INTERNACIONAL

Mujeres recuperan sus vidas tras dos brutales años bajo las reglas de EI: 'Ya somos libres'

Se alegran de que finalmente pueden usar colores brillantes, decir lo que piensan y reír en público.

07/10/2016 9:14 AM CDT | Actualizado 07/10/2016 10:25 AM CDT
AZAD LASHKARI/REUTERS
Dos niñas desplazadas de la ciudad de Al-Qayar viajan en un vehículo perteneciente a las fuerzas de seguridad de Irak, mientras las trasladan a Tikrit. Foto tomada el 29 de agosto de 2016.

AL-QAYAR, IRAK. – Por más de dos años, hombres fuertemente armados del llamado Estado Islámico (EI), decidieron casi cada aspecto en la vida de las mujeres de esta ciudad del norte de Irak.

Las mujeres eran forzadas a ocultarse del mundo: sus cuerpos, escondidos bajo ondulantes tejidos negros. Sus manos, enfundadas en guantes. Sus ojos, mirando hacia abajo, o cubiertos por completo bajo velos negros. Sus voces, mudas.

Ni pensar en que las niñas fueran a la escuela. Y ninguna mujer podía salir de casa sin un hombre que la escoltara.

Todo eso cambió hace un mes, cuando fuerzas iraquíes expulsaron a los combatientes extremistas de Al-Qayar.

"No éramos libres", recuerda Umm Tarek, una madre de diez de mediana edad, mientras se detenía a las afueras de un bullicioso y pequeño centro médico: "No queríamos al EI, pero ¿qué podíamos hacer?"

Sophia Jones / The Worldpost

Los extremistas siguen cerca, en el pueblo de al lado. Pero los hombres y, de forma quizá más dramática, las mujeres están recuperando sus vidas.

Al menos algunas de estas mujeres parecen poder hablar libre y francamente sobre sus vidas bajo el EI. Cuando conversan con reporteros en el centro médico, un grupo de mujeres ofreció a todo pulmón una serie de testimonios condenatorios para luego reír por el alboroto que provocó. Ya no había vuelta atrás.

"El EI nos llevó a los viejos tiempos", dijo Hind, una enfermera de 22 años que usaba una mascada rosa brillante. "Ahora, vas a toparte con una generación sin educación".

Su energía inundaba una pequeña habitación atestada de jóvenes enfermeras, pacientes y un funcionario del gobierno iraquí, que no cesaba de pedir al WorldPost que saliera, argumentando después razones de seguridad.

Algunas escuelas de por acá, que antes habían sido reemplazadas por los llamados cursos educativos del Islam, plenos de propaganda violenta para el EI, serán reabiertas pronto. Al menos las que no se destruyeron por los bombardeos aéreos. Eso no podrá suceder rápido.

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Pero las escuelas necesitan libros, salarios para los profesores y respaldo de organizaciones que pueden ayudarles a reconstruir sus programas, dice Hussain Ali Hachim, alcalde de Mosul, el distrito en donde se ubica Al-Qayar.

Es casi seguro que algunos de los más jóvenes que no habían ido a la escuela en más de dos años no sepan leer ni escribir, mucho menos operaciones matemáticas o tener conocimientos de ciencia.

Una tímida niña de seis años irradia luz cuando le pregunto qué es lo que más le gusta de la escuela. "¡Estudiar!", respondió, sin poder contener su alegría a pesar de que en el ambiente nos rodeaba una nube negra de humo. Los pozos que EI encendió en su retirada seguían ardiendo ferozmente meses después.

Pero este humo, un recuerdo perdurable de las ardientes tácticas terrestres de EI, no evita que los niños y niñas puedan caminar por las calles, mano con mano, riendo y tonteando. Por años, los niños no podían salir y otros se entrenaban para ser soldados. Pero ya no más.

Sus madres también celebran la nueva libertad. Vestirse por las mañanas ya no es un acto temerario. Es una oportunidad de expresarse, de poder retomar el control de sus cuerpos.

"Si 'Daesh' podía ver mis ojos, forzaba a mi familia a pagar 100 mil dinares", soltó Hind, utilizando el nombre local del EI. El monto equivale a 86 dólares. Hindi agregó que las milicias le dispararon una vez cuando se les enfrentó como enfermera: "¿Cómo podía trabajar con mis ojos cubiertos? ¡No podíamos ver!".

Dentro del centro de salud, ninguna de las mujeres entrevistadas por el WorldPost utilizaba la vestimenta obligatoria en las áreas controladas por el EI. Al contrario, llevaban bufandas con diseños de leopardo, vestidos deslumbrantes y los doctores batas blancas para atender a quienes lo necesitaban.

Bajo el EI, las mujeres a menudo eran forzadas a dar a luz en sus casas; de acuerdo a residentes locales, debido a la falta de enfermeras aprobadas para atenderlas. A los doctores no se les permitía tratar a las mujeres, sin importar qué tan grave era su condición.

En campos para desplazados internos sucede lo mismo. Las mujeres que escaparon de lugares como Al-Qayar y pueblos vecinos se alegran por poder utilizar colores de nuevo. Rojo, anaranjado, amarillo, verde... Todos habían sido prohibidos por el EI por ser muy provocativos.

