MÉXICO

Estas artesanas de CDMX curan a mano la pena de ser deportadas de EU

Ellas sobreviven en un peligroso barrio capitalino al tiempo que tejen su ilusión de visitar las tierras de donde las expulsaron.

23/04/2017 6:00 AM CDT
Erika Flores/HuffPost México
Patricia Luján alimenta la línea de tiempo en la que ella y sus compañeras del grupo Artesanas de Cuautepec fijan sus objetivos y apuntan sus logros en su lucha por financiar una visita a EU para ver a sus familiares y promover sus productos.

A la deportación, manos a la obra. Así suena el grito de guerra que da un grupo de mujeres retornadas a México en uno de los barrios más problemáticos de la capital del país. Bajo el nombre de Artesanas de Cuautepec, un puñado de mujeres no se conforma con ser parte de la estadística por las políticas migratorias de Estados Unidos y trabaja por un sueño. Ellas quieren ganar independencia económica, regresar a EU y mostrar a ambos lados de la frontera que su capacidad de adaptación y lucha es implacable.

Todo inició hace tres años, cuando Marco Castillo y Luis Ángel Gallegos, realizaron una convocatoria en Cuautepec Barrio Alto, una zona de alta incidencia criminal y marginación, en la delegación Gustavo A. Madero de CDMX. Querían conformar un grupo de mujeres, retornadas de Estados Unidos o familiares de migrantes, que tuviera interés por la artesanía. Su objetivo era empoderarlas contra la migración y su reto era hacerlo en la ciudad, pues ya habían cristalizado éste proyecto en zonas rurales de Puebla, Guerrero y Tlaxcala, mediante la Asamblea Popular de Familias Migrantes (Apofam).

Cuartoscuro
Las Artesanas de Cuautepec se desenvuelven en el frágil tejido social de una de las zonas con mayor incidencia criminal en la capital mexicana. Esta foto es del operativo policial en torno al homicidio de tres jóvenes a fines de 2016.

Su convocatoria fue estéril; nadie llegó a la cita. Mientras bajaban del cerro del Panal—por sus calles empinadas y curvas asesinas—, hablaron de cómo presentar una nueva convocatoria. Cuando cruzaban por la casa de Efigenia Martínez, ella escuchó su charla. "Estoy oyendo que ustedes ayudan a los migrantes y sus familias", les dijo, y empezaron a platicar. Una semana después, se reunió en su casa un grupo de vecinas que conoció el proyecto que tenían para ellas.

Estoy oyendo que ustedes ayudan a los migrantes y sus familias". Efigenia Martínez, vecina de Cuautepec Barrio Alto

"Su cara fue de escepticismo", recuerda Marco, director de Apofam. "Les explicamos que el objetivo era crear un grupo de artesanas—retornadas o familiares de migrantes— y que promoveríamos su empoderamiento para que ellas viajaran a Estados Unidos a mostrar su trabajo y reencontrarse con sus familias. Nosotros no prometemos visas ni ayudamos individuos con dinero, nuestra promesa fue ayudarlos para lograr una entrevista colectiva que fuera exitosa en la embajada norteamericana. Y no lo creyeron hasta que la propia Efigenia, como fundadora del grupo y con tres solicitudes de visa rechazada, consiguió su visa y pudo ir a ver a sus hijos. ¡Y ese, fue un día de fiesta!".

Erika Flores/HuffPost México
El grupo Artesanas de Cuautepec, creado por Apofam en la delegación Gustavo A. Madero de CDMX, se reúne todos los martes para trabajar y planear su futuro.

UN DESTINO NEGADO

El inicio de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quitó el sueño a muchos connacionales que residen allá de manera legal o irregular. La advertencia de deportación que Trump hizo durante su campaña presidencial no fue broma y los operativos que iniciaron desde febrero pasado así lo constataron. Cálculos hechos por organizaciones de atención a migrantes indicaron que, si durante la administración del ex presidente Barack Obama fueron deportados casi tres millones de inmigrantes, el nuevo mandatario podría alcanzar dicha cifra en menos tiempo.

