INTERNACIONAL

La última jugada de Donald Trump

El candidato del partido Republicano llega al debate del domingo herido y cojeando. En Pensilvania, un área tradicionalmente conservadora, algunos de los republicanos están preocupados.

08/10/2016 8:10 PM CDT | Actualizado 08/10/2016 9:09 PM CDT
Mike Segar / Reuters

GETTYSBURGH, Pa. Esta es la tierra de lo que deberían de ser los Estados Unidos de Donald Trump.

Se trata de una ciudad en donde el norte antiesclavista y liderado por los republicanos ganó la Guerra Civil; donde Abraham Lincoln homenajeó a los muertos y donde Dwight Eisenhower vivió. A los fieles republicanos de largo cuño, quienes dominan la política local, les cuesta trabajo seguir a Trump.


Y no es algo fácil. Además, la aparición de una nueva grabación en la que el candidato republicano se jacta de sus travesuras sexuales a pesar de ser casado, no permite que las cosas sean más fáciles.

Al tiempo que una nueva ola de republicanos en todo el país abandona a Trump, o rechazan aparecer con él en eventos, aquí, líderes locales en el condado de Adams quedaron atrapados en el remolino.

"Bueno, mi primera reacción es pensar que sólo se trata de un macho alfa presumiendo con otro macho alfa", dijo Elizabeth Hower, la líder republicana del condado y la ciudad histórica de Gettysburg. " Es lo que los tipos dicen todo el tiempo cuando están a solas, ¿o no?"

Pero Hower, una combativa setentañera, maestra de escuela, y una dedicada conservadora, rechazó la decisión de Trump de atacar a sus críticos el viernes y arremeter contra el expresidente Bill Clinton y su historia de infidelidades, así como las respuestas de Hillary Clinton durante todo ese tiempo.

"Eso no es inteligente", dijo Hower. "No quiero que él haga eso y espero que ya no siga. Bill Clinton no es su contendiente, perdón, y la actitud de Hillary frente a lo que hizo o dejó de hacer no tienen nada que ver. Mientras Hower y yo almorzamos en el Blue Parrot Bistro, ella agrega "ojalá que el señor Trump se concentre en dar respuestas certeras y directas y en fijar su posición. No debe dejarse distraer por las emociones y los ataques".

Asímismo, se lamentó por los insultos que Trump dirigió a la ex Miss Universo Alicia Machado antes del último escándalo mediático. " Eso fue terrible. Tengo 70 años, igual que el señor Trump. La gente puede cambiar a esa edad. Sé que yo puedo. Y él también puede".

Sin embargo, a Trump se le está acabando el tiempo, inclusive para el aguante de una ciudad como ésta.

Tengo 70 años, igual que el señor Trump. La gente puede cambiar a esa edad. Sé que yo puedo. Y él también puede". Elizabeth Hower, presidente del partido Republicano del condado de Adam


Por más de 150 años, la tradición republicana de este lugar desde Lincoln a "Ike", ha sido de tolerancia, apertura y moralista de una manera discreta. Nada que ver con la enardecida xenofobia de Trump, así como sus provocaciones raciales, religiosas y étnicas, y sus actitudes sexuales,

A un mes de la elección presidencial, y con jornadas de voto adelantado en algunos estados, es difícil determinar si simpatizantes de Trump como Hower realmente creen que vaya a ser el próximo presidente, o si lo ven como un símbolo de que se está gestando un movimiento separatista,

A partir de su desastrosa presentación en primer debate, su siguiente andanada de tuits autodestructivos y sus discursos apegados a sí mismo, el candidato republicano se ha rezagado en las encuestas y en las proyecciones para los Colegios Electorales.

Inclusive antes de las últimas revelaciones sobre su trato a las mujeres, los cálculos de big-data del Huffington Post indicaban que la demócrata Hillary Clinton tiene 80% de probabilidades de ganar.

Hower dice que Trump ha tocado algunos temas legítimos. Por ejemplo, acuerdos comerciales, inmigración, ataques terroristas, en suelo estadounidense, la añeja y fallida intromisión militar de EU en el Medio Oriente, y la noción fundamental de que Washington debe cambiar.

Pero a menudo parece que su propósito verdadero es azuzar el temor y la alienación de sus simpatizantes, la mayoría de los cuales son blancos, rurales y mayores de edad, jugando con las preocupaciones raciales, étnicas y religiosas a nivel local y proponiendo, en esencia, que EU deje de hacer diplomacia en el exterior.

Durante un mitin en un motel de Gettysburg el jueves pasado, el gobernador de Indiana, Mike Pence, compañero de fórmula de Trump, contó con orgullo a la multitud de su visita a los campos de batalla en las colinas de los alrededores. Les recordó que soldados de su estado natal habían peleado y muerto para poner fin a la esclavitud, preservar a los Estados Unidos, y salvar la "libertad".

Pero luego se arrancó en alabanzas hacia Trump, cuya lista de resentimientos cuasi violentos, contra los musulmanes, los mexicanos, las mujeres que son máquinas de comer, es casi interminable.

La multitud casi blanca en sus totalidad ovacionó cuando Pence prometió que él y Trump conseguirán que "EU vuelva a ser grande". Pero lo que pareció eso en el salón fue un clamor de "déjenos solos".

No hubo historias de la grandiosa vida y logros de Trump. Más bien, él ha hecho todo lo posible para ocultar la verdadera historia (en cifras) de su único éxito: su carrera como empresario. Hubo pocos, si acaso, detalles de las grandiosas propuestas para construir esa "gran América". El resentimiento era profundo, pero la estrategia de juego, vacía.

A fin de cuentas, juzgando su historia, el condado de Adams seguramente votará por Trump.

Pero a menos que Trump pueda mostrar un lado más profundo y serio en el segundo debate presidencial del domingo, es difícil que Pensilvania, o el país en general, hagan lo mismo.

Este artículo originalmente se publicó en The Huffington Post.