UN MUNDO MEJOR

10 actitudes infantiles que nos urge reaprehender ahora que somos adultos

Los editores del HuffPost respondimos a la pregunta: Qué hacías de niño que repetir ahora como adulto ayudaría a mejorar la sociedad.

29/04/2017 8:52 PM CDT | Actualizado 29/04/2017 8:54 PM CDT

Cuando somos niños ansiamos ser adultos, ignorantes de todo lo que implica. Ahora que somos adultos, extrañamos los beneficios con los que contábamos cuando, de entrada, no conocíamos siquiera el significado de la palabra responsabilidad.

Niños privilegiados como éramos (teníamos donde dormir, qué comer y nuestra única obligación era ir a la escuela) tampoco sabíamos mucho de la maldad o de la pena, del rencor, la venganza, el hambre, la guerra y todas las oscuras pasiones que tenemos los adultos.

El Día del Niño nos ofreció el pretexto perfecto para hablar de las actitudes infantiles a las que podríamos apelar los adultos para hacer de este mundo un lugar mejor. Estos son los sentimientos que los editores del HuffPost extrañan de su niñez.

Ser solidario - Ana Grimaldo

Cuando era chiquita me gustaba mucho mojarme a cubetazos con mis amigos cuando hacía calor, hasta un día que vi las noticias de Semana Santa y vi que mucha gente no tenía agua aquí en México. Después le pregunté a mi mamá y me platicó sobre África, en ese momento decidí que nunca más lo volvería a hacer porque mucha gente sufría debido a eso. Intenté entonces inventar otros juegos con mis amigos para que ellos también dejaran de hacerlo, porque, según mi mamá, nuestra diversión no podía ser el sufrimiento de alguien más.

Ver al otro como un igual - Guillermina Ortiz

De niñ@s, apenas conocías a alguien de tu edad y se convertía en tu amig@. A un adulto lo tratabas como tal, pero podías preguntarle casi todo. Nuestro concepto de maldad solo era "no quiero prestarle mis juguetes porque son míos", y ahora, para referirnos a otra persona es "esa bitch, ese wey, esa ruca...", aunque ni hayamos cruzado palabra con ellas, y lo primero que hacemos es buscarle un defecto. No confiamos en nadie que no sea uno mismo. Si tan solo nos detuviéramos a ver seres humanos, sin etiquetas, sin prejuicios, seguramente estaríamos mejor. Sin duda.

Ser menos egoístas - Daniela Méndez

Cuando era niña pensaba que ayudando a la gente de la calle podía ayudar a la sociedad. Claro que cuando eres niño no entiendes bien qué es la sociedad y menos te imaginas que vas a contribuir a salvarla, sólo quieres que la persona que ves sufrir deje de pasarla mal. Porque así pasa: cuando eres niño, la empatía no es casi nunca un problema y siempre quieres ayudar. Creo que eso nos hace falta ahora, quizá es muy utópico pero si dejáramos de pensar solo en nosotros mismo y nos detuviéramos a ayudar a otros las cosas serían más fáciles.

Ayudar y respetar - Daniela Méndez

Cuando eres niño te enseñan a no tomar las cosas de los otros, quizá si nunca olvidáramos esa máxima, no habría, además de robos, acoso sexual ni otro tipo de violencia. Respetaríamos al otro, sus cuerpos, sus espacios, sus pertenencias, su ser. De todas las formas posibles. Yo creo que de adultos nos viene bien recordar la empatía y el respeto que de niños eran básicos para sobrevivir.

Apelar a la amistad - Ariel Heiblum

Cuando era niño, lo más normal era tener a amigos que se quedaban varios días seguidos en mi casa, o yo en las de ellos. Hace falta tener relaciones así de intensas y honestas con nuestros amigos, simplemente porque nos caen bien. Hoy en día son muchos más los "amigos" con los que nos da miedo abrirnos.

Disfrutar de los pequeños placeres de la vida - José Beltrán

Cuando era niño disfrutaba algunos pequeños placeres de la vida, como comer un helado, salir a jugar, mojarme en la lluvia... Conforme crecemos, buscamos cosas materiales; aunque rara vez nos llenan de alegría.