MÉXICO ACUSA A EU DE VIOLAR LEYES DE DEPORTACIÓN

De ahí que el gobierno mexicano abordara el tema desde diciembre, buscando opciones para manejar los casos de repatriados toda vez que no cuenta con políticas públicas para este sector; y las pocas que ha habido, no han tenido continuidad. En todo este esfuerzo, son las organizaciones no gubernamentales (e incluso religiosas) quienes trabajan con estos grupos, hasta donde sus posibilidades se los permite, creando algunas historias de éxito, como ésta.

Erika Flores/HuffPost México
Capas, ponchos, vestidos, gorras y bufandas son, entre otros, los trabajos artesanales que el grupo presenta en el festival anual NewYorktlan.

PODER A LA VISTA

APOFAM (cuyo financiamiento depende de donaciones de migrantes, fundaciones y el Fondo para la Ciudad Hospitalaria de la CDMX) eligió este barrio porque estadísticamente Gustavo A. Madero es una delegación con altos índices de migración, marginalidad, vulnerabilidad y falta de tejido social en Ciudad de México. Le siguen Iztapalapa y Álvaro Obregón, que también son expulsoras de migrantes y sede de retornados. Y aunque se buscó realizar allí el mismo proyecto, éste no se consolidó porque los asistentes no estaban interesados en hacer trabajo colectivo artesanal sino en obtener visas rápidas a Estados Unidos a cambio de dinero.

Cuando reciben la visa entonces viajan de manera legal en representación del grupo, presentan su trabajo ante la institución que las invitó, hablan de su experiencia, venden sus productos y se reencuentran con su familia y comunidad. Después, regresan a México":Marco Castillo, Apofan

Por eso el grupo de Artesanas de Cuautepec es un orgullo de Apofam. "Para que ellas tuvieran una solicitud exitosa de visa, necesitábamos dignificar sus capitales culturales, sus idiomas, su capacidad de poder artesanal, su identidad cultural. Es algo que Estados Unidos podría valorar porque carece de ello, y podríamos evitar que les siguieran negando la visa por razones discriminatorias a pesar de tener ahorros de 200 mil pesos", afirma Marco.

Erika Flores/HuffPost México
Julia Oliver vende cremas corporales que su esposo fabrica en casa. Ya tiene pasaporte, solo falta lograr la visa para poder visitar en EUA a sus hermanos a quienes dejó de ver hace 25 años.

Los primeros meses, él y Luis Ángel escucharon las historias de estas mujeres que relataban el dolor que les causó la deportación y separación familiar. "La artesanía fue un gran convocante para empujar la necesidad de trabajar con el otro porque mientras ellas tejían se contaban sus historias de violencia, migración, y fueron encontrando denominadores comunes que luego transformaron en acciones colectivas", dice Marco. Cuando la confianza creció y se afianzó el vínculo, la asamblea les brindó asesoría jurídica para quienes habían dejado allá problemas legales de origen diverso.

DICE EU QUE NI LOS 'DREAMERS' TIENEN PROTECCIÓN

Después, el Instituto de la Mujer de CDMX se integró al grupo con terapias de apoyo emocional y talleres para el empoderamiento; también enseñó a estas mujeres a crear y sostener una modesta cooperativa para sustentar sus gastos materiales. Recibieron cursos de derechos humanos y luego se integraron a la red de los artesanos de Puebla, Guerrero y Tlaxcala donde trabajaron en equipo para erradicar la creencia de que la única manera de salir adelante, es migrando a Estados Unidos.

"Las mujeres de Cuautepec son el único grupo que tenemos en CDMX", destaca Marco. "Pero estas quince historias, por más pequeñas que sean, son un lunar de esperanza y recuperación social frente a un escenario que ha destruido el tejido social en un barrio violento. El gobierno no apuesta a este tipo de proyectos que dan resultados a mediano y largo plazo, solo busca acciones que den resultados rápidos".

PASAPORTE EN MANO

Son las 13 horas de un martes cualquiera y es día de reunión para el grupo de artesanas. Esta vez el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos no pudo prestarles el aula que casi siempre les facilita en el barrio y que utiliza para alfabetizar adultos. Por eso, don Lucio (padre de Betty Galicia, una de las integrantes de 41 años) prestó su casa por un par de horas para que las mujeres puedan reunirse, trabajar un rato y tomar decisiones sobre su futuro. Aunque la modesta vivienda se ubica casi en la punta del cerro, las artesanas, de entre 40 y 60 años, escalan como pueden por sus calles para llegar a la cita.

