INTERNACIONAL

Trump cree que puede ganar en la investigación sobre sus conexiones rusas

Su apuesta es que cree que sus rivales políticos no tienen la fuerza para detenerlo.

15/05/2017 5:49 PM CDT | Actualizado 15/05/2017 5:51 PM CDT
Bloomberg via Getty Images

WASHINGTON-. Las voces expertas del Beltway, o sea, todo lo que encierra Washington, DC., quienes creían que Hillary Clinton iba a ganar la elección caminando, ahora están diciendo que Donald Trump tiene los días contados.

Se dicen entre sí que él es muy tonto, paranoico, amateur, inclusive loco, como para poder sobrevivir todas las colisiones en que se ha involucrado a la par que esquiva las investigaciones de si su campaña se puede ligar a la interferencia de Rusia en la elección del año pasado.

Y una vez más: ellos no entienden a Trump. Lo siguen sobreestimando. Y esta vez, lo que está en juego, es algo que alguna vez fue la envidia del mundo: el sistema de gobierno de Estados Unidos, ni más ni menos.

Trump piensa que puede ganar de nuevo y derribar la serie de investigaciones que lo han puesto en un estado de furia. A pesar de la permanencia de las instituciones que se le oponen, no queda claro decir por qué está equivocado. La democracia de EU no está en buen estado, y fue precisamente esa podredumbre lo que le hizo ganar la elección.

Los electores desconfían, inclusive desprecian, a las instituciones de gobierno y a sus líderes, a pesar de que el conocimiento del público de sus actividades se erosiona año con año. Los investigadores que escudriñan el círculo de trabajo de Trump, después de todo, son funcionarios del gobierno. Trump confía en que el escepticismo y la enajenación van a debilitar el hartazgo de la gente y van a proteger sus acciones cínicas. La comunidad de inteligencia es vulnerable. Nunca supo que pasaría el 9/11; se equivocó con Irak, han penetrado su seguridad cibernética muchas veces; y la han sorprendido espiando ilegalmente a ciudadanos estadounidenses.

Trump piensa que puede ganar de nuevo y derribar la serie de investigaciones que lo han puesto en un estado de furia".

En las semanas, meses, y hasta años, que vienen, algunos personajes clave van a tener que mostrar agallas y que no le temen al riesgo: líderes del Partido Republicano, jefes de las agencias de inteligencia, burócratas y jueces, lo mismo en cortes federales que en la Suprema Corte.

Trump piensa que puede intimidarlos y dominarlos a todos. Y hay razones. Una es que la cosmovisión que tiene del cargo que ocupa es más nixoniana que la del desacreditado expresidente Richard Nixon. Y la otra es mucho más intrínseca y crucial: Trump cree profundamente en su propio poder para "ganar" cualquier pelea por medio de la intimidación y el temor. Su superpoder es su asombroso poder para detectar la debilidad.

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Además, le encanta tumbar puertas desvencijadas a patadas.

Como ejecutivo de la industria de la construcción, arrancó su carrera abalanzándose sobre propiedades en riesgo que Nueva York quería rescatar con desesperación. Hizo fama de ser durísimo con los constructores, incluyendo los pequeños, quienes no podían igualar la artillería pesada de sus abogados. Si los inquilinos ricachones se quejaban porque nunca les cumplió los detalles lujosos que les prometió, él los retaba a que lo demandaran... y luego los contrademandaba. Acostumbraba rescatar proyectos en bancarrota cuando así convenía a sus intereses, y luego arremetía contra los acreedores, tildándolos de estafadores.

En política, Trump ha hecho exactamente lo mismo.

Él se hizo cargo de un Partido Republicano débil, dividido y corroído, que está sometido por donantes multimillonarios, acostumbrados a los mimos que les prodiga el sistema político y electoral, y engañados por Fox News, que les hace creer que todo marcha bien.

Acostumbraba rescatar proyectos en bancarrota cuando así convenía a sus intereses, y luego arremetía contra los acreedores, tildándolos de estafadores. En política, Trump ha hecho exactamente lo mismo".

Trump se dio cuenta de que el bando republicano rayaba en una ineptitud y debilidad cómicas. Penetró ahí como cuchillo en mantequilla, no por medio de posturas políticas, sino con majaderías, profiriendo invectivas en los debates y haciendo promesas enfebrecidas a los electores resentidos por su propia impotencia.

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Asimismo, detectó las debilidades de Hillary Clinton y la arrastró por el Colegio Electoral con una carga de campañas negativas que detonó en paralelo, o hasta en sincronía, con los afanes de los hackers rusos y los especialistas en difundir noticias falsas.

En todo esto, Trump siguió, consciente por coincidencia, el liderazgo del maestro depredador: Vladimir Putin, quien hace tiempo había revivido la vieja idea soviética de la Guerra Fría de debilitar las instituciones de la democracia occidental atacando a la propia democracia. Pero esta vez, Putin lo hace en el nombre de su cultura y no del comunismo, al asegurar que él es el protector de los cristianos blancos en contra del avance del islam y la decadencia moral.

