POLÍTICA

La "macabra" violencia de las pandillas en Centroamérica

Tras adentrarse en el cártel de Sinaloa, esto fue lo que nos contó el periodista David Beriain, sobre los muertos provocados por la Mara Salvatrucha y la Pandilla 18.

22/03/2017 4:00 AM CST | Actualizado 22/03/2017 6:53 AM CST
Discovery Channel

La historia de las pandillas salvadoreñas es un relato donde la justicia parece haber sido sustituida por la venganza. Es la conclusión a la que llegó el periodista y corresponsal de guerra David Beriain, quien tras haberse sumergido en las entrañas del cártel de Sinaloa, decidió pasar algunos meses en El Salvador, con el único fin de documentar la "macabra" violencia que sufre aquel país.

Una violencia que, de acuerdo con Beriain, incluso supera las matanzas que se vivieron durante los días más álgidos de la guerra de Irak. Una guerra descarnada donde la muerte puede entrar con una bala por la espalda sin justificación alguna, más allá del intento de un grupo de jóvenes marginados por sobrevivir a la crueldad del mundo que les tocó vivir.

"Hay gente que viendo que no puede esperar el camino de la justicia, emprende el camino de retorno de la venganza, montando grupos de autodefensa, grupos de exterminio o escuadrones de la muerte", asegura el periodista, quien agrega que la situación actual de El Salvador es más sangrienta que la guerra civil que vivió aquel país durante la década de los 80.

A continuación, te presentamos la entrevista que realizó The Huffington Post con Beriain, a propósito de su expedición a El Salvador, y como parte de la más reciente temporada de Clandestino, programa de Discovery Channel donde se transmiten sus historias.

La situación actual de El Salvador es más sangrienta que la guerra civil que vivió aquel país durante la década de los 80.

El corresponsal de guerra infiltrado en el cártel de Sinaloa que quedó sorprendido por la violencia en México

Después de ver los contrastes de la violencia del narco en lugares como Sinaloa, ¿qué diferencias encuentras entre la violencia que se vive en El Salvador?

Me impactó muchísimo más, si te soy sincero, lo que pasa en El Salvador. Quizá por desconocido o por estar fuera del alcance de los medios. Veníamos de Sinaloa, donde habíamos estado sometidos y tenido la oportunidad y el privilegio de contar historias tremendas y llegamos sin demasiadas expectativas a un lugar que no conocíamos bien como lo era El Salvador. Lo que vimos ahí fue una violencia que se está convirtiendo en ultraviolencia. Una situación de conflicto que se está convirtiendo en guerra abierta. Un horror que se está convirtiendo en terror.

¿Qué diferencias hubo entre adentrarte en el cártel de Sinaloa y estas otras organizaciones como las pandillas salvadoreñas?

Con el cártel de Sinaloa tenía el desafío de entrar en la organización criminal más poderosa del mundo. Las maras y las pandillas, en este caso la Pandilla 18, que es a la que nosotros logramos acceder, tiene esa dificultad que es una organización clandestina, que se cuida mucho, que tiene códigos muy estrictos, donde los extraños no son muy bienvenidos y que no se ha abierto a los medios porque de alguna manera es un contrasistema, una reacción de una sociedad que no tiene demasiadas salidas para estos muchachos y ellos deciden protegerse de la sociedad y la violencia que les rodea, generando más violencia. Para mí fue tremendamente difícil. Es una violencia difícil de entender, porque no tiene una razón política tan fuerte o no es un conflicto ideológico; es un conflicto muy estructural, casi tribal, donde en El Salvador te pueden matar por pasar de un barrio a otro, por cruzar una calle, porque un territorio está controlado por la Mara Salvatrucha y otro por la Pandilla 18. Es mi barrio contra el mundo. Un grupo de jóvenes que están reaccionando ante la falta de oportunidades y los problemas estructurales de su sociedad, uniéndose, armándose e intentando sobrevivir de la delincuencia, de la extorsión, del microtráfico de drogas y la guerra contra otra pandilla y las fuerzas de seguridad del Estado, donde se producen un montón de muertos.