Erika Flores/HuffPost México
María Elena Ayala aprendió a tejer por necesidad por medio de un tutorial de internet que estaba en otro idioma.

Uno podría pensar que sus reuniones se reducen a chismes vecinales mientras toman café. Todo lo contrario. El Huffington Post México encontró que en este lugar las paredes se decoran con decenas de fotografías de quienes ya lograron reencontrarse con hijos, hermanos, esposos. Y no es por presunción, sino porque es su manera particular de celebrar los logros, trabajando con cronogramas anuales y líneas del tiempo que marcan metas específicas.

Estas quince historias, por más pequeñas que sean, son un lunar de esperanza y recuperación social frente a un escenario que ha destruido el tejido social en un barrio violento".Marco Castillo, Apofan

En un pequeño cuarto en obra negra (que mide dos metros por dos) las artesanas colocaron hules blancos y colgaron su trabajo en ganchos para destacar modelos y colores de capas, ponchos, vestidos, bufandas, gorras, bolsas, carteras. Junto a la barra—cubierta por telas blancas—, exponen bisutería, cremas corporales y vasos decorados a mano. No son ricas, viven al día; y éste patrimonio artesanal es su carta de presentación en ferias delegacionales y NewYorktlan, el festival trasnacional que se celebra anualmente en Nueva York y cuya difusión en redes sociales describe como un evento "donde celebramos con grupos de baile, comida tradicional, poesía en Mixteco y artesanías de la región, y para que los familiares que vienen desde México pueden participar y reunir con sus familias".

Erika Flores/HuffPost México
En tres años, solo cinco artesanas han logrado viajar a Estados Unidos para representar al grupo en el festival NewYorktlan y para hablar de su experiencia como mexicanas retornadas ante organizaciones, instituciones académicas y gubernamentales.

"Todas tenemos ya pasaporte", cuenta Julia Oliver (56 años) quien muestra las cremas exfoliantes que vende y que su marido prepara en casa. "Lo que no tenemos es la visa, y para el pasaje estamos haciendo una caja de ahorro, de 20, 50 pesos semanales. Cada seis meses nos prestamos dinero con réditos pequeños para comprar materia prima y un día, la visa ¡Esa es nuestra ilusión!".

También es la de María Elena Ayala (57 años) quien fue deportada con su hijo, tras vivir 14 años en California como indocumentados. Por necesidad aprendió a tejer, sola, utilizando sus dedos como agujas mientras entrelazaba un estambre grueso y miraba con detenimiento un tutorial en idioma extranjero que encontró en YouTube.

Cada seis meses nos prestamos dinero con réditos pequeños para comprar materia prima y un día, la visa ¡Esa es nuestra ilusión".Julia Oliver, Artesana de Cuautepec

Antes de integrarse al grupo de artesanas, ella tejía gorras y bufandas que enviaba a su hermana en Estados Unidos para ganar algunos dólares. "Luego me enteré que en casa de doña Efigenia se reunían mujeres con un abogado, fui a ver y me quedé. Después se corrió la voz y empezó a llegar más gente".

Erika Flores/HuffPost México
Irlanda Lujano teje y gracias a su participación en este taller pudo reencontrarse con sus hijos el año pasado.

Patricia Luján (41 años), es la cabeza del grupo después de que doña Efigenia le cedió su lugar: "Llegué aquí en 2014 para acompañar a mi hermana. Ella dejó sus hijos en Los Ángeles y yo estuve cinco años allá. Así que vine a las terapias que les daban porque necesitaba expresar mis sentimientos de cómo enfrentar la separación porque una llamada o video chat no es suficiente, y aprendí a sobresalir con nuestras artesanías".