Como líder de la KGB y aliado de un reformista corrupto, Putin percibió qué tan débil era la naciente democracia de su país y, sin remordimientos, utilizó las libertades del nuevo sistema para bombardearla.

Ya en Washington, Trump se ha dedicado a cazar a sus enemigos frágiles al tiempo que se rodea de consejeros sumisos que le cuidan las espaldas. Él sólo tolera a colaboradores en su primer círculo que dependan completamente de él y que tengan poco o nulo peso y cuyo talento no sea muy reconocido o se tenga en alta estima.

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Aquellos que tengan el respeto ajeno son neutralizados en varias formas. H.R. McMaster, quien fue la tercera opción de Trump para el puesto de Consejero de Seguridad Nacional, es un oficial en activo quien no tuvo elección y siguió las órdenes de su comandante en jefe sobre cualquier asunto. El titular de la Defensa, James Mattis, también está atado a esa línea de mando.

Esto piensa el Frank Underwood ('House of Cards') del cese del jefe del FBI

Tanto a nivel político como legislativo, Trump no se ha movido un ápice para allegarse apoyos bipartidistas. Al contrario: se ha enfocado casi en exclusiva a proteger su poder por medio de la intimidación a los republicanos azorando a sus electores del "País de Trump", compuesto por votantes blancos y populistas.

Hace poco, en Kentucky, presidió un rally diseñado para enviar un mensaje al líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, quien al principio no quería nada que ver con Trump, pero que ahora acata la disciplina.

Trump ha nominado funcionarios de gabinete quienes no entienden a las comunidades a las que se supone manejarán y en donde, evidentemente, no tienen fuerza por sí mismos.

Él ha pretendido encantar a la prensa y luego amenazarla para luego concluir que la segunda opción funciona mejor, sobre todo en momentos en que la prensa no es vista con buenos ojos y se encuentra dividida por la falta de unidad y por su vulnerabilidad ante las redes digitales.

Trump asumió que había encontrado otro eslabón débil en James Comey, quien se había convertido en un blanco muy expuesto y vulnerable al extremo en que Trump lo etiquetó como un "farol" y "fanfarrón".

Pero a pesar de su ganada vulnerabilidad política, Comey era admirado dentro y fuera del FBI. Y su plan de investigar los probables vínculos de la campaña de Trump con Rusia, es considerada como una prioridad por parte de toda la comunidad de inteligencia de EU, de la cual el FBI es sólo una parte.

El despido de Comey fue una batalla central de una guerra que se ha endurecido desde el verano pasado, cuando actividades de vigilancia del FBI de seguridad nacional captaron a varios miembros del circulo de Trump accidentalmente.

Trump ha nominado funcionarios de gabinete quienes no entienden a las comunidades a las que se supone manejarán".

¿Sabían Trump y su equipo de campaña de esto? ¿Y si estaba consciente de esto, lo instigó?

Estas preguntas son parte de la clave en la batalla entre los aliados rusos en TrumLandia y sus enemigos en "la comunidad", la cual ha visto a Rusia por décadas como la principal amenaza para la democracia global.

"La gente está preocupada y hasta enfurecida", dijo al HuffPost Michael Hayden, general retirado de la Fuerza Aérea y exjefe de la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). "Ellos nunca han confiado, y nunca lo harán, en Rusia y seguirán preocupados por las acciones de Rusia en nuestras elecciones".

Por su parte, de acuerdo con algunas fuentes, el general McMasters se encuentra entre dos fuegos: él es un rusófilo quien parece ansioso de mostrarse leal a Trump.

Así que, ¿cómo va a ganar Trump esta guerra y, al mismo tiempo, descarrilar o cerrar las investigaciones que lleva a cabo el Senado, la Cámara de Representantes y el FBI?

Esto inicia en el Departamento de Justicia, en donde su fiel aliado, el procurador general Jeff Sessions, se excusó de participar en las investigaciones rusas, pero participó muy activamente en el cese de Comey. Rod Rosenstein, el supuestamente valiente y neutral flamante subprocurador general, hizo lo que le dijeron y redactó un memorándum insidioso que Trump utilizó para justificar su decisión de cesar a Comey.

Sessions y Rosenstein no participaran en la nominación del nuevo director, como sí lo hará Trump, pero seguirán con toda atención a quien sea confirmado. ¿Será alguien completamente independiente? ¿O hará el juramento de "lealtad" que Comey dice que el presidente le exigió? Mejor que todos apuesten por la segunda opción.

