ESTILO DE VIDA

Cuatro mujeres cuentan cómo es vivir con una enfermedad mental

Porque necesitamos romper los estigmas.

17/05/2017 11:12 AM CDT | Actualizado 17/05/2017 11:14 AM CDT
JENA PYLE

Abrirse a los desafíos internos que se enfrentan con las enfermedades mentales puede ser una labor desalentadora. Mucha gente no se siente cómoda con ello, a pesar de que son padecimientos comunes.

En México, uno de cada cuatro adultos padece una enfermedad mental. En Estados Unidos, uno de cada cinco, y uno en 25 sufre un malestar mental que interfiere con su vida cotidiana.

Aunque los padecimientos mentales pueden afectar a cualquier persona, las mujeres tienen un mayor riesgo debido a muchas condiciones, incluyendo la ansiedad y estrés postraumático. Ellas tienen una predisposición 70% superior a los hombres de experimentar depresión.

En un intento de alentar a más gente para que comparta sus desafíos, hablamos con cuatro mujeres en torno al diagnóstico y tratamiento de una variedad de temas de salud mental.

Te compartimos lo que aprendieron en este proceso y lo que quisieran que los demás supieran.

Kathleen Halliday, Inwood, Nueva York.

KATHLEEN HALLIDAY

¿Cuál es tu padecimiento? Trastorno bipolar, trastorno de ansiedad generalizada (TAG), y desórdenes alimenticios.

¿Cómo fue que te diagnosticaron? Desde niña fui muy ansiosa. Solía decir a mi mamá que me sentía mal porque no sabía cómo expresar lo que en realidad experimentaba. La primera vez que vi a un terapeuta fue en la secundaria, cuando me diagnosticaron el TAG. Mi diagnóstico de bipolaridad fue más complicado porque lo precedió un episodio frenético. Antes, el trastorno bipolar era algo de lo que más miedo me daba, pero no pensaba que podía tenerlo. En cuanto a los desórdenes alimenticios, me di cuenta de que solía "comer con desorden" por un tiempo, pero no pensaba que fuera tan serio sino hasta que comenzó a interferir con la toma de medicamentos y alteró su efecto. Así que vi a un doctor que me ayudó a saber qué tan enferma estaba.

¿Cómo llevas tus tratamientos y autocuidado? Tuve mucha suerte porque me atendieron doctores increíbles. Sigo lidiando con todo esto —he tenido días muy malos y sigo siendo mala para tomar mis medicinas–, pero he aprendido a enfrentarlo. Dejo que el dolor fluya mientras miro la televisión o recostada en en el sillón por horas. Luego, con ayuda de mis seres queridos, trato de levantarme y seguir adelante. Mi sistema de apoyo es súper importante para funcionar. También ayuda escaparme en los libros y la música.

¿Cómo te tratan tus amigos y tu familia? De ellos he recibido apoyo total y, cada vez que menciono mis padecimientos a los demás, normalmente me tratan con palabras amables. Algunos son ignorantes, pero casi nunca veo malicia de su parte. Mi esposo y mi familia han padecido a mi lado algunos momentos horribles y sé que siguen preocupados, pero ellos sólo quieren que yo esté bien.

¿Qué le dices a la gente sobre tu vida con un padecimiento mental? Estoy convencida de que no podrán imaginar la impotencia ante la anorexia a menos que la hayan padecido. De que no podrán saber a qué nivel de desesperación se puede llegar, a menos que lo sientan; de que no podrán entender el pánico de la ansiedad, a menos que hayan tenido problemas para respirar. Hay que creerle a quien dice que está sufriendo y ofrecerles apoyo y amor. Esa es la mejor manera en que uno puede ayudar.

Jena Pyle, Seattle.

JENA PYLE
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¿Cuál es tu padecimiento? Depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático.

