MÉXICO

Las indígenas pobres de Querétaro que le ganaron una al Estado mexicano

'Hoy, nos chingamos al Estado', dijo la hija de una de las tres hñähñú ante la disculpa tardía y el reconocimiento público de inocencia de las tres mujeres por parte del Gobierno tras pasar años en la cárcel.

22/02/2017 5:00 AM CST | Actualizado 22/02/2017 10:19 AM CST
Paola Morales.

Para la hija de una de las tres mujeres indígenas a las que el Estado mexicano tuvo que pedir perdón por haberlas encarcelado injustamente, la justicia y la reparación del daño llegaron tarde pero valió la pena: "Hoy queda demostrado que ser pobre, mujer e indígena no es motivo de vergüenza", dijo Estela Hernández, mujer hñähñú del estado de Querétaro, cuya madre Jacinta Francisco Marcial, junto con Alberta Alcántara Juan y Teresa González Cornelio, pasó tres años en prisión por un delito que nunca existió.

Una tribuna en la que se exige justicia

En el acto en el Museo de Antropología de Ciudad de México, el procurador general Raúl Cervantes, ofreció una disculpa pública a las tres mujeres y reconoció su inocencia.

Sin embargo, la parte agraviada no está conforme todavía.

"No estamos contentos ni felices por este acto de disculpa", ahondó Estela. "Pedimos el cese a la represión de los pueblos indígenas, a la persecución de luchadores sociales y la liberación de los presos políticos". Convertida a toda ley y causa en defensora de los derechos de las mujeres indígenas, deja en claro que para su gente, lo más importante es el respeto, por lo que exige más que justicia: "(La) vergüenza es hoy de quien supuestamente debería garantizar nuestros derechos como etnia, como indígenas, como humanos. Actualmente conocemos autoridades ignorantes, corruptos y vendidos, no les damos las gracias, les exigimos que si no saben hacer su trabajo, renuncien".

Desde la entrada al Museo de Antropología, donde se llevará a cabo el acto, hay inconsistencias. Impera el desorden, el charolazo, la ley de los elementos de seguridad y —en las calles aledañas— la de los choferes y los guaruras.

Quince filas de asientos ocupadas, no hay espacio para nadie más. Al frente, solo la prensa gráfica.

Paola Morales

Música en inglés fondea los preparativos para el acto en que el gobierno de México pide perdón público a las tres indígenas hñähñú, a quienes también reconoce culpó injustamente y las tuvo presas durante 3 años.

Se imponen las corbatas de marcas de lujo de funcionarios e invitados sobre los sencillos huaraches; los besos y los abrazos de la clase política sobre el decoro de los indígenas invitados. En ese caos contenido, una escolta de niños indígenas ensaya.

Delante de ellos, entra el senador del PRI Manlio Fabio Beltrones, saluda, abraza, se acomoda el saco. Él y el entonces gobernador de Querétaro José Calzada, dieron impulso en 2009 a la demanda de deshacer los entuertos que el 3 de agosto de 2006 crearon agentes de la extinta Agencia Federal de Investigaciones (AFI), a cargo en ese momento, de Genaro Luna. Eran los últimos meses de la presidencia del panista Vicente Fox. Por esos días, Andrés Manuel López Obrador y sus simpatizantes ocupaban varias cuadras del Paseo de la Reforma para pedir justicia electoral.

El grito de "Viva Jacinta, Alberta y Teresa" atraviesa el auditorio del "recinto histórico para hacer historia", como inicia la alocución del periodista Ricardo Rocha, quien señala que fueron ellas quienes lo invitaron a conducir el acto.

Paola Morales

Entonces alrededor de 25 niños hñähñú, de entre 7 y 12 años, cantan tan alto como pueden el Himno Nacional en su lengua materna, justo el día que se celebra ésta. Una vez que concluyen, nadie sabe si aplaudir o no, hasta que un choque de palmas en solitario anima a los demás.

Rocha dice que prefiere no hablar, en cambio, transmite un video de aproximadamente 10 minutos en el que hace un resumen del caso. En una de las tomas, se ve el rostro de Alberta: ¿Y esto qué representa para usted? —cuestiona el periodista—.

"Una injusticia", espeta la mujer, y la audiencia en Antropología irrumpe con aplausos la proyección, la cual recuerda que fueron liberadas no por ser inocentes, sino por falta de pruebas en las acusaciones que las señalaban por secuestrar a seis elementos de la AFI.

Es turno de Mario Patrón, director del Centro Prodh. Recuerda que en 11 años de lucha, Jacinta no pudo disfrutar de Luis, su hijo, quien murió 5 meses después de que ella saliera de la cárcel. O el caso de Jazmín, la hija de Teresa que nació en el reclusorio.

