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Francis Fukuyama: la democracia necesita a las elites

“El populismo existe porque las instituciones se diseñaron para crear elites”; sin embargo, las democracias no funcionan bien sin las elites, dice el aclamado autor de El fin de la historia.

05/03/2017 10:52 AM CST | Actualizado 07/03/2017 10:56 AM CST
Otto Dettmer/ The Economist

Francis Fukuyama es un politólogo estadounidense conocido por su libro El fin de la historia y el último hombre. Su obra más reciente es El orden político y la decadencia política: de la Revolución Industrial a la globalización de la democracia. Él conversó con Alexander Görlach para el HuffPost en Palo Alto, California, en torno al presidente de EU, Donald Trump, la ola populista que se esparce por Europa y las noticias falsas.

Larry Downing / Reuters
El Dr. Francis Fukuyama se sentó con el WorldPost.

¿Cómo define el año que ha pasado? ¿Qué le ha pasado al orden mundial?

La gran sorpresa es que esta ola del nacionalismo populista se ha desarrollado en el territorio natural de las áreas clásicas del liberalismo anglosajón. Por primera vez, por lo menos desde que vivo, hay un presidente que abiertamente desecha el papel que EU juega en un orden mundial liberal. El otro problema con Donald Trump es su absoluta falta de capacidad para el trabajo, llámale preparación, carácter o temperamento. Nada de lo que haya pasado desde que tomó posesión ha aquietado esas preocupaciones...

¿Qué le diría a la gente que dice que él apenas es la punta del iceberg pues representa a una clase demográfica blanca, rural y reprimida?

Bueno, la mayoría de los estadounidenses votó en su contra. Él tiene el apoyo emocional de un grupo reducido de gente, pero nada cercano a decir que la mayoría del país lo respalda. Para mí, el aspecto interesante de su presidencia es el papel que juegan los republicanos. Cuando van a levantar y decir: "¡Ya basta!" Eso no se ha dado todavía y tampoco cambiará mientras las cosas marchen bien en la economía. Desde la toma de posesión, él se ha trepado en una ola de desarrollos económicos positivos, así que puede usarlos para revertir sus índices de popularidad.

La opinión de Donald Trump influencía el comportamiento de los votantes en el extranjero, pero no será decisivo.

Sabemos que cuando la primera ministra británica, Theresa May, visitó a Trump, él la felicitó por el resultado del referendo de la Brexit. ¿Su opinión tiene influencia en el comportamiento de votantes en otros países, específicamente en Holanda y Francia, donde se aproximan elecciones?

Es complicado. Por un lado, los líderes de allá, por supuesto, disfrutan de los elogios del presidente de EU. Pero, por otra parte, hay fuertes posturas anti-estadounidenses en Europa. La gente dice: "No queremos un Trump en nuestro país". Eso, por ejemplo, ha sido un factor en contra de Geert Wilders, el político antiinmigrante de Holanda. Así que creo que sí hay una influencia, pero no será decisoria.

¿La actual ola populista está llevando a las instituciones europeas rumbo a una crisis?

Hay que admitir que las instituciones no han estado funcionando bien, pero también hay un problema con la narrativa. Sin embargo, en efecto, esto describe el sentimiento de que el electorado europeo ha perdido la fe en las instituciones, como el Acuerdo de Schengen, por ejemplo, el cual permite el libre movimiento de gente por las fronteras de esa zona.

El electorado europeo ha perdido la fe en las instituciones.

¿Qué solución tendría que incluya tanto a la gente que ha perdido la fe en sus instituciones como a los de la ultraizquierda que quieren fronteras abiertas?

Esa es una pregunta difícil. Si yo fuera el canciller alemán, me enfocaría mucho en Italia y Grecia. En la próxima generación, literalmente llegarán oleadas de personas de África. Y se deben asegurar esos límites marinos y también cuidar las fronteras internas. Al mismo tiempo, la migración simplemente está aumentando el ritmo: unos 800,000 polacos llegaron al Reino Unido en años recientes. Esa cifra es enorme.

¿Es la migración intraeuropea diferente a la intercontinental?

No. Eso no es más que un cuento de hadas. La Unión Europea ha hecho muy poco en términos de la creación de una identidad. Nadie se cree europeo primero y luego alemán. ¡Es al contrario! En muchos casos, esto se ha dado en otra dirección, en la cual se prioriza el regionalismo. Lo hemos visto en Escocia, por ejemplo, o en Cataluña. La cuestión real en esto es, sin embargo, la soberanía. Muchas de estas áreas separatistas tienen sus propias instituciones. Así, la imagen cultural de serenidad es más bien una utopía. El populismo existe porque las instituciones están enfocadas en las elites. El problema es la desigualdad en la integración económica.