¿Cómo fue que te diagnosticaron? Cuando me mudé a Seattle comencé a ver a una terapeuta, quien me ayudó a encontrar un tratamiento. Ella me dio muchas herramientas, me recomendó con qué doctores trabajar y me dio sugerencias para otros tratamientos. Es difícil encontrar a un terapeuta con quien conectar, pero cuando la encuentras, es tan útil y valiosa que te quedas ahí. Yo no podría saber mucho de mis enfermedades de no ser por alguien que me ayude y guíe.

Siempre tuve la sospecha de que tenía algún padecimiento mental, pero desechaba la idea. Mucha gente me daba consejos no pedidos que nunca ayudaban. Pensaba que estaba loca por sentirme o ser de tal o cual forma. Hubo un tiempo en el que me dio un ataque de pánico mientras comía papas fritas. Las papitas no estaban tan mal, pero sí los problemas que venía arrastrando. Dejé de hablar de mis problemas. En realidad, no me estaba cuidando bien.

También tengo que decir que había varios factores en mi contra. Uno era que bloqueé de mi memoria que sufrí un ataque sexual. Lo volví a recordar una vez que leía un artículo en internet. Era algo muy loco para enfrentarlo y no he hablado de eso de forma abierta. Vivir en Texas tampoco ayuda pues el patriarcado te desgasta y, aunque en Seattle sigue presente, hay mucho más espacio para mi aquí.

¿Cómo llevas tus tratamientos y autocuidado? Estoy trabajando con dos doctores y estoy tomando Zoloft. Descubrí que tengo hipertiroidismo, el cual debe influir en mi depresión, por lo que también tomo medicamentos para eso. Si uno comienza a fijarse en la salud mental, también hay que asegurarse de ver qué es lo que está mal físicamente.

¿Cómo te tratan tus amigos y tu familia? Fue difícil para ellos entenderme al principio, pero para ser honestos, también era muy mala a la hora de explicarles. No estaba segura de cómo podían ayudarme y sigo siendo mala para pedir ayuda. Mientras más gente hablaba de padecimientos mentales cerca de mí, más fácil era poder ser honesta. Mi familia me mostró que era fácil hablar con ellos cuando comencé la terapia.

¿Qué le dices a la gente sobre tu vida con un padecimiento mental? A veces es difícil convivir con la gente y no es porque no me gusten. A veces se me dificulta incluso salir de la cama, comer, funcionar normalmente. Algunas veces no hay razón. No sólo se trata de tristeza; es algo debilitante. Es difícil tener energía. No es algo que simplemente desaparezca y me afecta todos los días.

Sarah Davies, estado de Nueva York.

¿Cuál es tu padecimiento? Trastorno bipolar tipo II.

¿Cómo fue que te diagnosticaron? De niña, mis papás me llevaron al doctor porque podía pasar de estar súper felliz a deprimirme rapidísimo. Entonces no se hablaba de un niño bipolar. De adulto, unos doctores me diagnosticaron depresión simplemente porque asumieron que mis ciclos buenos ocurrían sólo porque no había superado mi condición. No fue sino hasta que tenía más de 30 que un psicólogo se dio cuenta de mis ciclos activos y me diagnosticó. Antes de eso, me daban medicamentos para el TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad), el cual no padezco, y sufría de terribles reacciones. Incluso ya diagnosticada, algunos doctores me han recetado antidepresivos, lo cual me detonan a un estado más frenético de lo normal.

¿Cómo llevas tus tratamientos y autocuidado? No he podido encontrar una medicina que me siente bien, así que por ahora me manejo con dieta y ejercicio. No lo supero del todo, pero puedo detectar las señales y mi esposo me ayuda animándome a salir cuando la depresión me domina. Ya he aprendido a canalizar el frenesí y utilizarlo para poder ser más productiva y salir adelante. Así que cuando la depresión llega puedo darme el lujo de ser menos productiva y no rezagarme.