Ser empáticos - Teresa Villa

Cuando era niña y veía a otros niños en la calle me daba demasiada ternura y no entendía por qué estaban ahí. Siempre trataba de regalarles dulces que me ganaba en las piñatas. Como sociedad, no deberíamos de perder esa empatía por los demás, por nuestra gente y de manera colectiva buscar soluciones para acabar con la pobreza.

No tenías enemigos - Cristina Díaz

Bastaba con que otro compañero de la escuela nos dijera que le gustaba ver Scooby-Doo, para que nos cayera bien. De pequeños no teníamos tantos prejuicios físicos. En realidad eso no importaba. Lo único que nos interesaba era que quisiera jugar lo mismo que nosotros, que le gustara música similar o que viera los mismos programas de tele. Una vez que crecimos, todo cambió. Ahora para poder confiar en alguien, casi tenemos que hacerle una entrevista de trabajo.

Jugar - Jimena García Lira

Cuando era niña me fascinaba imaginar y sentirme un personaje de caricatura que podían salvar el mundo como Los Caballeros del Zodiaco, Sailor Moon, Los Halcones Galácticos, y tantas caricaturas de las que todavía recuerdo de sus canciones... Era bonito porque esos dibujos mostraban que, más allá de todo lo caótico que puede ser el mundo o una situación, existen equipos y amistades tan grandes que ni "el poder del cosmos" pueden quebrantar... Ahora abundan las tablets y celulares en los niños, o programas que sin ninguna censura pueden ver, como Teen Mom (madres a los 13 años) o Acapulco Shore.

Imaginar otros mundos posibles - Manuel Hernández Borbolla

Si algo diferencia a los niños de los adultos es su capacidad de imaginar. La rigidez que llega con el paso de los años hace que muchas personas se aferren a sus ideas como un medio para subsistir en un mundo hostil. Pero precisamente esa rigidez hace que la imaginación se atrofie. ¿Qué sería del mundo si tuviéramos la misma capacidad de imaginar un mundo diferente, al igual que hacen los niños?

Confianza (darla y recibirla) - Sandra Lucario

Cuando somos niños, todo nos ilusiona. Cualquier promesa que nos hagan, la creemos. Entregamos todo nuestro corazón a esa otra persona que dice que hará todo lo que esté en sus manos para hacer esto o aquello. O quizá ni siquiera haya una promesa material de por medio, simplemente creemos y confiamos. No hay nada más triste que enfrentarnos al hecho de que "nos vieron la cara". Uno de los principales problemas de los adultos es que nos dedicamos a romper promesas y corazones y eso nos imposibilita tanto confiar como ser confiable para quienes nos rodean. Lo más triste es que terminamos volviéndonos súper egoístas y herméticos.

Ser impulsivos - Sandra Lucario

Los adultos somos súper aburridos. Todo el tiempo estamos pensando en lo que van a decir de nosotros y dejamos de hacer lo que nos nace, por puro miedo al qué dirán. Si nos preocupáramos menos por la opinión de los otros y más en lo que realmente queremos o nos nace, este mundo sería mucho más divertido y seguro estaríamos menos amargados.

Recordar lo que hacíamos y volver a hacerlo - Eythel Aracil

Vivir cada día con más fantasía, dejarse sorprender constantemente, dedicarle más tiempo al ocio, pasar más tiempo con los amigos y hacer nuevas amistades, jugar bajo la lluvia, perdonar más rápido y fácilmente, mantener la esperanza en todo momento, estar más en contacto con la naturaleza, seguir pensando que los abuelos son los que tienen más sabiduría.

Deporte - Luis Baylon

Las actividades físicas que teníamos antes eran parte del día a día, hoy cada vez es más raro ver un parque con niños jugando a la "traes", "quemados" o hasta ponerle un frutsy a la llanta trasera de la bici. Es cierto, nos tocó el boom del Nintendo y los videojuegos, aún así era parte de nuestro cotidiano, en la escuela ser más físicos, tal vez el riesgo de las rodillas raspadas y alguna torcedura se agradece más en una dinámica de integración más real que en una solicitud vía Facebook.

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