MÉXICO

‘¿Dónde estaban esos policías cuando lo mataron?’

Así vivieron los familiares de reos el enfrentamiento dentro del Cereso de Acapulco.

07/07/2017 9:00 AM CDT | Actualizado 07/07/2017 9:30 AM CDT
Cuartoscuro

Dónde estaban los policías cuando lo mataron?, se pregunta la madre de uno de los 28 reos que murieron este jueves en un cruento enfrentamiento, tras las rejas del Centro de Readaptación Social (Cereso) de Acapulco, Guerrero.

Luego de la sangrienta riña, familiares de los reclusos acudieron al Cereso para saber si entre los muertos están los suyos: hijos, padres, hermanos, parejas, pero lo único que recibieron como respuesta era que los cadáveres ya habían sido llevados al Servicio Médico Forense (Semefo) local.

"Los cuerpos ya fueron trasladados al Semefo y ahí se dará toda la información", les dijeron en el penal.

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A los allegados de los reos no se les permitió pasar al anfiteatro; esperaron afuera a que personal de éste saliera para darles la información que tanto esperaban.

En la calle también hay trabajadores del Cereso, quienes toman los nombres de los familiares y les dicen que tan pronto tengan los nombres se los darán a conocer.

Sentada en la banqueta, con la mirada perdida, la señora Norma relata que entre los muertos está su hijo, de 24 años, a quien sólo le restaban tres meses para completar la condena de 11 que se le impuso.

"Siempre que lo iba a visitar teníamos al pie a un policía, siempre lo vigilaban, inclusive todos los que estaban en esa zona de seguridad solo andaban en bóxer.

¿Dónde estaban esos policías cuando lo mataron? Si era un área de mucha seguridad, ¿cómo fue que se metieron a matarlos?", preguntó, con los ojos llorosos.

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Tras enterarse por las noticias de lo sucedido, acudió al penal, donde nadie fue capaz de decirle si su hijo era uno de los fallecidos.

Se trasladó al Cereso, donde durante la tarde de este jueves leyeron la lista de los reos que perecieron y fue entonces cuando el nombre de su hijo, seguido y precedido por el de otros 27, se escuchó en el viento.

Una señora muy humilde llegó con una de sus vecinas y preguntó si el nombre de su sobrino está en la lista, le contestaron que debía esperar porque aún no tenían la lista oficial.

"Él ya se fue, ahora me toca a mí, me quiero morir", repetía la mujer.

Después de las seis de la tarde, por fin leen la lista de las 28 personas que murieron la madrugada de este jueves, el nombre de su sobrino no apareció, aparentemente está sano y salvo en la cárcel. Le tienen que leer dos veces la lista para que lo crea.

Continúa la llegada de familiares de los reos, algunos en taxis azul con blanco o amarillos con blanco, que son los que circulan en la periferia del puerto; también llegan en camionetas de lujo.

Una pareja de clase media que pidió información: el nombre de su familiar está en la lista; pide entrar al Semefo para ver el cuerpo, pero no se lo permiten y le espetan que debe hacer los trámites para que se lo entreguen.

Esta pareja atraviesa por la fase de negación del duelo. Afirmaron que no harán ningún trámite hasta no ver el cuerpo y mucho menos darán un adelanto a una funeraria, pues a lo mejor no es su familiar. Les repitieron que la lista ya está verificada y es muy difícil que haya cambios.

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A las 19:30 horas, arribó una camioneta Van proveniente del Cereso, la resguardaban vehículos atiborrados con policías estatales y ministeriales.

Descendieron cinco personas que declararían ante el Ministerio Publico sobre la matanza ocurrida en las entrañas del penal acapulqueño.

Afuera del Semefo, otra señora de nombre Norma esperaba a su hermana, quien fue a su casa en busca de los documentos necesarios para reclamar el cadáver, pese a que, en ese momento, aún no les habían confirmado si el joven estaba muerto.

"Él estaba recluido en el área de castigo, al parecer le encontraron droga y por eso lo habían puesto en esa zona. Yo casi no lo visitaba, mi hermana, su mamá, era la que venía una vez a la semana, entre semana le traía cosas, principalmente comida y se la deja en la aduana", narró.

"A mi hermana no le gustaba venir, el ambiente es muy pesado, además de que en la visita le tocaba escuchar a los otros reclusos platicar y le daba mucho miedo lo que oía. Tenía 18 meses recluido".

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