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Gracias a las remesas, esta familia dejó la casa de piedra por una vivienda moderna

Los hermanos Botello migraron a Florida para trabajar y ofrecer una mejor vida a sus familias en México.

04/04/2017 3:24 PM CDT | Actualizado 04/04/2017 3:55 PM CDT
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Los hermanos Botello crecieron en una casa de piedra de un poblado mexicano que ni siquiera aparece en los mapas, pero ahora viven en modernas viviendas gracias a las remesas enviadas desde Estados Unidos, un dinero que Donald Trump amenazó con intervenir.

"No hubiera podido tener mi casa ni mi camioneta sin ese dinero que gané allá", dice José Botello.

"No hubiera podido tener mi casa ni mi camioneta sin ese dinero que gané allá", dice a la AFP José Botello, de 28 años, mostrando con orgullo su confortable hogar en la pequeña localidad de Piedras Negras, en el estado de Guanajuato.

Tras dos años en Estados Unidos, José y su hermano Federico, de 24 años, regresaron en diciembre para casarse en esta comunidad de unas cuantas calles de tierra, donde el sol cae inclemente.

En Naples, Florida, siguen aún otros cuatro hermanos que también ahorran cada dólar soñando con una vida mejor.

Las remesas enviadas por mexicanos desde Estados Unidos son el principal sustento de numerosas familias, principalmente campesinas, y figuran entre las mayores fuentes de ingresos de México, con récord de casi 27 mil millones de dólares en 2016, un 2.6% del PIB nacional.

Por eso, el gobierno mexicano permanece vigilante ante los amagos del presidente estadounidense, Donald Trump, de intervenir o tasar las remesas para financiar su polémico muro fronterizo.

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Cruzar la frontera, el sacrificio

Ser migrante "es un sacrificio porque la pareja, mi esposa, se queda, pero la verdad vale la pena porque solamente así se puede salir adelante", explica Federico, quien construyó su casa en un terreno que también alberga decenas de cabezas de ganado compradas con sus ahorros.

"A lo mejor me quedo un año más", relata desde Naples por teléfono su hermano Gabriel, de 22 años, para quien migrar es una alternativa económicamente interesante ante la falta de oportunidades en su tierra.

"Nos ha ido bien, no se han visto redadas por acá, pero si ya nos toca, pues ni modo, de regreso", dijo Gabriel Botello.

"Nos ha ido bien, no se han visto redadas por acá, pero si ya nos toca, pues ni modo, de regreso", añade el joven, que asegura ir de casa al trabajo y del trabajo a casa: "La vida de un indocumentado", resume.

Los hermanos Botello, que no hablan inglés y manejan un español básico resultado de su corta escolarización, conocen poco del discurso antimexicano de Trump, pero sí notaron un cambio a medida que el republicano se encaminaba a la Casa Blanca.

"Hay más racismo, lo miran a uno como si fuera un criminal. Uno trabaja más que un americano y nos pagan menos", dice José. Y exclama que "no es justo" que Trump pretenda intervenir el dinero "que uno gana con su propio sudor".

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Trabajo temporal

Los Botello entraron a Estados Unidos legalmente con una visa de trabajo que "alguien", afirman, les consiguió en la embajada estadounidense en México por 2,500 dólares. El permiso era por tres meses, tras los cuales se convirtieron en indocumentados.

Pero todo valió el esfuerzo, dice Gabriel, pues a los cuatro hermanos les pagan un promedio 20 dólares por hora trabajando como albañiles. Hay meses en que "cada uno mandamos (a México) como 2,000 dólares y vivimos con unos 1,000", explica.

"Lo que gano en un mes aquí, en mi rancho tendría que trabajar casi medio año", resume Magdaleno.

"Lo que gano en un mes aquí, en mi rancho tendría que trabajar casi medio año", resume Magdaleno, de 30 años, otro de los hermanos que está en Florida desde 2014.

En Piedras Negras, los Botello cultivan la tierra familiar y crían ganado en jornadas que arrancan al amanecer y terminan al caer la tarde.

La última cosecha de maíz y sorgo, que empezaron a cultivar en mayo y en la que trabaja toda la familia, la vendieron siete meses después por 90,000 pesos (unos 4.500 dólares), frente a los 3,000 dólares que cada uno puede ganar mensualmente en Estados Unidos.

Pero para ellos, su vida estadounidense es temporal, un par de años, dicen, para ahorrar y volver al pueblo y quizá regresar puntualmente cuando necesiten dinero. Ninguno sueña con terminar allí sus días.

En México "vamos al día, subió el precio de la gasolina, suben las cosas y eso le aprieta al campesino. Pero también aquí hay futuro, un poquito más apretado", considera Federico.

Magdaleno dice desde Naples que piensa regresar pronto a su país y no volver a Estados Unidos "mientras esté este señor" Trump.

Además, aquí "la vida no se disfruta igual que en México", afirma.

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