Al principio, ella no sabía hacer nada, pero las otras mujeres le fueron enseñando: a tejer con agujas, gancho, aguja mágica, trabajos de fieltro y bisutería entre otros. Mientras aprendió a bordar blusas y bolsas, María Elena tejió capas y vestidos. Después se integró su comadre Betty, luego Irlanda, quien también tejía, y ellas a su vez trajeron a otras comadres o vecinas como Natalia Sánchez (42 años) quien elabora bisutería antes de irse a su trabajo regular como vendedora ambulante de refacciones de electrodomésticos.

"Antes vivía encerrada en mi mundo y mi familia", reconoce Patricia. "No le había tomado tanta importancia a la migración y ahora entiendo mejor la preocupación de las familias aquí y allá, porque de los dos lados se sufre".

DE NEWYORKTLAN A LOS ÁNGELES

El rol que juega Apofam en estos reencuentros familiares es minucioso y Marco Castillo lo describe así. "Construimos puentes con organizaciones, instituciones académicas y gubernamentales de Estados Unidos para difundir el esfuerzo de empoderamiento de estos retornados en México, para que ellos puedan patrocinar sus viajes mediante invitaciones formales e institucionales. Invitación en mano, informamos a la embajada de EU y las artesanas acuden a esa entrevista grupal a decir la verdad de su origen. Cuando reciben la visa entonces viajan de manera legal en representación del grupo, presentan su trabajo ante la institución que las invitó, hablan de su experiencia, venden sus productos y se reencuentran con su familia y comunidad. Después, regresan a México".

De los grupos que APOFAM empoderó en cuatro estados entre 2005 y 2015 (Ñaa Ka Jani, Ñani Migrante, San Francisco Tetlanohcán y Santo Domingo), un promedio de 110 familias ha vivido reencuentros exitosos con sus familias. Y de éstas, cinco han sido de las Artesanas de Cuautepec. "Es el grupo que menos ha viajado porque ellas solas se financian sus viajes con la cooperativa que tienen, estamos hablando que cada viaje por persona ronda entre los 10 y 20 mil pesos, incluye el pago de 160 dólares de la visa, más el pasaje redondo de avión y gastos de su estancia allá. No les alcanza para que viajen varias a la vez, solo una por una", precisa Marco.

Festival NewYorktlan

Pacientemente, las artesanas que no han viajado esperan su turno para hacerlo; todas tienen razones de peso. María Elena lleva siete años sin ver a sus hijas. Betty y Patricia desean reencontrarse con su familia en Los Ángeles. Julia tiene cuatro hermanos que no ve desde hace 25 años. Y Natalia no ha visto al suyo desde hace 36.

"Lo que inició como un experimento se convirtió en un proceso socio-organizativo", dice Marco. "Todas las artesanas regresan a México en tiempo y forma; y si lo desean, pueden volver de visita a Estados Unidos con sus visas. El viaje las cambia, lo que al principio era 'Denme una visa', se transformó en comités artesanales de mujeres pues 95% de ellas sigue en los grupos, no se fueron a pesar de conseguir una visa".

Las Artesanas de Cuautepec siguen de pie. Tras el coaching recibido ya juegan papeles proactivos frente a las autoridades locales con las, hace unos meses, negociaron realizar la primera Feria del Migrante y ahora quieren aprender cómo solicitar créditos en su demarcación y dependencias federales para impulsar su trabajo como artesanas y no depender solo de su modesta caja de ahorro.

Además, solicitaron el apoyo de Apofam para saber cómo realizar en Los Ángeles un festival similar a NewYorktlan. La organización las respaldó y hace unas semanas tuvieron aquí en CDMX una primera reunión con funcionarios de California, para consolidar el proyecto que podría realizarse este año.

Orgulloso de los resultados, Marco concluye: "Estas mujeres pasaron de lo pasivo a lo activo, ahora son mujeres autogestivas que ya viven la migración de otra manera porque tratan de reconstruir su vida como madres solteras que trabajan en su comunidad, sin soñar con irse al otro lado".

¡ASÍ SE BAILA EN NEWYORKTLAN!

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

- Una mexicana entre los 100 más influyentes de Time

- Con el TLCAN, Trump perdería más feo que con el Obamacare

- Acusaron a mi esposo de traficar con nuestra hija en un vuelo de United