MÉXICO

“Para mí, pintar es como estar enamorado”

El HuffPost platicó con el artista oaxaqueño Carlos Bazán, quien a sus 23 años ya llevó su arte al extranjero.

22/07/2017 5:00 AM CDT | Actualizado 23/07/2017 4:53 AM CDT

Cortesía Carlos Bazán.

Cuentan que cuando uno está enamorado sólo quiere estar con esa persona todo el tiempo. Para el artista de la Mixteca Alta oaxaqueña, Carlos Bazán así es su relación con la pintura. Nunca le cansa y lo único que quiere hacer es pintar, como si todo lo demás que acontece sólo pasara para llegar a ese momento.

Como sucede con muchos de los grandes amores, llegó a la pintura casi sin darse cuenta, con un interés insospechado.

Tenía entonces 16 años y hasta, ese momento, no imaginaba que tenía las facultades de un gran artista en potencia.

Santiago Ruiseñor.
Carlos Bazán. Foto: Santiago Ruiseñor.

"Tenía miedo hasta cuando nos dejaban los trabajos en la escuela. Antes de los 14 años, nunca intenté dibujar ni nada de eso, siempre le decía a algún compañero que me hiciera los dibujos", cuenta Carlos en entrevista con el HuffPost.

Después se le atravesaron las latas de aerosoles y le dio por grafitear hasta que su mamá le pidió que no lo hiciera y que mejor pintara "algo bonito", recuerda el joven de Villa de Tamazulápam del Progreso, en Oaxaca.

"Empecé grafiteando, fue cuando me di cuenta que tenía facilidad para los colores y los trazos. Ya después, por mi mamá, dejé de hacer eso, me decía que debería de pintar algo, 'así bonito'. Fue cuando entré a un taller en una casa de cultura con el maestro Enrique Martorell y empecé a hacer dibujos."

Carlos trae a la conversación lo que pasaba 7 años atrás, cuando ayudó a hacer un mural colectivo en el Centro Cultural Casa del Sol en Tamazulápam. Fue entonces que comenzó a trazar la ruta para el enamoramiento en que el ahora habita.

Cortesía Carlos Bazán.

En ese momento se lo comenzó a tomar en serio, o al menos eso creía. Vinieron más murales, el inicio de la obra en caballete y las primeras exposiciones.

"En bachillerato empecé a pintar más y fue cuando tuve que decidir a qué me iba a dedicar, si a la pintura u otra cosa, a mí no me gustaba nada más que pintar y, en ese entonces, todavía no tenía el valor de decidir que me iba a dedicar a esto. Mis papás también me decían que para qué me iba a dedicar a eso, que me iba a morir de hambre. No tuve entonces ese valor, tenía como 17 años y fue hasta los 20 fue que dije voy a agarrar en serio esto".

Pero antes de tomar la bifurcación adecuada, Carlos cuenta que intentó el camino de la Ingeniería Industrial, "a mí no más no me gustaba, dije, voy a intentarle".

Entonces me cuestioné qué estoy haciendo de mi vida, no me gusta nada de eso, a mí me gusta dibujar y pintar y agarré el valor."

Con una producción de aproximadamente 400 pinturas, casi todas de gran formato, porque le aburren los trabajos pequeños, 50 exposiciones colectivas y 17 individuales –en México y el extranjero--, Carlos comparte que sus tías fueron las primeras que les compraron un cuadro por 500 pesos.

"Mis tías fueron quienes descubrieron mi trabajo, pero poco a poco iba haciendo dibujitos en la escuela y los mismos compañeros me encargaban y eran dibujitos de 25, 30 pesos (...) Luego, en la casa de cultura donde tomé el taller, iba el presidente municipal y se dio cuenta que yo pintaba y comenzó a encargarme obra, de ahí, poco a poco, se iban pasando la voz."

Actualmente uno de cuadros, de un metro por un metro, cuesta, por ejemplo, 20 mil pesos.

Cortesía Carlos Bazán.

Fueron llegando las invitaciones para exponer en muestras colectivas, luego las individuales, en Oaxaca, Monterrey, Ciudad de México, Cancún, Tijuana, Chihuahua y Durango, pero también en Barcelona, Laguna Beach, Miami, Los Ángeles y San Diego, donde fue su exhibición más reciente fuera del país.