Han pasado 7 años desde que fueron liberadas y es hasta este 21 de febrero de 2017 que podemos "atestiguar un acto de esperanza", de ver "su lucha como ejemplo para México, un país con tortura generalizada", atraviesa la voz de Patrón sobre los oídos de la audiencia.

"Sólo ustedes sabrán, en sus corazones, qué tanto las agravian las disculpas que hoy reciban", remata.

La primera que diserta es Teresa González: "Para mí esta disculpa pública es una gran victoria". Sin embargo, le exige al procurador que no vuelva a suceder, que no haya más mujeres inocentes en la cárcel.

Teresa recuerda el día de la detención:

A Alberta Álcantara se le encoje el corazón a las 13:20 horas de este día inédito. Es ella la que sigue al habla.

"Queremos que sus colaboradores (le dice al procurador) trabajen bien y con la disculpa pública nos devuelva el tiempo, la vida", en la última palabra aún está el rastro de su sollozo.

Es tiempo de la disculpa esperada por años. El procurador Raúl Cervantes habla, con el tono y el ímpetu común en los discursos de los funcionarios públicos, de la "justicia que por derecho les corresponde" a Jacinta, Alberta y Teresa, quienes —dice— dieron un mensaje de democracia.

Y llega ese momento:

"Ustedes tuvieron razón, la Procuraduría hizo mal su trabajo, por lo que resulta ineludible reparar el daño moral causado por hechos indebidamente imputados por la autoridad".

Y llega la disculpa:

La disculpa como medio de reparación del daño

Para Estela, hija de Jacinta, la disculpa pública y la aclaración de inocencia de su madre jamás serán suficiente, no basta —reclama— "la reparación de daños para superar el dolor, la tristeza"

"El caso 48-2006 es un ejemplo, de tantos, de las mucha arbitrariedades ilegales que cometen las autoridades que tienen título, con reconocimiento oficial".

Recuerda —primero en hñähñú; luego en español— que, durante estos años, no encontraron a alguien preso que tuviera dinero, "en la cárcel no están los delincuentes, están quienes no tienen dinero, los pobres de conocimientos, los delincuentes de cuello blanco no pisan la cárcel".

Entre el grito de "Estado de derecho ya", Estela también recuerda a los compañeros caídos, a los maestros caídos y a los 43 de Ayotzinapa. "Hoy, nos chingamos al Estado", dice lacónica mientras una ola de gritos y aplausos se va levantando.

Es en esta parte de su discurso que se crispan los ánimos y el recuento de los muertos y encarcelados sin justicia son reclamados desde la butacas.

"Los que todavía tenemos derechos humanos, no estamos contentos con esta disculpa pública.... Este caso no cambió la forma de ver la vida y seguiremos luchando hasta que la dignidad se haga costumbre".

EL INFIERNO DE JACINTA

Paola Morales

Jacinta Francisco fue la primera de las tres en ser liberada y se recuerda "nomás" llorando en algo que ella creía era el infierno. Al igual que su hija, primero emite su discurso en hñähñú; luego, en español.

"Siempre se habla del infierno y, yo creo, que el infierno es donde debo estar", recuerda que entonces pensaba.

También rememora cuando la gente de la cárcel, a la que se le llama "población", le decía "si tú dices la verdad, la luz el día va a salir, y ahorita lo estamos viendo y no por eso estoy contenta, lo estaré cuando se nos respete como indígenas".

A Jacinta se le colman los ojos de lágrimas cuando recuerda el día en que su nieto no quería irse y dejarla en la cárcel en un día de visita. También recuerda a "los malos" que la ayudaron en la cárcel.

"Mi familia fue con los diputados, con la Comisión de Derechos Humanos, con el gobernador y nadie nos podía ayudar y a esos que a veces dicen que son los malos en la cárcel, para mí son los mejores amigos, porque ellos fueron quienes me ayudaron a entender qué estaba pasando, a traducirme, a explicarme".

Enseguida el Procurador vuelve al estrado, ahora ofrece una disculpa pública sólo a Jacinta por hechos que no se acreditaron. Lo hace con la misma frialdad que lo hizo la primera vez.

Termina, así, el acto oficial.

Pero en las butacas se quedan flotando las quejas, los reclamos y la insatisfacción por una disculpa tardía que no soluciona el pasado.

Paola Morales

Después una mesa vacía.

Paola Morales

Aquí puedes ver el video íntegro del acto en el Museo de Antropología:

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