INTERNACIONAL

El rechazo del mundo a líderes del tipo de Trump podría estar diciéndonos algo

Al parecer, otros países libres quieren permancer de ese modo.

12/05/2017 1:04 PM CDT | Actualizado 12/05/2017 4:25 PM CDT

WASHINGTON ― A nosotros estadounidenses nos gusta considerar nuestro país como el baluarte y el modelo de la democracia, y a nuestro presidente como "el líder del mundo libre".

Es nuestra etiqueta. O lo era.

El 8 de noviembre, Donald Trump llegó a la Casa Blanca retratándose como un hombre fuerte y populista que aplastaría el "sistema" y protegería al Estados Unidos tradicional del asalto económico y cultural de los otros.

El empresario multimillonario hizo campaña en una no tan declarada promesa de ser nuestro Vladimir Putin, con una mejor línea de colonia para hombres.

Desde entonces Trump ha dicho cosas buenas sobre una galería de canallas de otras antidemocracias y hombres fuertes nacionalistas como: Xi Jinping de China, Recap Tayyip Erdogan de Turquía, Abdel Fattah el Sisi de Egipto, Rodrigo Duterte de Filipinas y hasta Kim Jong Un de Corea del Norte, un lunático que nuestro presidente llamó "ingenioso".

En cuanto a Putin, Trump sabe que no puede adularlo, pero todavía puede advertir: nuestro presidente le dio a Moscú el aviso previo al lanzamiento de 59 misiles en un campo de aviación sirio protegido por los rusos.

En casa, Trump ha criticado a los "llamados" jueces federales, señalado al Senado de EU como anticuado, llamado al líder de los demócratas un "mal líder", desestimado a la prensa como "fake news", propuesto que cerrar el gobierno "sería una buena idea", mofado de la posible intervención rusa como una "farsa" y ha tratado hechos como algo canjeable, la verdad como irrelevante y la historia como cualquier cosa.

El martes, Trump despidió al director del FBI, quien aparentemente lo investigaba, a su campaña y auss negocios por lazos inapropiados con Rusia.

Así la narrativa en Washington, la capital del mundo libre.

Pero en los meses posteriores a la elección de Trump, una lista en aumento de otros países libres han votado por líderes que, de una manera o la otra, rechazan el trumpismo global y lo consideran un peligro a la democracia misma.

Votantes en Holanda, Austria, Francia y Corea del Sur han rechazado el nacionalismo autoritario basado en el miedo en favor de los demócratas de mentalidad abierta e internacionalista que respetan el proceso.

"La marea de Trump ha crecido", un diplomático europeo que vive aquí me dijo recientemente. "Hemos mirado a Trump y hemos dicho 'no'".

Esa perspectiva podría ser muy esperanzadora, o inocente, en el largo plazo. Pero por ahora, la tendencia es clara:

  • A menos de un mes de la victoria de Trump, los votantes en australia rechazaron al ultraderechista, anti Europa y antiinmigrantes Norbert Hofer, en cambio eligieron a Alexander Van der Bellen, quien se postuló bajo el lema de "libertad, calidad y solidaridad".
  • En marzo, el primer ministro conservador holandés Mark Rutte derrotó lo que muchos habían visto como una victoria estridente del cabecilla popular y antiinmigrantes Geert Wilders, quien había prometido "desislamizar" los Países Bajos.
  • Durante la semana, el exbanquero y centrista Emmanuel Macron derrotó —con un inesperado gran margen— a Marine Le Pen la anti Europa, antiinmigrantes, quien además Trump había predicho ganaría votos tras los atentados terroristas en Paris. Solo que lo opuesto fue lo que sucedió y Macron se convirtió en el presidente más joven de Francia y habló de unidad y en defensa de las instituciones democráticas.
  • Y el lunes en Corea del Sur, los votantes eligieron como su nuevo presidente a Moon Jae-in, quien prometió buscar mejores relaciones con el norte y cuestionó tanto el enfoque de Trump a ese tema como su insistencia de instalar (y obligar a Corea del Sur a pagar por) un nuevo sistema misil.

La atención después giró a Alemania, que tendrá elecciones federales en septiembre y en Italia, que podría votar tan pronto como este verano. Pero los resultados hasta ahora son especialmente tranquilizadores para los funcionarios alemanes, que tienen razones históricas para temer el resurgimiento de un nacionalismo estridente y racista en su país.

Hubo circunstancias únicas en el trabajo de las cuatro elecciones post-Trump, incluyendo el antisemitismo en las raíces del movimiento de Le Pen en Francia, y un escándalo de corrupción en Corea del Sur.

Pero el patrón general es claro, planteando interrogantes sobre el papel de Estados Unidos en el siglo pasado como garante de la democracia.

"Tal vez esto sea solo temporal", dijo el diplomático europeo en D.C. "Tengo que creer que Trump es una aberración o que va a aprender a medida que va. Por ahora, tenemos que hacer el trabajo nosotros mismos, en Alemania y en otros lugares, que , si lo piensas, es algo muy bueno ".

Este artículo se publicó originalmente en The HuffPost.

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