"Si vieran estos colores, te matarían", dice Marwa, quien lleva brazaletes de magenta y azul en sus muñecas. Ella iría ya en primero de preparatoria si el EI no la hubiera obligado a dejar la escuela.

Los días en que utilizar la vestimenta errónea implicaba una elevada multa, imposible de pagar por las familias sin dinero, o lo que es peor, pena de cárcel, quedaron atrás. Cárcel y azotes eran muy comunes en territorios bajo el yugo del EI por faltas tan menores como fumar cigarrillos, mirar televisión, jugar futbol o, en caso de los hombres, salir con la cara rasurada.

Sophia Jones / The Worldpost

Para delitos que el EI consideraba escandalosos, ejecuciones espeluznantes eran filmadas y editadas para los videos de propaganda.

Los combatientes extremistas convirtieron una casa de Al-Qayar en prisión, con su segundo piso habilitado como un espacio de pesadilla lleno de celdas apretadas, sucias y sin ventanas. En una de las puertas de la celda había una lista con nombres, los pobres desgraciados que habían sido encerrados ahí.

Otra mujer, Amal, sacudía su cabeza con furia al recordar la versión retorcida y violenta del islam que enerva al EI para imponer un estilo de vida estricto, con costumbres más bien fuereñas, a este pueblo de residentes mayoritariamente musulmanes sunitas.

"No está bien", dijo. "Eso no es el islam".

Si bien las mujeres locales dicen que la vida bajo el EI fue un infierno, fueron las mujeres y niñas yazidi quienes sufrieron lo inimaginable. Los combatientes sometieron a miembros de esta minoría religiosa, a quienes consideran herejes, como esclavas sexuales en Al-Qayar, de la misma forma que en otras partes de Irak y Siria.

El grupo militante invadió Monte Sinjar en 2014, masacró a miles y tomó prisioneros a miles más para tenerlos como esclavos, niños soldado y escudos humanos.

Hind dice que recuerda haber visto a una yazidi embarazada sangrando de mala manera de entre sus piernas. Ella pudo conseguir atención médica para salvar su vida de manera temporal. Pero Hindi no volvió a verla.

Es muy probable que la mujer fuera una de las yazidi que el EI se llevó en su retirada. De acuerdo con los locales, no quedó ninguna yazidi pues poseían mucho valor para los hombres de EI, quienes podían ganar varios miles de dólares cuando las vendían a otros hombres o cuando las entregaban a sus familiares por jugosos rescates.

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El control sobre Al-Qayar era férreo y los extremistas temían una fuga de los ciudadanos de su "califato". Aun así, residentes arriesgados, desesperados o lo suficientemente ricos pagaron a traficantes entre 200 y 500 dólares para escapar a campos atestados de refugiados en el Kurdistán iraquí.

Más de 3.3 millones de iraquíes han sido desplazados desde que el EI tomó control de largas porciones del país en 2014. Los expertos creen que ese número podría incrementarse, expulsando a 1.5 millones de hombres, mujeres y niños una vez que la batalla por Mosul, respaldada por Estados Unidos, inicie.

Esa operación, masivamente coordinada, complicada y problemática, con la participación complementaria de fuerzas iraquíes, kurdas, peshmergas, milicias chiitas y otros grupos, podría comenzar este mismo mes.

El Programa Mundial de Alimentos distribuyó el equivalente a un mes de ayuda alimentaria a principios de septiembre a más de 30 mil personas en el área de Al-Qayar, quienes, de acuerdo con Sally Haddock, directora nacional del PMA, sufrían de "hambre extrema y tenían un acceso limitado a provisiones". Fue la primera vez que los grupos de auxilio asistieron a civiles desde junio de 2014.

El EI se fortaleció en 2014 debido a las quejas de los sunitas en contra del gobierno chiita del entonces primer ministro Nouri al-Mailiki, acusado de autoritario y brutalmente sectario por parte de sus rivales sunitas.

Sophia Jones / The Worldpost

Sin embargo, al paso de los meses, el apoyo de los sunitas al EI languideció y la brutalidad del grupo sobrepasó la esperanza de que pudiera ofrecer un mejor futuro a los residentes locales.

Las fuerzas de seguridad recientemente detuvieron a 65 ciudadanos de Al-Qayar, incluidos varias mujeres y niños, por sospechas de haber apoyado al EI, informó un funcionario iraquí que pidió el anonimato. Grupos de derechos humanos emitieron la alerta de que las fuerzas iraquíes presuntamente detuvieron y asesinaron a varios residentes sunitas árabes y han prohibido a otros regresar a sus lugares de origen.

La ciudad permanece dañada y saqueada, y para los residentes no es fácil salir a buscar suministros. Algunos pueblos aledaños están completamente abandonados, con sus puertas en par en par de manera inquietante. Trincheras cavadas por el EI y vehículos quemados se ubican en el camino que lleva a Al-Qayar, donde, hasta hace poco, dispositivos explosivos salpicaban los terrenos.

Sin embargo, esta situación lamentable no ha detenido a Umm Tarek en su nuevo sentido de acción.

"Ahora somos libres", dice, sonriendo abiertamente. Y con ello, levanta sus brazos para mostrar su vestido, con sus cuentas coloridas cintilando a la luz de la tarde.

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