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Doctores "dreamers" temen que los deporten por órdenes de Trump

Una facultad de medicina de Chicago tiene más estudiantes indocumentados que cualquier otra en EU. Jóvenes del programa DACA ven con incertidumbre su futuro.

27/02/2017 9:18 AM CST | Actualizado 27/02/2017 10:38 AM CST
Cortesía de la Universidad de Loyola

CHICAGO-. Los años recientes han sido una montaña rusa emocional para Belsy García Manrique. Esta inmigrante indocumentada de 26 años, originaria de Guatemala, estudió biología, química y matemáticas en la Universidad Mercer, en Macon, Georgia, con pocas esperanzas de ser una doctora, el trabajo con el que soñaba.

Luego, el expresidente Barack Obama anunció en 2012 el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), que, permitió a cientos de miles de jóvenes indocumentados que, como Manrique, llegaron a EU de niños, tener permisos de trabajo en EU y un permiso para permanecer legalmente por dos años. Si bien no se trata de una vía de acceso a la ciudadanía, les permitía vivir de forma abierta y arrancar carreras de acuerdo con su potencial.

"Fue muy emocionante", dijo Manrique, quien habla con un suave acento sureño. "Fue como un sentimiento de que las cosas iban a cambiar para bien".

Ahora, en su segundo año en la Facultad de Medicina Stritch de la Universidad de Loyola en Chicago, Manrique volvió a la incertidumbre. En su campaña, Donald Trump prometió desmantelar el DACA. Después, ha dicho que ya "trabajará en algo" para la gente inscrita en el programa. Pero ante los reportes de redadas de indocumentados y el arresto de por lo menos un beneficiario del DACA, muchos de los 750,000 participantes del programa están nerviosos.

En EU viven unos 11 millones de inmigrantes indocumentados. Aunque muchos huyeron de la violencia y persecución, en especial de Centroamérica, el pedir asilo en el país no es posible si han estado en el país por más de un año.

Muchos en el DACA, a quienes se les conoce como dreamers por la Ley DREAM, una iniciativa federal que no fue aprobada y que les permitiría legalizar su estancia, crecieron estudiando con ganas en sus escuelas en la creencia que su éxito académico les podría significar la legalización. En tanto, sus padres vivieron y trabajaron en las sombras.

Ahora, a los dreamers les preocupa que caigan en las redadas antiinmigración de Trump y que los deporten a los países peligrosos que apenas conocen.

"Me sentí demasiado segura y complaciente", dice Manrique, quien llegó a EU a los 11 años y que recuerda cómo su mamá la arrastró por el río Bravo en un neumático flotante. "Esta elección fue la que reventó esa burbuja. Simplemente, me preparo para lo peor".

DOCTORES DREAMERS

Loyola Stritch, la escuela de Manrique, alberga a 28 estudiantes de medicina indocumentados, más que cualquier otro programa médico en el país. Hay unos 70 indocumentados estudiando en otras escuelas de medicina a nivel nacional, de acuerdo con la Asociación de Facultades de Medicina de EU.

Loyola Stritch tuvo el primer programa que activamente reclutó solicitantes indocumentados luego del inicio del DACA. Una decisión que se tomó en base a la tradición jesuita de la escuela de apertura, dijo Mark Kuczewski, quien dirige el departamento de educación médica de Loyola Stritch. También sirve para un propósito práctico, añade, pues ayudará a que los estudiantes indocumentados puedan eventualmente ayudar a cubrir la falta de más de 90 mil médicos a 2025.

La primera generación de dreamers de Loyola Stritch, que se graduaron en 2014, cumplen ahora sus rotaciones clínicas en hospitales escuela. Sin embargo, si se anula el DACA y pierden sus permisos de trabajo, no van a poder iniciar sus residencias médicas, por lo que tendrán que dar un paso adicional en sus carreras.

Muchos de estos estudiantes han financiado su educación médica con cientos de miles de dólares de préstamos privados, por lo que, si no pueden trabajar como doctores, será muy difícil que puedan pagar dichos créditos.

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"Estos jóvenes son un capital social", dice Kuczewski, quien es profesor de bioética. "Son ambiciosos y son, por lo menos bilingües y biculturales, por lo que están increíblemente bien capacitados para atender a poblaciones que no están bien atendidas".