En otras partes de la "comunidad de inteligencia", Trump ha podido instalar personajes complacientes con quienes contar para disuadir a los subalternos de que eleven la voz por el entrometimiento de los rusos. Aquí hay que contar a Dan Coats, director de Inteligencia Nacional, al director de la CIA, Mike Pompeo, así como al secretario de Defensa Mattis.

Sin embargo, va a depender de los funcionarios de a pie que esa información salga al público a la luz de las amenazas de Trump, Sessions y otros en su contra.

Y también está el Congreso. En las sedes legislativas, los líderes republicanos que controlan ambas cámaras se rehúsan a apoyar el nombramiento de un fiscal especial, algo que sólo el titular del Departamento de Justicia (con Sessions separado de la investigación, tendría que ser Rosenstein), o el propio presidente podrían hacer. No queda claro si el presidente de la Cámara, Paul Ryan, o el líder del Senado, McConnel, podrían tener la estatura moral o la necesidad política (o las agallas) de romper con Trump.

McConnell se ve a sí mismo como un templado admirador de la Constitución y las instituciones tradicionales como el Senado. En su autobiografía, recuenta con orgullo su acto valiente de juventud de enfrentarse a un bravucón en el patio de la escuela. De cualquier forma, a él se le conoce más por ser cauto que por su coraje, además de que los electores en Kentucky, su estado natal, votaron fuertemente por Trump.

En las sedes legislativas, los líderes republicanos que controlan ambas cámaras se rehúsan a apoyar el nombramiento de un fiscal especial".

Los tribunales también son relevantes. A pesar de lo desorganizada que ha sido la administración Trump, se ha apresurado a ocupar las plazas en la corte federal, la cual jugará un papel relevante en la repartición de citatorios como parte de las diversas investigaciones. Los demócratas ya no tienen el recurso de congelar las iniciativas a fin de detener o prevenir que el presidente reforme las cortes.

Y en la Suprema Corte, el juez Anthony Kennedy no se va a mover, a menos que Trump consiga nominar a un reemplazo. El líder de la Corte, John Roberts, es totalmente diferente a Trump, además de que es en extremo sensible a cualquier cosa que manche la reputación de la Corte.

¿Qué tendrá que ver todo esto sí, y cuando, el caso de las investigaciones sobre Rusia, se presenten ante él y sus colegas?

Y, finalmente, ahí tenemos al FBI, donde todo esto comenzó.

En una repetición del viejo adagio de Garganta Profunda de "sigue el dinero", los federales han lanzado su clásico plan de "exprimir" a los testigos y obtener evidencia desde abajo y desde afuera, a fin de llegar así a los superiores, que, en este caso, se trata de los que integran el primer círculo del presidente, y quizá al mismo Trump.

Es bien sabido y entendido que el FBI ha acometido una averiguación de "contra-inteligencia" desde el verano pasado para ver si hay nexos, y hasta colusión, entre la campaña de Trump y (o) cuadros de Trump e intereses rusos.

La averiguación tiene que ver con asuntos de seguridad nacional y si fue infiltrada por agentes extranjeros u otro país.

El blanco de una investigación se convierte en testigo en otra y obtiene inmunidad en todo lo que tenga que contarnos".Michael Tabman, exjefe de campo del FBI

Pero la averiguación ha detonado el inicio de lo que el FBI denomina un "caso paralelo", en donde se buscan crímenes federales comunes, como evasión fiscal o llenar mal cuestionarios del gobierno, por parte de quienes sean atrapados en las redes de esta investigación sobre la seguridad nacional.

La misión no es encarcelar a gente por mucho tiempo, sino darles una razón de urgencia para cooperar en otros asuntos.

"Así es como esto funciona", explicó Michael Tabman, ex jefe de campo del FBI. "El fiscal federal nombra a alguien 'Reina por un Día'. El blanco de una investigación se convierte en testigo en otra y obtiene inmunidad en todo lo que tenga que contarnos".

Quizá a sabiendas de lo que venía, Comey llevó la averiguación del FBI a un nuevo nivel cuando lo corrieron y su oficina fue clausurada por un guardaespaldas personal de Trump mientras el exdirector se encontraba en Los Ángeles.

Comey había previsto que un gran jurado federal en Virginia, presidido por el respetado fiscal federal Dana J. Noente, emitiera citatorios para pedir los registros de socios de Michael Flynn, el amigo pro-Rusia y ex consejero de Seguridad Nacional de Trump.

Pero así, todo esto irá de manos de asociados de Flynn, al propio Flynn; de Flynn a otros ex miembros de la campaña de Trump, como Paul Manafort y Carter Page; y de ahí... ¿quién sabe a quién?

Trump no sabe cómo alguien en su círculo, ya sea bajo presión por otros cargos, se comportará. El presidente no sabe lo que dicha persona dirá ante la amenaza de ser encarcelada. Esa es una situación de pesadilla para Trump: la debilidad de alguien más podría volver al presidente el hombre más débil de todos.