En El Salvador te pueden matar por pasar de un barrio a otro, por cruzar una calle, porque un territorio está controlado por la Mara Salvatrucha y otro por la Pandilla 18.


Hay 100 mil pandilleros en El Salvador, 40 mil policías y militares, y muchísimos muertos. Hay más muertos ahora mismo en El Salvador de los que había en los momentos más álgidos de la guerra de Irak, para que te des una idea. Nuestro foco de interés es todas esas reacciones que están surgiendo de los autodenominados justicieros, autodefensas, escuadrones de la muerte y grupos de exterminio que toman justicia por su propia mano viendo que el Estado está sobrepasado y que no puede cuidar de ellos.

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¿Qué fue lo que más te impactó de las historias que pudiste recabar en esta aventura?

Muchísimas, como oír a un criteriado, que es un pandillero que ha cometido crímenes, pero cuando lo captura la policía decide negociar y entregar a sus compañeros. Esta persona era responsable de haber matado con sus manos a 26 personas, y como jefe de su grupo, responsable del asesinato de más de 100. Y él no está en la cárcel, está libre porque entregó a 75 de sus compañeros. Este hombre me contaba, con mucha serenidad, cómo a una de sus víctimas le había abierto el pecho, sacado las costillas para poder arrancarle el corazón vivo y vio cómo se le agotaba el latido en sus manos. Desde eso, hasta el testimonio de la madre de un pandillero muerto a manos de la policía que hace una pregunta muy incómoda '¿Es diferente si la ley mata igual o diferente a nosotros?' A final, lo que te dice es que detrás de un pandillero hay una madre que llora por ellos. Desde el grupo de exterminio que te cuenta que están en eso porque a uno de ellos, el pandillero jefe de su zona le pidió a su hija de 15 años para que fuese su compañera sexual, y si se negaba estaba muerto, y prefirió matar antes que entregar a su hija. Es una historia muy básica, muy primitiva, quizá, de una violencia extrema en la que acudimos al desenterramiento de fosas comunes delante de nuestras cámaras que se están convirtiendo en una modalidad de todos los días en El Salvador, porque los pandilleros ante la posibilidad de que se les imputen esos crímenes y que se les meta a la cárcel por el delito de terrorismo, deciden seguir matando pero esconder a sus víctimas. Entonces esconder a sus víctimas se ha convertido en una táctica habitual que ha llenado al país de fosas comunes. Recuerdo a un arqueólogo forense decir 'bueno, es que en El Salvador los que hacen crecer las plantas somos los salvadoreños que estamos muriendo sin que nadie haga nada para evitarlo'.

Hay 6 millones de personas en El Salvador y 3 millones en la diáspora internacional, prácticamente todos ellos en California.



Después de haber recogido todas estas impresiones, ¿a qué se deberá que toda esta región de México y el triángulo del norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala, Honduras) se haya convertido en una de las regiones más violentas del mundo?

Son situaciones muy distintas. A México le penalizan mucho su situación geoestratégica. Es una puerta de acceso al mayor mercado de drogas del mundo, que es Estados Unidos, y eso ha provocado que haya una violencia estructural asociada al narcotráfico muy fuerte, pero es una situación muy distinta a los maras del Salvador, que por cierto es un fenómeno que se originó en Estados Unidos. La historia de los maras y las pandillas es que durante la guerra civil en El Salvador en los años 80, los jóvenes huyen del país para no ser reclutados por el ejército y no morir en los enfrentamientos. Se van a Estados Unidos, donde son refugiados sin oficio ni beneficio, se encuentran con un país que no tiene absolutamente nada para ellos y, marginados, lo que hacen es sumarse a las pandillas latinas que ya había ahí, la llamada mafia mexicana y pandillas como el Barrio 18, que eran muy antiguas, que datan de los años 30, con los muchachos que trabajaban para Al Capone en Los Ángeles. Se meten a esas pandillas y como son muchos los salvadoreños que hay ahí, -no olvidemos que hay 6 millones de personas en El Salvador y 3 millones en la diáspora internacional, prácticamente todos ellos en California-, montan este tipo de pandillas como la Mara Salvatrucha, que eran escisiones de la 18, y que ya eran puramente salvadoreñas. Cuando acaba la guerra, son deportados al Salvador y llevan lo que han aprendido: a delinquir, pequeños delitos, extorsiones, y alguno que otro asesinato. Llegan ahí y todavía no son muy violentos, pero su violencia va creciendo a la par que se va agudizando la crisis social en un país que pasó de ser modelo con los acuerdos de paz internacional que era ejemplo entre los estudiosos, pero esos acuerdos no son puestos en práctica y caen en una desilusión constante. Esos jóvenes, huidos de la guerra, vuelven trayéndose con ellos la muerte de la que habían huido. Su violencia crece hasta el punto que tenemos hoy en día.

