INTERNACIONAL

Trump: el mesías sufriente de la ultraderecha

El discurso del jueves del candidato republicano fue el más aterrador de la historia.

15/10/2016 9:16 AM CDT | Actualizado 17/10/2016 4:05 PM CDT
ASSOCIATED PRESS

WASHINGTON - Como todos los líderes que juran que representan a su nación, Donald Trump quiere que sepan que está sufriendo que está feliz de sufrir por el bien común. Sangrará por salvarlos, a ellos, a ti, a nosotros, de la corrupción y la condena.

Haciendo eco de los gritos histriónicos de los autócratas impulsados por el ego a través del tiempo, desde Julio César hasta los fascistas europeos del siglo XX, Trump declaró el jueves durante un discurso en West Palm Beah, Florida, que una conspiración criminal buscaba destruirlo.

Al decir que todas y cada una de las acusaciones en contra de él sobre su mala conducta en cuestiones sexuales son una mentira, Trump se describió a sí mismo como una víctima ensangrentada, pero erguida, víctima de fuerzas malévolas proponentes de la "globalzación radical que odian a Estados Unidos y a su cultura.

Una alianza profana de "bancos internacionales", los medios de Nueva York (especialmente The New York Times) y una "máquina loca de dinero y poder llamada Clinton" habían conspirado para desencadenar una avalancha de historias sobre él y así desviar la atención, dijo Trump.

"Sabían que me tirarían cualquier posible mentira", dijo. "Sabían que nada los detendría".

"Yo nunca supe que sería tan vil, que sería tan malo, tan brutal", agregó.

Pero él, Donald Trump, estaba listo para sacrificarse por el bien del país, por toda la gente trabajadora, por todos los afroamericanos e hispanos. Él estaba listo para salvar la economía de Estados Unidos de los extranjeros, para prevenir el desvanecimiento de la cultura estadounidense, de hacer grande a Estados Unidos otra vez.

"Con gusto tomo todas las adversidades y flechas contra mí", dijo, por el bien de "nuestra gran civilización".

Efectivamente, Trump dijo que si no gana en noviembre, Estados Unidos como lo conocen, dejará de existir.

A pesar de los riesgos apocalípticos, sabemos que Trump podía haber permanecido lejos de esto.

"No tenía que haberlo hecho, amigos", dijo al final del discurso que leía a través de un teleprompter. "Podría haber gozado de los frutos y beneficios de años de un negocio y acuerdos exitosos... "Lo hago porque este país me ha dado mucho y siento que es mi turno de dar de regreso al país que tanto quiero".

Amigos y consejeros le habían advertido a Trump que esta campaña sería "un viaje al infierno", dijo. Pero por el contrario, lo vio como un "viaje al cielo", una oportunidad para él para abandonar su "antigua vida" como un "infiltrado" y poner en evidencia los males del club al cual perteneció.

El movimiento que él empezó, dijo, era algo "que nunca se ha visto en la historia de este país", un movimiento dedicado a defender, a cualquier costo, su "soberanía" e identidad nacional de ataques insidiosos encabezados por los Clinton.

Trump está equivocado, por supuesto. En Estados Unidos, la antipatía popular en contra del comercio global es tan antigua con el mismo país, y personajes con tridente en mano han arremetido en contra del establecimiento político desde el rey Jorge III.

Pero por otro lado, Trump está en lo correcto. Su lenguaje histérico en West Palm Beach sonó como algo nuevo y extranjero.

Sus conspiraciones sobre los bancos internacionales, globalistas radicales y los medios en Nueva York, todos tenían las características de una manifestación neonazi en Alemania. Y su conversación de autocompasión de su "viaje al infierno", el alarde de su disposición a sufrir, sonaron como una versión muy poco estadounidense de la teología mesiánica.

Este artículo originalmente se publicó en The Huffington Post.

Trump: The Suffering Messiah Of The Alt-Right