César Montelongo, compañero de clase de Manrique, tenía 10 años cuando su familia llegó a EU escapando de las guerras de pandillas de las drogas en su ciudad natal de Ciudad Juárez, México, una de las entidades más peligrosas del mundo. Ellos cruzaron legalmente la frontera con EU con sus pasaportes y se quedaron luego de que se vencieron sus visas de turista.

A un tío estadounidense le tomó más de una década obtener una visa familiar, lo cual dejó a Montelongo y su hermana en una edad en la que ya no era posible acogerse a dicha protección.

Como candidato a un doctorado en medicina en el muy competitivo programa de Loyola Stritch, Montelongo dice que sin el DACA, su única opción para legalizar su estatus sería solicitando una visa por medio de su hermano menor, quien nació en EU. Pero esto tomaría por lo menos 20 años al ritmo actual. Para entonces, Montelongo tendría 50 años y podría ser sujeto de deportación.

"Hay muchas cosas que puedo hacer en ese tiempo", dice Montelongo, cuya investigación en bio-informática tiene el propósito de desarrollar herramientas para una medicina más personalizada mediante la secuenciación y transcripción genómica.

"Sería una gran pérdida para mi si tuviera que esperar 20 años para poder desempeñarme con todo mi potencial", dice Montelongo.

Tanto Manrique como Montelongo dicen que les atrajo la medicina porque con su situación de indocumentados sus familias no cuentan con seguros médicos. No podrían, entonces, tener recursos suficientes para que los doctores los atendieran sino hasta que sus enfermedades avanzaran a un nivel de no poderla ignorar.

LAS CAMPAÑAS DE DEPORTACIÓN

Al crecer en Calhoun, Georgia, a Manrique le daban miedo las llamadas telefónicas repentinas que pudieran representar problemas para sus padres indocumentados.

La temida llamada finalmente llegó en 2011, cuando agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) arrestaron a su padre en su hogar luego de haber revisado los registros de empleo en la fábrica de alfombras donde trabajaba. Un abogado pudo impedir su deportación.

Con las directrices de Trump sobre inmigración, dice Manrique: "Me preocupo por mis padres todo el tiempo. Es aterrador".

Dos días después de la orden ejecutiva con la que Trump prohibió la entrada de inmigrantes de siete países de Medio Oriente y detuvo la llegada de refugiados (una medida que actualmente está suspendida por mandato judicial), el presidente estadounidense emitió otra directriz que ha causado alarma entre los inmigrantes indocumentados.

La orden del 25 de enero expande enormemente la definición de a quién se le considera un criminal y, por lo tanto, es sujeto de deportación. La orden prioriza la expulsión de los inmigrantes indocumentados que hayan "cometido actos que constituyen un delito que deba ser perseguido", sin tomar en cuenta si se les ha acusado o juzgado por dicho crimen.

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Aunque Trump no ponga fin al DACA, cientos de beneficiarios del programa podrían ser sujetos de deportación bajo esa definición extendida, dice el abogado León Fresco, quien encabezó la Oficina de Inmigración del Departamento de Justicia de EU en la administración Obama. El mayor riesgo lo tienen los dreamers que ya cuentan con una orden de expulsión del país. Cualquier conflicto con la ley, aunque sea menor, pondría en riesgo su indulto actual para ser deportados de EU.

"Hay una total convicción de que algunos de ellos perderán su estatus en el DACA y serán deportados", dice León. "Esto podría darse en cualquier momento".

Las universidades, gobiernos municipales y centros de trabajo en todo el país están creando fondos para la defensa legal, así como líneas de emergencia para proteger a personas indocumentadas de la deportación. Loyola Stritch trajo a un abogado experto en inmigración para hablar con los estudiantes sobre sus derechos.

En tanto, la Asociación Médica de EU y Loyola Stritch cabildean una iniciativa entre miembros de los dos partidos políticos del país que pudiera ofrecer un estatus legal temporal a los beneficiarios del DACA si Trump elimina el programa.

"DACA es, inherentemente, una solución de corto plazo", doce Montelongo. "Y ahora es obvio que no habrá una de largo plazo. Quedarnos en este limbo es lo mejor que podemos esperar".

Este artículo se publicó originalmente en Refugees Deeply y se tradujo de su versión original en The Huffington Post.

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