¿Cómo te tratan tus amigos y tu familia? Mis padres me apoyan mucho y aunque ya casi tengo 40 mi mamá me llama para ver si estoy bien. Ambos se preocupan –a veces más de lo que quisiera– y han aprendido a leer las señales. Cuando no oyen nada de mí me llaman porque usualmente es una señal de que la depresión es tanta que no me deja comunicarme. Mi esposo también me apoya mucho más de lo que yo me hubiera esperado.

¿Qué le dices a la gente sobre tu vida con un padecimiento mental? Esto no quiere decir que no pueda ser funcional. No significa que sea una persona que se asusta. Mi mente simplemente tiene una configuración diferente y trabajo para superarlo. Mi esposo solía llamar decir que me tocaba: "entrar a la madriguera de los conejos" cada que me deprimía. Él no intentaba sacarme arrastrando, sino que se quedaba conmigo hasta que yo estaba lista de salir por mí misma. Simplemente quedarse así es lo mejor que la gente puede hacer. No pueden pedirme que me salga sola, aunque quizá eso no aplica para todos. Lo mejor es tener a alguien que esté dispuesto a estar contigo cuando te sumes en lo peor.

Alyson M. Seattle

ALYSON M.
¿Cuál es tu padecimiento? Tengo un serio trastorno depresivo y trastorno de ansiedad generalizada. También tengo un trastorno postraumático debido a que me violaron de niña. También tengo trastornos del espectro autista y soy trans, aunque estas dos condiciones no las veo como trastornos, no importa lo que los manuales psiquiátricos o la sociedad diga al respecto.

¿Cómo fue que te diagnosticaron? Cuando tenía 15 mis padres me obligaron a ir a terapia porque yo era muy diferente de cuando era niña. Tampoco ayudaba el que batallara con la disforia de género y que mis padres eran conservadores. La depresión y la ansiedad han sido parte de mi vida desde la pubertad.

Siempre supe que era diferente. Entre el trastorno del espectro autista (que nunca se manifestó pleno) y el tema de género en una sociedad de gente cisgénero y neurotípica, no sorprende que haya desarrollado estos fuertes síntomas de depresión y ansiedad. Aprendí a adaptarme, pero me ha dejado seca todos estos años. Para cuando comencé mi transición desapareció gran parte de la depresión, pero siempre estará ahí. Vivir en el género correcto ha aliviado en algo la depresión por disforia.

¿Cómo llevas tus tratamientos y autocuidado? Estoy tomando algunos medicamentos para mi depresión. La terapia de reemplazo hormonal definitivamente ha aliviado muchas cosas en mi cuerpo, por lo que ahora mi vida es más auténtica. En el pasado me ha servido hablar en terapia y a la fecha, tocar o componer música sobre esto me ha ayudado mucho a vivir. En Seattle tengo una enorme comunidad de músicos que ayuda.

¿Cómo te tratan tus amigos y tu familia? Los amigos me han servido mucho porque vamos juntos en esto. Mis padres en general no me aceptan tanto como persona, por lo que no hablo mucho con la familia. Tengo una esposa increíble que siempre me apoya y a quien también ayudo en su padecimiento mental.

¿Qué le dices a la gente sobre tu vida con un padecimiento mental? Es raro pensar así en la gente que no tiene un padecimiento mental. Parece que casi todos los que conozco tienen uno. Quizá se debe a que nos encontramos unos a otros... Pero hay que tratar a los demás de la misma forma sin menoscabo de cómo es su química cerebral. Y hay que dar facilidades a la gente que lo requiera.

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Gracias a la valentía y honestidad de estas cuatro mujeres podemos sacar valor para enfrentar nuestras propias condiciones mentales o para nuestra interacción con otros con estos padecimientos. A pesar de lo que se pudiera pensar, en la lucha contra los padecimientos mentales no estamos solos.

Estas entrevistas se editaron por su extensión y para darles mayor claridad.

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