"La más reciente fue en San Diego, es la que más me ha gustado, creo que por el tema, se llamó Infinito y eso lo llevé al amor, la vida, la muerte."

Cuando trabaja, Carlos piensa en muchas cosas, aunque en su obra siempre están el cosmos, el infinito, las leyendas, el universo...

"Actualmente estoy trabajando sobre el árbol de la vida, lo saqué de una leyenda de la mixteca sobre los árboles de Apoala, dice que estos árboles, que son dos, se unieron y formaron al ser humano, la flora, la fauna, los colores."

Cortesía Carlos Bazán.
Obra de la muestra Infinito.

Paralelamente continúa con la serie nahuales, de la cual ya expuso una parte en la Ciudad de México el mes pasado.

"Me estoy tardando un poco más, porque lo voy formando poco a poco, mezclo vestimentas de vírgenes con cabezas de nahual, un venado, un coyote, un perro. Son temas medio fuertes, porque la gente lo ve y se saca de onda.

"Al principio mi mamá se espantaba, cuando llegaba al taller me decía 'qué estás haciendo, por qué les pones esas cabezas a los santos', pero ya se ha ido acostumbrando.

"Pero así fue como ocurrió, antes nosotros creíamos en otras cosas, la lluvia, las nubes, el cielo, las estrellas, la tierra... y pues vinieron y nos pusieron todo eso y pues es esa mezcla."

El arte de Bazán se caracteriza por su colorido, pues, cuenta, cuando veía arte no entendía porque a veces todo era en un solo tono, "hasta que empecé a hacer lo mío y entonces le meto todos los colores, es algo muy intuitivo, sin pensar lo hago."

Su formación ha sido prácticamente autodidacta y admira el trabajo de Rodolfo Morales, Rufino Tamayo, Siqueiros, Jackson Pollock, de quien cuenta le gusta su espontaneidad, "cómo andaba ahí arriba del cuadro."

Veo muchas pinturas, me la paso ve y ve y ve y aprendo mucho de ahí, pero, pero estoy en ese proceso. Sí me gustaría tomar más talleres y pues seguir viajando y aprendiendo.

"Poco a poco me fui metiendo, porque antes ni idea de qué era una pintura y ahora empecé a adiestrar mi ojo, soy muy exigente con mi trabajo porque siempre quiero hacer cosas nuevas, temas nuevos, lo interesante para mí es seguir aprendiendo."

Actualmente, Carlos vive en la ciudad de Tlaxiaco, donde tiene su taller y, ahora, a sus 23 años señala que no imaginaba que su vida fuera a ser como lo es ahora, "era como un sueño".

"Antes sí vendía poco, un cuadro o dos cada mes, cada dos meses. Me puse a dibujar, pintar, exponer, a hacer obra y ya de ahí me fui. Cambió todo, vivo solo, me mantengo solo, viajo a donde yo quiera."

Cuando viaja al extranjero, lo primero que Carlos hace es ir a los museos, por ejemplo, "en el Reina Sofía, en el Del Prado (en Madrid), tardé hasta dos días en ver cada uno, me regresaba a cada rato a ver las obras", confiesa entre risas durante una mañana oaxaqueña en el primer "Lunes del Cerro".

En este momento, un intenso brillo viene a los ojos del joven, una luz como traída de los motivos del alma.

"Al final, para mí, pintar es como cuando uno está enamorado y no quieres dejar de ver a esa persona, es ese mismo sentimiento. Está por siempre conmigo ese sentimiento, no puedo estar ningún día sin pintar, así como alguien no puede estar sin ver a esa persona, así estoy siempre.

Nunca me he cansado, y sé que la pintura siempre va a estar ahí, entonces, tal vez, sea mejor que estar enamorado."

Cortesía Carlos Bazán.

-¿Cómo te gustaría que recordaran tu obra?

"Que cuando vean una de mis obras, sin ver la firma, sepan que es mía. Estoy en ese proceso, de seguir buscando y siempre quiero seguir buscando, no sé qué, pero algo(...) Que me recuerden por todo lo que hice."

De pronto, tras brindar el último apretón de manos que suele seguir a una conversación, Carlos brilla completamente y le vienen las palabras.

Es que, para mí, de eso trata la vida, de ser sincero conmigo mismo todos los días, eso es lo que intento".

Es su última frase.