INTERNACIONAL

EU hizo lo impensable: Trump será el próximo ocupante de la Casa Blanca

Fallaron las instituciones, los partidos y los medios y ahora EU se sumirá en un abismo al que arrastra no sólo a sus ciudadanos, sino al mundo

09/11/2016 6:00 AM CST | Actualizado 09/11/2016 6:00 AM CST
Carlo Allegri / Reuters

No hay adjetivos para describir lo que sucedió la noche del martes, o al menos alguno que parezca apropiado para un resultado electoral tan insospechado como lo que sucedió.

Los votantes estadounidenses se enfrentaron a una decisión: Hillary Clinton, una candidata con un enorme registro de gobierno y un desempeño histórico, pero que inspira desconfianza y desagrado, sobre todo por el manejo de sus correos electrónicos; y Donald Trump, quien desafió todas las normas políticas, quien ha sido abiertamente misógino y que desprecia a los grupos minoritarios, y quien apeló a lo peor de nuestros instintos sociales y habló con entusiasmo de una guerra nuclear.

EU decidió saltar al abismo. En negación de lo desconocido, eligió a Trump. A pesar de que no sea claro si es que ganó el voto popular, la madrugada del miércoles avanzaba con comodidad a una victoria en el Colegio Electoral.

Trump ha prometido que retirará la cobertura de salud a 20 millones de personas sin un nuevo plan para reemplazarla. Ha exigido que se realice el mayor recorte fiscal en la historia. Ha descrito el cambio climático como un engaño y no ha manifestado una política clara para abordarlo. Ha hablado de impedir la entrada de grupos religiosos completos al país, así como expulsar por la fuerza a otros grupos étnicos. No se trata de un republicano convencional. Es un nativista quien trae consigo una larga historia de antisemitismo y racismo que ensució su campaña presidencial de 16 meses. Como mínimo, tendrá el poder para nominar jueces para la Suprema Corte, donde hay una vacante y varias otras podrían abrirse pronto.

Lo que él consiga realizar con sus ambiciones será la mayor prueba del experimento democrático de EU desde que se aprobó la ley de derechos civiles y, quizá, la Guerra Civil. El país terminó la campaña presidencial con la más amarga división que en cualquier otro momento de la historia moderna. Parece imposible imaginar que Trump pueda reunirnos a todos de nuevo.

Y, francamente, él no parece el tipo de gente que quiera eso. Más bien se ha referido, por ejemplo, a saltarse al Congreso para implementar una política de inmigración que prohíba la entrada a aquellos que vienen de países donde los terroristas han atacado.

Los demócratas no son los púnicos a quienes los paralizan las posibilidades. Los mercados también. Las acciones a futuro se desplomaron la noche del miércoles en tanto sus posibilidades de ganar se ampliaban. Los analistas están seguros de que esta inestabilidad continuará en el futuro inmediato.

Inclusive algunos republicanos habían negado la posibilidad de aceptar una presidencia de Trump, sobre todo desde el ala de seguridad nacional del partido. Trump ha hablado sobre terminar la alianza con la OTAN, un basamento de las relaciones internacionales en el hemisferio occidental desde la Guerra Fría. Él ha dicho que no sólo regresará la práctica de interrogatorios conocida como waterboarding, sino que irá más allá en sus campañas contra el terrorismo.

La forma en que Trump pudo ganar la presidencia será algo muy debatido, especialmente si las consecuencias son las que temíamos. Los errores de Clinton como candidata la vuelven una primera sospechosa. Sus errores son abundantes, pero ninguno es tan grande, pareciera, como su falla en enfocarse más en los votantes blancos de clase trabajadora, quienes la abandonaron en masa, atraídos, al parecer, por la retórica de Trump de restaurar una especie de contrato social de los 50s cuando EU eran "grandes".

Parte de la culpa se adjudicará, sin duda, al director del FBI James Comey, por anunciar que reabriría una investigación de los emails de Clinton a unos días del fin de las campañas; una investigación que finalmente no generó nada nuevo pero que detuvo su inercia ascendente.

Entre ellos quienes también serán marcados por el escarnio son las instituciones que, por generaciones, han sido la base del sistema político. El poder de los partidos políticos quedó muy disminuido en estas campañas. Trump ganó la nominación del Partido Republicano a pesar del golpeteo de casi todas las elites partidistas.

En tanto, el Partido Demócrata, fracasó en su esfuerzo para convertir los avances en políticas públcias durante los ocho años de Barack Obama en una durable alianza electoral. Esos avances ahora parecen increíblemente frágiles.

Y luego están los medios, cuyas fallas son tan grandes como las de los demás. Empujamos a Trump mientras servía a nuestras necesidades de negocio y fallamos al entender de forma adecuada cuál era su atractivo. Para cuando los medios noticiosos comenzaron a destacar su larga historia de mentiras y los peores elementos de su campaña, la confianza del público en la forma de reportar se derrumbó. A muchos ciudadanos ya ni les preocupaba lo que leían o escuchaban de nosotros.

A dónde va todo esto, nadie sabe. Ofrecer respuestas a la luz de los resultados del martes sería dar palos de ciego. EU ha cambiado. El mundo cambió. Qué tan abajo nos lleva este abismo, es algo que tendremos que descubrir.

Traducido del inglés por Andrés González. El original está aquí.