ya estaba hasta la madre de los políticos, estaba convencido de que es imposible cambiar este país si los mexicanos no cambiamos la manera de pensar".Rapé

"Nunca perdió el sentido del humor aunque desde hace muchos, muchos años estaba decepcionado de que de nada servía todo el trabajo, porque el país estaba igual o peor. De los temas que hablamos fue el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca, y decía 'no puedo creer que ocurra esto y no pase nada. ¿Qué tiene que pasar para que México cambie?' Lo triste es que se haya ido primero Rius que el PRI", concluye Hernández.

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