MÉXICO

El rencuentro de Maximiliano y Miguel Miramón, a través de sus herederos

El Segundo Imperio Mexicano habrá fracasado hace más de 150 años, pero el recuerdo de este resonó la noche del lunes en Polanco.

20/06/2017 6:06 PM CDT | Actualizado 21/06/2017 6:50 AM CDT

Terminaban las estrofas del himno nacional en el interior de la iglesia de San Ignacio de Loyola, cuando un sonoro "¡Viva su majestad, Maximiliano I de México!", hizo eco. Tres vivas más en el mismo tono se repitieron. Eran gritos de nostalgia para aquel extinto y cortísimo Segundo Imperio Mexicano de mediados del siglo XIX.

Bajo el techo de la iglesia jesuita en el corazón de Polanco —una de las zonas residencial y de negocio más exclusivas de la capital—, familiares, historiadores y curiosos atendieron la invitación de Carlos de Habsburgo-Lorena, para conmemorar a su tío tatarabuelo, Maximiliano de Habsburgo.

Sería hasta el final de la misa, en el patio, cuando destacaron las presencias de dos mujeres menudas, visiblemente emocionadas. Eran Mercedes y Concha Pliego, tataranietas de Miguel Miramón, "el gran mariscal del ejército conservador".

"¿Y hay familia de Tomás Mejía?".

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Guillermina Ortiz
Carlos de Habsburgo-Lorena, acompañado de Mercedes y Concha Pliego. Era la primera vez que las familias se encontraron y compartieron minutos de historia familiar.

En recuerdo de la "víctima de la reconciliación"

Dos semanas atrás se difundió en redes sociales una invitación para la misa del 150 aniversario de la muerte del emperador Maximiliano de México. Los asistentes debían vestir de manera formal.

La etiqueta no era para menos.

Los colores sobrios imperaron. Al menos dos mujeres se cubrieron la cabeza con sombreros, una más con velo. Una a lo lejos se refrescaba con un abanico rojo que guardó antes de iniciar la misa. Algunos hombres también portaban sombreros tipo bowler. Uno más joven llevaba condecoraciones, quizá como recordatorio de las batallas de la vida.

También destacaba el abad Nectari, de la iglesia ortodoxa rusa, con sus dos acompañantes, que se mantuvieron lejos de las primeras filas, reservadas para los familiares.

La Orquesta clásica de México, bajo la dirección del maestro Carlos Esteva Loyola, estuvo a cargo del repertorio litúrgico: Missa brevis en B flat major y Misa Requiem en D menor, ambas de Mozart. La formalidad del evento también se reflejó en el programa entregado a los asistentes, membretados con el escudo del Segundo Imperio.

"¿Aún tiene programas?", preguntaban algunos, diez minutos antes del inicio de la misa. Era imposible obtener uno más, todos agotados. Los suertudos (o puntuales) tuvieron que compartir con el vecino.

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Programa del servicio luctuoso. Hasta este momento se conoció que la misa también era en recuerdo de los generales Miramón y Mejía.

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La insignia de la Orden del Toisón de Oro, perteneciente a la familia Habsburgo.

El doctor, historiador y fraile Francisco Morales ofició el servicio, a petición de la familia Habsburgo, confesó durante la homilía. La inclusión del director del Archivo Histórico de la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México, era un guiño de reconciliación ciento cincuenta años después.

En 1867, Maximiliano tomó el convento franciscano de la Santa Cruz de Querétaro como cuartel general. Pero también se convirtió en su prisión dos meses después, luego de rendirse ante los liberales de Benito Juárez. A más de siglo y medio, no hay rencilla que mantener.

Y Morales insistió en el perdón a los agravios humanos, las injusticias y las injurias, para recobrar el valor inmenso de la paz. Insistió que la misa de este lunes era de reconciliación, "que ayude al segundo emperador de México a acercarlo a los santos... víctima de la reconciliación".

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Al final de la misa, Carlos de Habsburgo leyó la oración de intercesión del beato emperador Carlos de Austria. En esta se pide abrir "nuestros corazones a los pobres y refuerza nuestro empeño por la paz en nuestras familias y en nuestros pueblos".

Miguel y Tomás

El fraile Morales recordó al menos en cinco ocasiones a "Maximiliano de Habsburgo" como "segundo emperador de México". Cinco veces para resaltar su grandeza.

Pero el día del fusilamiento del fallido emperador, también murieron Miguel Miramón y Tomás Mejía. El primero de ascendencia francesa, el segundo indígena. Ambos lucharon por conservar la causa napoleónica. Pero la participación de estos hombres en un capítulo importante de la historia mexicana fue reducida solo a sus nombres, Miguel y Tomás. "Recuerda a tus hijos Miguel y Tomás", dijo el sacerdote apenas dos ocasiones.

Esto no minó en la emoción de Concha Pliego, tataranieta de Miramón, quien después de concluida la misa, exaltaba a su pariente.

"Impresionante. Me quedé sin palabras. Mis lágrimas me escurrían. Sentí a mis tatarabuelos juntos, ¡juntos! Miguel y Concha, su sangre conmigo. Sentí ese momento del fusilamiento. Mis tatarabuelos fueron excepcionales, desafortunadamente no se les ha hecho justicia".

Tampoco ocurrió en el servicio, en el que nunca mencionaron su apellido.

Guillermina Ortiz
Mercedes y Concha Pliego, tataranietas de Miguel Miramón, con la bandera del Segundo Imperio. Las acompañó Emilio Carrera Mendiola.

El 19 de junio de 2017 no es una remembranza del Segundo Imperio Mexicano y quizá no destaque en los anales de la historia nacional, pero sirvió para juntar una vez más a Maximiliano y Miramón, a través de sus herederos.


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