AFP/Getty Images
Migrantes de Eritrea comen una comida que reciben en la estación de tren de Milán en 2015. "En la próxima generación, África literalmente se derramará en Europa", dijo el scientífico político de la Universidad de Stanford.

Pero, ¿no debería funcionar de ambas formas? Es decir, a mí no me importa si el chofer de Uber en Londres es británico o polaco. ¿Se favorece más a un lado que al otro?

Por supuesto, esa es una forma de verlo. Pero así no funcionan las organizaciones políticas. Los polacos que quitan trabajos a los británicos crean resentimientos. La globalización económica ha excedido los límites de la globalización política. Todavía no nos hemos organizado en términos globales y no creo que alguna vez lo estemos. El debate entre Alemania y Grecia sobre la deuda es el mejor ejemplo de esto, en el cual los alemanes están furiosos por tener que mandar dinero de los contribuyentes a los griegos.

¿Así que, tras 70 años de éxitos relativos del multilateralismo y del esfuerzo europeo de construcción de instituciones, vamos hacia atrás?

El enfoque y la esperanza de antes tenía que ver con la integración económica y que a través de esta globalización de la economía las culturas se podrían integrar. Pero el mundo no funciona así. La economía no es lo único que impulsa a la gente, ¡también lo hacen la identidad y la cultura! Y ahí es en donde la Unión Europea se quedó corta y por eso ahora lo están lamentando.

No es solamente la economía lo que impulsa a la gente, también importa la identidad y la cultura.

A la fecha hay una minoría elitista en la que se consideran ciudadanos globales y para quienes la geografía y la cultura parecen no importar. Pero si esta elite cree que el resto del mundo piensa igual, están equivocados. Los beneficios de la globalización no se comparten con igualdad y es por esto que existe ese retroceso. La mayoría de la gente, como ya mencioné, está en un nivel nacional, sino regional. Cambiar eso será extremadamente difícil y tardado.

¿Cuál es el remedio?

No hay una receta para lo que el debate exige por ahora. En términos económicos, estamos en una vía errónea en relación a nuestra opinión del aislacionismo o el proteccionismo. La educación sí es un factor, tanto en términos generacionales como en lo que tiene que ver con capacitar a la gente que tiene trabajos en amenaza de extinción, en específico empleos que se reemplazan en creciente medida con robots e Inteligencia Artificial.

Y todo esto, ¿qué significa en un panorama más completo? ¿Tendremos que desacoplar las políticas, las economías y las culturas y rebajar cada concepto internacional a niveles nacionales y regionales? ¿O deberíamos de subir a todos al mismo tren y unificar las intenciones sobre la marcha?

Honestamente, no sé la respuesta a una pregunta tan abstracta. Así que mejor te doy un ejemplo: en EU necesitamos una reforma integral de inmigración. Con el expresidente George W. Bush fracasó un intento. Esencialmente, ambos bandos a la izquierda y la derecha del debate tienen un punto. Los casi 11 millones de inmigrantes indocumentados que tenemos ahora no pueden ser deportados. Se tiene que hallar la manera de mantenerlos en el país, asumiendo que están trabajando y respetan la ley.

Y, por otra parte, EU no ha aplicado sus leyes de inmigración, lo cual resulta en que estos 11 millones de personas estén aquí. Una tarjeta de identidad nacional podría ser una solución lógica, pero tanto la izquierda como la derecha desconfían del gobierno a tal extremo como para promover esa idea. La comunidad de negocios tampoco quiere ser el brazo ejecutor de esas políticas, así que todo se encuentra en un limbo. El sistema político de EU está empantanado y ningún bando quiere ceder.

World Post
"Parece que todo lo que la gente ve en internet lo considera válido", dijo Fukuyama sobre el reciente incremento de noticias falsas.

Una última pregunta en referencia a las noticias falsas (fake news). ¿Cómo académico, cuál es su opinión?

De hecho, me molesta más como ciudadano que como académico. La polarización y la desconfianza de las instituciones actuales es destructiva y, tristemente, es uno de los resultados de internet. Pareciera que cualquier cosa que la gente lee en internet es vista como auténtica, a pesar de que no haya nadie que figure entre el productor del contenido y el consumidor de la información, como nos habíamos acostumbrado en las noticias tradicionales.

Ahora, Rusia y China, entre otros, juegan un papel muy activo en minar la credibilidad de la información, lo que constituye una nueva forma de hacer la guerra. Al mismo tiempo, la gente quiere creer en las cosas y no le importa la exactitud de los hechos. Pero, por el otro lado, puedo argumentar que las instituciones siempre han estado controladas por las elites y que debido a la presencia de internet están perdiendo ese poder. Quizá las democracias no funcionan muy bien sin cierto nivel de control por parte de las elites. Pero eso será algo que ya veremos los próximos años.

Este artículo se publicó originalmente en The World Post.

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