¿Qué impresión te dejó la gente que no están involucrados en este conflicto de manera directa pero que están sufriendo las consecuencias, fenómeno que ha provocado una migración masiva de centroamericanos, incluso de niños no acompañados, hacia Estados Unidos en la última década?

A todas las personas que tenían edad suficiente para haber vivido la guerra civil, les he hecho la misma pregunta '¿es lo que viven ahora mejor o peor que lo que vivían en la guerra civil?' Y absolutamente todos, el cien por cien de las decenas de personas a las que yo entrevisté, me dijeron 'esto es mucho peor, David. Porque entonces sabías quién era uno y quién era otro, se escapaban los tiros y a veces caían civiles. Pero sabías quién era quién y qué esperar. Ahora no sabes quién te va a matar, la bala te va a entrar por la espalda y no vas a saber ni por qué. Porque cruzaste una calle, miraste mal a alguien o lo que sea'. La gente está desesperada ante una violencia que no entiende y que de alguna manera no sabe cómo gestionar.

¿A qué le atribuyes la poca visibilidad que tiene ante la comunidad internacional la crisis humanitaria tan terrible que está atravesando El Salvador y Centroamérica?

Creo que está demostrado que los medios internacionales no son capaces de fijar su atención en más de un sitio a la vez. Es un país pequeño al que nadie le hace mucho caso. Pero quienes nos sentimos cerca de América Latina y sentimos el dolor de su gente, no podemos sino mirar su historia, y te lo dice alguien que ha estado en Afganistán, Irak y ha cubierto muchas guerras, me parece una de las situaciones más terribles por lo difícil de entender y asumir el grado de violencia, donde ya no basta con matar, hay que matar generando terror: descuartizando, desmembrando, colocando el cuerpo de la forma más macabra. El asesinato se ha convertido en un lenguaje en sí mismo. He visto pocas situaciones tan terribles en mi vida, como la que vive a diario El Salvador, que supuestamente no tiene una guerra declarada. Un país que supuestamente no tiene situaciones de lugares como África, pero que sufre una violencia muchísimo peor que está haciendo que la gente huya para no morir, y los que se quedan simplemente esperan que la muerte no les llame a la puerta.

El asesinato se ha convertido en un lenguaje en sí mismo. He visto pocas situaciones tan terribles en mi vida, como la que vive a diario El Salvador.


¿A qué se debe la indiferencia de México y Estados Unidos sobre el tema, y que apenas ahora con la polémica del muro se ha puesto la problemática de Centroamérica en la agenda de ambos países?

Estados Unidos vive un proceso de enrocamiento sobre sí mismo, que lo hace no mirar mucho hacia fuera y cuando lo hace lo mire como un problema y no como algo que tiene que contribuir con una solución. Eso pasa no sólo respecto al Salvador, sino también respecto a México. Y sobre México, pues yo creo que ya tiene demasiados problemas como para mirar otros, aunque debiera mirar porque los problemas de los salvadoreños inevitablemente le va a llegar a México por ese camino de muerte que se unifica en la migración.

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